“CORPOGRAFÍAS”


Resumen

Conceptualizamos el cuerpo como un territorio donde se entrecruzan el mundo interno y el mundo externo (la fantasía inconsciente y la estructura social). No tenemos un cuerpo natural sino un cuerpo cultural. Desde la Psicología Social, Enrique Pichón Riviére define al hombre como un ser histórico y social, determinado por sus condiciones concretas de existencia. Plantea que en todo esquema conceptual subyace una concepción del hombre y del mundo: una ideología. “Pensar el cuerpo es pensar el mundo”, escribió David Le Breton. Tomemos lo social como lo organizativo: lo que regula las relaciones entre uno y los demás; y como lo distributivo: la forma de repartir la economía, los derechos y deberes de los ciudadanos. Esto incluye al Estado, a las instituciones, las organizaciones, lo atinente a la alimentación, la vivienda, la salud, la educación y el arte. Esta organización y distribución social está sostenida por una ideología y una cultura con diversas prácticas de producción del cuerpo como la crianza, los castigos, la higiene, la alimentación, la sexualidad, la educación. La imagen inconsciente del cuerpo es producto de la interpretación de las huellas inscriptas en él. A su vez nuestro cuerpo produce imagen desde el gesto, la actitud, el movimiento, la palabra, la vestimenta, el maquillaje. Estas imágenes también cambian en las distintas culturas y en cada época, donde es notoria la variación de ropajes y accesorios del cuerpo en función de diversos ideales de belleza. El encuadre del trabajo puede incluir música, imitación, movimiento libre, sensopercepción, plástica y consignas que propongan un recorrido de investigación, una sucesión de la sintaxis que apunta a un movimiento consciente y/o expresivo desde la autopercepción. Este concepto conjuga aspectos de la física (cuerpo-espacio-tiempo), de la biología (organismo), de la psicología (aparato psíquico) y de la cultura (imagen-creencias-valores). Consideramos por lo tanto lo corporal como un campo transversal presente en todo lo humano y exclusivo de la condición del ser humano.


CORPOGRAFÍAS[1]

Desde la Psicología Social, Enrique Pichón Riviére define al hombre como un ser social en situación, determinado por sus condiciones concretas de existencia (geográficas, económicas, históricas, sociales, culturales, etc...). Plantea también que a todo esquema conceptual subyace una concepción del hombre y del mundo: una ideología. Tomemos lo social como lo organizativo: lo que regula las relaciones entre uno y los demás; y como lo distributivo: la forma de repartir la economía, los derechos y deberes de los ciudadanos. Esto incluye al Estado, a las instituciones, las organizaciones, lo atinente a la alimentación, la vivienda, la salud, la educación y el arte. Esta organización y distribución social está sostenida por una ideología, y esta ideología produce cuerpos. “Pensar el cuerpo es otra manera de pensar el mundo y los lazos sociales” (Le Breton, 2007:211). Podemos hablar de distintas organizaciones sociales, y cada organización social, con diversas prácticas de producción del cuerpo como la crianza, los castigos, la higiene, la alimentación, la sexualidad, la educación, construye cuerpos diferentes. A partir de cómo la realidad del mundo externo está internalizada en nuestro mundo interno, desde este correlato interno, conciente e inconciente, construimos nuestro modelo de cuerpo, explicamos las huellas en él y desarrollamos nuestras hipótesis. En otras palabras, construimos una explicación acerca de nosotros mismos y de la realidad que nos rodea. Tenemos una imagen inconciente del cuerpo, producto de la interpretación de las huellas (propias y sociales) en él, y nuestro cuerpo produce imagen desde el gesto, la actitud, el movimiento, la palabra, la vestimenta, el maquillaje, la mirada, la dinámica del movimiento. Estas imágenes también cambian en las distintas culturas y en cada época, donde es notoria la variación de ropajes y accesorios del cuerpo en función de diversos ideales de belleza.


Cuerpo y colonización

“La ideología hegemónica impone un modelo único de cuerpo, y repite el mismo esquema del conquistador que colonizó América: la invasión, la asimilación, la integración forzada, no sólo de los Pueblos Originarios, como sucedió en la conquista, sino de todos los habitantes de este suelo. Todos somos nativos de estas tierras, y si bien no todos somos Pueblos Originarios, todos somos Nativos de América, tenemos nuestras raíces aquí; y también somos nativos de la Tierra, del mundo” (Trosman, 2003:19). Es fundamental entonces tener en claro que nosotros no somos los conquistadores, y actuar en consecuencia, tomando responsabilidades históricas en cuanto a nuestra permanencia y la de nuestros hijos y nietos en estas tierras. Juntos, los pueblos originarios, nativos y habitantes de este suelo por elección, sufrimos la invasión de una cultura que pretende ser hegemónica y que utiliza tres ejes para “formar opinión” y favorecer el sometimiento:


1.- Naturaliza lo social, omitiendo las diferencias que existen en distintos modelos de organización social, intentando cerrar el horizonte a otras posibilidades y, sobre todo, a la utopía y a la singularidad. “Es natural que haya ricos y pobres”; “es natural que haya guerras”.

