Hacia el cuerpo posporno. Una aproximación a las representaciones de las contrasexualidades...



Presentación de problemática e hipótesis*

En esta presentación me propongo indagar en las representaciones del cuerpo y la sexualidad en el discurso pospornográfico siendo éste un género cinematográfico emergente que lucha por disputar el sentido sobre lo sexual al discurso pornográfico y dar visibilidad a otros/as sujetos sexuales. La pospornografía - impulsada desde el ámbito de los movimientos queer a partir de los años´90- no sólo trabaja en la deconstrucción del cuerpo pornográfico desde una lectura crítica de los principios heteronormativos sobre los que se sostiene, sino que también implica una producción creativa y resistente que promueve nuevas expresiones enunciativas acerca de los placeres de los cuerpos. Es en esta línea que sostengo mi hipótesis acerca de que el cuerpo pospornográfico evidencia la artificialidad del sexo que constantemente es invisibilizada en el porno por su intención hiperrealista. De esto se desprende el carácter político-resistente de la propuesta corporal pospornográfica: todo lo que el cuerpo asume como placentero es una elección lúdica desvinculada de las normas del orden heterosexual.


Las profundas diferencias que pueden identificarse en la representación del cuerpo, el género y el sexo entre ambos discursos de la sexualidad – tomando la propuesta de Foucault- nos permiten dar cuenta del desvío pospornográfico en materia de corporalidad. Los nuevos cuerpos que asoman en el posporno no sólo son desobedientes a las normas del orden sexual vigente – basado en la heterosexualidad obligatoria – sino que escapan a cualquier pretensión de naturaleza que se imponga sobre ellos. Estos cuerpos pospornográficos muestran frente a cámara su plasticidad, mutabilidad, multiplicidad en materia de prácticas y deseos sexuales. Cuerpos artefactos, los cuerpos de la pospornografía son demostraciones palpables de la construcción arbitraria de los sexos, géneros y deseos. En ese sentido, la pospornografía es una apuesta política que se re-apropia del discurso pornográfico y de sus herramientas enunciativas para poner en escena otros placeres, prácticas y deseos. Una apuesta que, no sólo coloca a nuevos sujetos a producir contenidos sexuales críticos a la definición acerca de lo sexual que repite la pornografía, sino que impulsa nuevas lecturas acerca del cuerpo y los placeres para el espectador ampliando aún más el abanico de lo sexualmente imaginable.


Pero volvamos un paso atrás y hagamos las preguntas que nos permitan desarmar y analizar las corporalidades sexuales ofrecidas desde la pornografía y la pospornografía a fin de poder identificar distinciones entre ambas: ¿quiénes son lxs sujetxs que protagonizan las historias?, ¿cómo son sus corporalidades?, ¿qué prácticas sexuales se ponen en juego?, ¿qué partes del cuerpo se exploran y –a partir de esto- dónde se territorializa el placer corporal?, ¿los cuerpos participantes responden con sus prácticas a los roles de género socialmente asignados o no?, ¿qué muestra la cámara y cómo lo hace?, ¿qué estrategias enunciativas son utilizadas en cada caso?, ¿qué efecto de sentido construyen en los consumidores?


PORNO

En una lectura foucaultiana, llamo pornografía –o para simplificar “porno”- a las producciones audiovisuales de sexo explícito que forman parte de ese conjunto de discursos-saberes a los que Foucault integra en el dispositivo de sexualidad y que se encargan de definir y nombrar lo que “es” la sexualidad. En la modernidad, los relatos pornográficos colaboran en la producción de cuerpos inteligibles, ubicando en el orden de lo sexual “normal” a ciertas prácticas y regiones corporales. En esta línea, el sexo y la sexualidad entonces son producto de un conjunto de tecnologías y dispositivos productivos de saber-poder que construyen/crean/limitan las prácticas sexuales y los deseos. En este sentido, la forma más eficaz de controlar la sexualidad no sería la censura o la prohibición sino, más bien, la creación de determinados usos del sexo, el placer y el deseo; y –simultáneamente- haciendo ininteligibles, no-pensables otros múltiples usos, deseos y placeres. El porno es uno de los discursos contemporáneos de la sexualidad que más cumple esta función normalizadora y guía de lectura corporal. Las producciones pornográficas no sólo ordenan las prácticas en los parámetros de la normalidad sino que también organizan lo sexualmente inteligible en relación a los cuerpos en escena. Todo aquello que implique un desvío de la norma sexual, será considerado anormal, abyecto: en esta caracterización se ubican a los locos, perversos, onanistas, histéricas, homosexuales, etc.