2.- Atemporaliza lo histórico, negando y manipulando la historia. “Siempre fue asi: siempre hubo ricos y hambrientos; siempre hubo guerras.”

3.- Universaliza lo particular. “En todas partes pasa igual: hay marginados y hambrientos en todo el mundo”; “en todas partes hay ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres.”

Naturalizar lo social es también naturalizar el cuerpo. En la naturaleza no hay elección. Las leyes naturales están determinadas y son invariables. Los animales carnívoros comen carne y sólo carne, los herbívoros hierbas y sólo hierbas. Hay una época de apareamiento determinada y con el sexo opuesto de la misma especie. Nada más alejado de las elecciones referentes a la alimentación y a la sexualidad de los humanos.


Esta ideología construye nuestros cuerpos.


Habida cuenta de que los “medios de producción del sujeto”, son principalmente los medios de comunicación, y que generan modelos de cuerpo aptos para mantenernos como consumidores de las ofertas del mercado, se ha pasado de la lucha por poseer los medios de producción de los bienes de consumo, a la lucha por poseer los medios de producción del sujeto. A través de los medios de comunicación se intenta una colonización cultural y social para imponer un modelo de sujeto, de cuerpo. Esta ideología, esta concepción hegemónica del hombre y del mundo, se instala y va creando un modelo de cuerpo que es el cuerpo a merced del mercado, del marketing. Hay un consumo del cuerpo que termina consumiendo al cuerpo: es el cuerpo consumido. Consumimos los sistemas de salud, las medicinas prepagas, los productos de la industria farmacéutica, ciertos tipos de alimentos y bebidas, diferentes ofertas de gimnasias y tratamientos para la estética corporal. En la fractura que implica lo que llamamos enfermedad o el envejecimiento del cuerpo se asienta el concepto capitalista de posesión, de patrimonio: “tenemos” un cuerpo que entonces es un bien de consumo, que puede permanecer “sano” (como un ideal inexistente e inalcanzable) y eterna y permanentemente joven y potente. Invertimos entonces tiempo y dinero consumiendo gimnasias de última generación, cosméticos “científicamente comprobados” para combatir las arrugas, comidas bajas calorías, cirugías estéticas y “cirugías cosméticas” (Davis, 2007:37), e inclusive trasplantes de órganos. El cuerpo entonces es algo que depende del dinero: pagando es posible esculpir la cara con los rasgos de los actores o actrices famosos, agregarse más volumen en algún sector o quitarse en otro, hacerse “lifting” o aplicarse “botox”, o fabricarse un clon (esto último es ilegal, lo advierto) para ir trasplantándose sus órganos sin tener problemas de compatibilidad a medida que avanza el envejecimiento. Es la cultura de la imagen. Ya no es importante ser fuerte para realizar un determinado trabajo y ser respetado en la comunidad, ahora el cuerpo se modela en los gimnasios. “Haber recibido la gracia de los dioses” significa tener una imagen agradable acorde con los paradigmas del lugar y de la época, que pretenden ser universales, y que nos garantice el éxito social y económico. Y si no se ha recibido esa gracia, pues se fabrica, como sugiere el “body building”, (construcción o edificación del cuerpo) que es como llaman los norteamericanos al físico culturismo. Consumimos un tipo de cuerpo, un tipo de belleza, un modelo ajeno a nuestra historia y nuestra geografía; queremos ser otros, otros cuerpos que se ajusten al “modelo universal”. De este modo se coloniza nuestro cuerpo singular y la singularidad que somos.


El cuerpo es cultural

El cuerpo es una construcción simbólica de ningún modo unívoca y las conductas sociales no pueden explicarse desde la biología. Ciertas ideologías continúan buscando los genes de la inferioridad social o de la delincuencia o de la drogadicción, intentando presentar el orden social como una consecuencia natural determinada por cuestiones orgánicas y genéticas. Argumento que Adolf Hitler utilizó para demostrar que pertenecían, él y sus secuaces, a una raza superior, y que “los inferiores” por ellos designados, podían ser exterminados sin remordimientos ya que no alcanzaban el status de humanos. Este mismo modelo genético se ha repetido en Estados Unidos de Norteamérica con los negros y en todas las culturas machistas con las mujeres. “La anatomía es su destino. El cuerpo deja de estar moldeado por la historia personal del actor en una determinada sociedad: por el contrario, para el racista, las condiciones de existencia del hombre son los productos inalterables de su cuerpo (Le Breton, 2007:76).


Esta concepción xenófoba del cuerpo, que pretende justificar las diferencias sociales desde determinaciones orgánicas, se manifiesta también en relación a los discapacitados: “…se habla de ‘discapacitado’, como si en su esencia de hombre estuviera el ser un ‘discapacitado’ más que el ‘tener’ una discapacidad” (Le Breton, 2002:77). Es así que en los diarios vemos noticias como: “un sordo salvó a un niño de ser arrollado”, o “un ciego devolvió una billetera repleta de dinero”. Su condición humana se ve subsumida a su discapacidad. “La alteración se transforma socialmente en estigma, la diferencia engendra el diferendo. El espejo del otro ya no sirve para iluminar el propio. A la inversa, su apariencia intolerable cuestiona por un momento la identidad propia al recordar la fragilidad de la condición humana, la precariedad inherente a toda vida (p. 79). Los malabarismos del lenguaje para nombrar la condición de discapacidad y a los sujetos que la poseen, ya son un indicador de lo difícil de abordar que es esta diferencia. En los grupos de amigos, especialmente los que inician a partir de la adolescencia, quien usa muletas es “el Rengo”, quien tiene dificultades auditivas es “el Sordo”, está “el Mudo” (que habla poco o no puede hablar), “el Tarta” (el tartamudo) y el que no ve es “el Ciego”, así, sin eufemismos. Del mismo modo que el pelirrojo es “el Colorado”, el flaco es “el Flaco”, el gordo es “el Gordo” y el de poca estatura “el Petiso” y así sucesivamente. Los rasgos particulares de su esquema corporal son parte de su identidad y de su inclusión en el grupo. No se los trata como “personas con capacidades especiales”, con las que uno debe esforzarse para incluirlos en el grupo, sino como a semejantes con características particulares, cosa que en mayor o menor medida nos pasa a todos, sin por eso pretender borrar las diferencias. Cuando uno piensa que el otro no es un semejante, está justificando una guerra, la aniquilación del otro. “Lo dicen los sabios: la más grande enfermedad del hombre no es la locura, sino la que no considera al otro como su semejante. Por esa enfermedad se mata (Kouyaté, 1999: s.p.).


“Conceptualizamos el cuerpo como un territorio donde se entrecruzan el mundo externo y el mundo interno, la fantasía inconsciente y la estructura social (Marquis y Trosman, 2000:26). Un espesor que incluye lo biológico, lo pulsional, lo social y lo cultural. La pregunta por el cuerpo hoy, nos lleva a pensar en la coexistencia de diferentes concepciones del cuerpo, aún en un mismo individuo y en momentos sucesivos y aún simultáneos. Aparece lo singular como expresión de lo cultural, de lo colectivo, de lo social. Personas que confían en su traumatólogo hacen también consultas astrológicas y ante la inminencia de una cirugía muchos recurren a la acupuntura o combinan prácticas tan dispares como tomar pastillas diversas por indicación médica con terapias de cristales o piedras, y simultáneamente concurren a consultas psicológicas mientras toman Flores de Bach. Todo esto sin que las contradicciones implícitas entre estas prácticas le produzcan un conflicto de sentidos. Distintas concepciones del cuerpo coexisten y se yuxtaponen, cambian día a día formando una red intrincada de significados no siempre perennes, que se verán sujetos a redefinición de acuerdo a la eficacia que le otorguemos a las técnicas probadas como platillos en un restaurante.


El cuerpo es una construcción simbólica y sus significados varían con cada individuo.