La pornografía es un discurso que imprime ciertas representaciones en torno a lo sexual, produciendo un saber y una norma que iguala el sexo al coito, el sexo a la genitalidad. Siguiendo la argumentación de Javier Sáez podemos decir que “la pornografía logra objetivar el sexo, principalmente el masculino, ya que está producida hacia un consumo masculino, teniendo en cuenta una mirada masculina, básicamente heterocentrada, y los genitales masculinos como centro de la narración”.[1]


El porno como género trabaja siempre sobre la misma representación: la del coito. Reitera de manera aleccionadora la misma ritualidad sexual: penetración, eyaculación y orgasmo. Esta representación responde a la concepción de la sexualidad heteronormativa (donde lo ´normal´ es lo hetero) y coitocentrada (donde el sexo es el coito y los genitales son la única zona erógena del cuerpo). El porno enseña, refuerza y normaliza; funciona como tecnología de sexo construyendo una representación que se naturaliza a partir de un recorte sobre el cuerpo y un señalamiento del sexo. La sexualidad deviene en genitalidad como único horizonte posible de sentido (y exploración). Los órganos reproductivos devienen en órganos sexuales, en zonas hegemónicas del placer. La reiteración frente a cámara de ciertas prácticas deviene representación globalizante de lo sexual frente a otros usos-agenciamientos del placer no relatados en el porno (esos mismos que el dispositivo de sexualidad catalogiza como anormales). No en vano se dice con mucha liviandad que el porno es un producto para hombres. Detrás de la enunciación propuesta por el porno hay un destinatario pensado: la mirada masculina. Es por ello que el protagonista en las películas es el pene erecto y la representación de la eyaculación es el signo distintivo de la discursividad pornográfica tal como expresa Jiménez Gatto en su ensayo “Pospornografía”. No importa realmente el rostro del protagonista varón: importa su pene, su performance sexual, su conquista en lugares penetrables y su eyaculación como significante central. El recorte del cuerpo que fomenta el porno desde una mirada masculina-hegemónica refuerzan la diferencia sexual y la asignación de roles y género (Sáez, 2003). El hombre es siempre el sujeto activo, penetrador frente a la mujer (u otro hombre, dado que parte del cine porno gay muchas veces reproduce esta lógica) que es la parte pasiva, penetrable, receptiva. Dentro de las estrategias enunciativas que el género pornográfico utiliza para construir su mundo de genitalidad recurre fundamentalmente al uso de los primeros planos; a partir de esta estrategia los cuerpos dejan de ser tales para ser zonas fragmentadas y amplificadas. Esta inmediatez de lo sexual sometido a la tecnología del zoom puede verse bien representada en el recurso del cum-shot, toma audiovisual típica del porno en la que se toma el primer plano de una eyaculación en el rostro del compañero/a de turno. Así se construye un discurso cinematográfico centrado en erecciones, penetraciones y eyaculaciones sin rostro. Una construcción audiovisual que juega a mostrar la verdad del sexo “bajo la égida de lo explícito como lo verdadero”.[2] A partir de estos recursos cinematográficos de híper-realismo y exacerbada visibilidad, podemos pensar que la intención del discurso pornográfico es dar una sensación de realidad tan eficaz en la que el espectador no sólo se sienta un voyeur sino –fundamentalmente- el protagonista de la historia que ve en la pantalla. De ahí que no importe el personaje masculino en sí como rostro sino como pene (erecto). Es a partir de la genitalidad que se da la identificación entre el espectador y el protagonista.