El Trabajo Corporal para la Salud considera importante la experiencia vivencial, el contacto, vincularse, jugar con otros y realizar trabajos de investigación grupal autogestivos para indagar otros modelos, para descubrir otras posibilidades, y poder apropiarse del cuerpo de una manera singular. Es un trabajo pedagógico orientado hacia una red de construcción de un nuevo cuerpo social que sostenga este concepto de cuerpo diverso y diferente, esta ideología de cuerpo distinta al de la ideología hegemónica. Un cuerpo que es respetado en sus necesidades y diferencias, en sus distintos significantes y significados para cada uno, pero que puede ser investigado grupalmente. “El cuerpo como un territorio que pide autonomía, como propio y singular, para constituirnos en un Estado (forma de ser o de estar) Soberano, que posibilite el hacer de nuestra subjetividad, de la potencialidad de nuestro cuerpo” (Trosman, 2004:17). La construcción de esta ideología de la singularidad y su consecuente concepto de cuerpo es una tarea conjunta, transdisciplinaria, intersubjetiva e intrasubjetiva, donde haya respeto por las diferencias, no supresión o negación de las mismas. Donde se puedan formular preguntas, interrogantes, antes que respuestas prefabricadas por la cultura dominante, modeladora de la “opinión pública”. Los intereses relativos a la cultura hegemónica, centrada en el enriquecimiento económico de unos pocos, donde en función de la acumulación de riquezas y conservación de su ideología se busca destruir al diferente y restringirlo, son opuestos al concepto de salud social y corporal que, apoyado en la diversidad, trata de integrar lo diferente dentro de un sistema común, ampliando el horizonte vincular. De este modo la ecología humana (Picón Riviere, 1969) funciona como la ecología ambiental: cuanto más complejo es un sistema ecológico, más posibilidades de adaptación, crecimiento y subsistencia tiene. La complejidad, producto de la integración de elementos diferentes en un sistema común, lo hace fuerte (este concepto de fuerte incluye la flexibilidad). De igual manera funciona en el nivel social y cultural. La crisis mundial actual, política, económica y social es una crisis de la ecología humana. La gran acumulación de capital y bienes en unos pocos, con su consecuencia de grandes masas de marginados y hambreados, ha roto el equilibrio ecológico del mundo y el sistema global está dejando de funcionar ecológicamente, aún para los poderosos, poniendo en peligro una vez más a todo el planeta.


El Taller Corporal

Tomando el concepto de salud de la Psicología Social como apropiación instrumental de la realidad para transformarla (aprendizaje), podríamos pensar que el cuerpo se aprende, que aprendemos a aprehender nuestro cuerpo organizándolo y significándolo. El Taller Corporal, sostenido por las diferentes técnicas y escuelas, se apoya en lo sensoperceptivo, la autopercepción, la experimentación y en lo expresivo; no en el rendimiento, la eficiencia y la belleza como propone la ideología hegemónica. No planteamos un cuerpo new age, light, no se trata de un modelo de bondad, eficiencia y belleza. Nuestro modelo es distinto, es otro. Creemos que otro cuerpo es posible, y ese cuerpo es el nuestro, el de cada uno, el que tenemos, y no responde al modelo impuesto por la colonización. Así, no hay una forma de ser y de hacer; está la forma de cada uno, un estilo a descubrir. En la historia de Lo Corporal, pasamos de la clínica del dolor físico del cuerpo, a la clínica corporal, que trata el sufrimiento del sujeto como persona entera. Patricia Stokoe[2], creadora de la Expresión Corporal-Danza, enumeraba las necesidades de esta persona entera o integral, como las seis A: alimento, amparo, amor, alegría, aprendizaje y arte. Y esto es una ideología del cuerpo, una ideología que desde el Trabajo Corporal para la Salud intentamos imprimir en la sociedad: la salud del cuerpo está ligada a la salud social. Cuando el cuerpo social se rompe, por la rotura de muchos cuerpos, produce una crisis social y esto genera cambios. Por ejemplo las desapariciones forzadas en Argentina, los atentados, las guerras, el hambre y la exclusión. En el caso de los desaparecidos en Argentina, queda de manifiesto hasta qué punto se entrecruzan cuerpo e ideología, que el mecanismo que utilizó la dictadura militar fue la destrucción, martirización y desaparición de los cuerpos para destruir una ideología, para eliminar la cadena de transmisión generacional a través de la supresión de las personas, de los cuerpos, de la apropiación de los cuerpos de los niños para transformarlos en sujetos de otra ideología diferente a la de sus padres. Foucault utiliza el término episteme para significar que en cada época hay ciertas condiciones que se dan para que se puedan aceptar ciertas cosas como objeto de conocimiento y no otras. Con los desaparecidos, el cuerpo emergió como una falta, como una ausencia, y provocó una crisis social. Estas nuevas condiciones contribuyeron, junto a otras, a fundar en la Argentina un nuevo campo de conocimiento, un Trabajo Corporal para la Salud diferente al que surgió en otros lugares del mundo. El dispositivo del taller, como un laboratorio, busca producir un extrañamiento, una ruptura de la cotidianeidad referida al cuerpo y a las acciones del cuerpo: movimientos, miradas, formas de desplazamiento, ritmos, dinámicas y alturas. La fractura de la naturalidad del cuerpo permite la emergencia de sentimientos, sensaciones y otros pensamientos en relación a las temáticas desarrolladas objeto de la investigación. Estas vivencias pueden integrarse a la investigación para poder pensar en lo corporal, aquello que por su proximidad e identificación se nos vuelve invisible, que habitualmente sólo emerge cuando se produce alguna fractura disfuncional, como una enfermedad o un dolor, o en cuestiones ligadas a la sexualidad. Temas comunicacionales, de asimetría social, de inclusión o de exclusión, de movilidad, estancamiento, pasado, presente, proyecto, etc., pueden ser simbolizados por el movimiento del cuerpo en el espacio, por el vínculo de las miradas, por la construcción de representaciones plásticas del cuerpo. Luego de indagar acerca de las vivencias que se movilizaron en el trabajo corporal, podemos relacionarlas con los contenidos teóricos, que de este modo se verán enriquecidos.


Durante el taller, el uso de la palabra es reglamentado rigurosamente, para producir otro tipo de expresiones y favorecer la atención de la percepción y la autopercepción. En el momento de las conclusiones es cuando la palabra recupera su protagonismo. La propuesta del taller es dirigir la mirada a uno mismo y al propio cuerpo, habitar ese espacio. Es necesario resistir nuestro propio intento de colonizar, poniendo en el otro, significados, y explicándole lo que le pasa desde nuestro lugar del saber. Si bien cada uno se ve obligado a significar su propio cuerpo con materiales socialmente producidos, la propuesta es investigar, descubrir, cartografiar y, sobre todo, aceptar la particularidad y las diferencias. No hay significados únicos del tipo: -“Ah, ¿te duele la rodilla?, eso representa a tu mamá”; o -“¿Te duele el codo?, eso representa a tu papá”; -“¿Te duele el cuello?, el pasado te atormenta”. Son absolutos sinsentidos. Cada uno puede descubrir sus propios significados. En este sentido, creo que el Trabajo Corporal para la Salud es un trabajo de Pedagogía Social, para ayudar a pensar en una ideología diferente del cuerpo. Ideología que defienda los Derechos Humanos: que favorezca al cuerpo expresivo, que sostenga el derecho al cuerpo bien alimentado, al cuerpo amado y amante, al cuerpo producido por la cultura pero incluido en la cultura, porque los Derechos Humanos también son los derechos del cuerpo. La inclusión del trabajo vivencial, la puesta del cuerpo en escena, es una parte insoslayable de la producción de conocimiento.-


Bibliografía
  1. Davis, K. (2007). El cuerpo a la carta. México: La Cifra Editorial.

  2. De Quiroga, A. P. (1986). Enfoques y Perspectivas en Psicología Social, Buenos Aires, Ediciones Cinco.

  3. Foucault, M. (1968). Las palabras y las cosas, una arqueología de las ciencias humanas, Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

  4. Kouyaté, Si. (1999). Artesano de palabras. En: Página 12. Director de Teatro del equipo de Peter Brook. Entrevista de Hilda Cabrera.

  5. Le Breton, D. (1995). Antropología del cuerpo y modernidad. Buenos Aires: Nueva Visión.

  6. Le Breton, D. (2002). La sociología del cuerpo. Buenos Aires: Colección Claves, Nueva Visión.

  7. Le Breton, D. (2007). Adiós al cuerpo. México: La Cifra Editorial.

  8. Marquis, G. y Trosman, C. (2000). Cuerpo: nada de lo humano le es ajeno. En: El Movimiento 10, Revista del Primer Encuentro Latinoamericano de Lo Corporal (26).

  9. Pichón Riviére, E. (1969). Ecología, ecología humana y psicología social, clase publicada como ficha por Ediciones Cinco: 2.

  10. Pichón Riviére, E. (1980). El proceso grupal, Del psicoanálisis a la Psicología Social (I). Buenos Aires: Nueva Visión.

  11. Trosman, C. (2004). El cuerpo: un Estado Soberano. En: Topía (40) (p. 17). Recuperado de: https://www.topia.com.ar/articulos/el-cuerepo-un-estado-soberano

  12. Trosman, C. (2003). El cuerpo es ideología. En: Topía (38) (p. 19). Recuperado de: https://www.topia.com.ar/articulos/el-cuerpo-es-ideolog%C3%AD

[1]Trosman, Carlos (título del libro de próxima edición). Corpografías (neologismo que significa cartografía del cuerpo).


[2]Stokoe, Patricia (1919-1996). Bailarina y pedagoga argentina, creadora de la Expresión Corporal Danza y la Sensopercepción. Palabras pronunciadas durante el VII Encuentro del MoTrICS (Movimiento de Trabajadores e Investigadores Corporales para la Salud), Buenos Aires, 1994.



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