POSPORNO

En palabras de Javier Sáez, el porno es “un género (cine) que produce género (masc/fem)”[3]. Frente a lo cual, lo pospornográfico es una doble deconstrucción del género: en su sentido cinematográfico y de sexo-genérico. En primer lugar, implica dejar a un lado las propuestas narrativas y estéticas típicas del genero pornográfico, donde lo sexo-coital-genital es el sustento de cada película. Desde el posporno se busca explorar en otros relatos y propuestas sexuales alternativas, lo cual va acompañado de un trabajo estético que permite indagar ya no tanto en lo explícito del sexo (que nos remite a lo genital del porno) sino en la multiplicidad escénica de lo sexual. Para ello, lo pospornográfico recurre a diferentes estrategias enunciativas. Esto se demuestra –por ejemplo- en la elección de planos generales que muchas veces utiliza el cine posporno: en oposición a los primeros planos típicos del porno, se elige la escena total para desplazar el foco de interés de lo genital a lo corporal. Esta novedad en la representación de lo sexual –desde un aspecto formal- es una de las características más sobresalientes de las nuevas discursividades pospornográficas. Tomemos como caso las películas de temática BDSM[4] como The Black Glove de la directora María Beatty donde se recurre a la ampliación del plano a fin de recuperar la escenificación del juego sexual sadomasoquista. Ya no interesa lo explícito del sexo que lo porno representa mediante el régimen de visibilidad exacerbada de lo genital, sino una exploración visual por todas las potencialidades eróticas de dos cuerpos que se encuentran.


La segunda deconstrucción de género que realiza el posporno surge a partir de la crítica que emite sobre las identidades sexuales esencializadas (y las respectivas jerarquías genéricas naturalizadas) que aparecen en la pornografía tradicional. Las dicotomías tradicionales de masculinidad/femineidad, varón/mujer, penetrador/penetrado, activo/pasivo son asumidas en el posporno como construcciones o tecnologías; es decir como posibilidades y no como esencias. Estas identidades que se construyen, nos conducen a la idea de performatividad de Butler. Recordemos que lo performativo remite a los actos de discurso que pueden crear aquello a lo que se refieren, como efecto de la reiteración de la norma. Naturaliza lo que es convención, arbitrariedad. En esta línea, el género es la estilización repetida del cuerpo, la repetición constante y regulada de determinadas acciones, que se “estanca” para producir la apariencia de naturaleza del ser. Es decir que, el efecto sustantivo del género se construye performativamente y es impuesto por las normas reguladoras de la coherencia de género que establecen una supuesta estabilidad, linealidad entre sexo, género y deseo (heterosexual). Esta continuidad es instaurada y mantenida por las normas de género culturalmente hegemónicas que efectivizan la inteligibilidad social de los/as sujetos, la legitimidad de los cuerpos y “sus” deseos a partir de la producción de cuerpos biopolíticamente delimitados y sexualidades prescriptivas (y siempre excluyentes). Tomando estos aportes de Judith Butler, podemos decir que si lo pornográfico es una apelación a la cita del orden heterosexual (Rivas San Martín, 2006), la pospornografía pone en escena citas desviadas/resistentes. Esto implica una resignificación de los términos que constituyen las categorías de “identidad” sexual, una desobediencia a la pretendida “naturalidad” y coherencia entre sexo/género/deseo. La heteronorma que arrastra el discurso pornográfico en cada una de sus representaciones sexo-genéricas es deconstruida para dar espacio a otros sentidos acerca de las identidades sexuales que se definirán por su “puesta en acto”. La resignificación de esas normas, de esos ideales y usos restringidos, permite pensar en cuerpos abiertos a la experimentación de los placeres, a la desestabilización del género y a la explicitación de las relaciones de poder constitutivas de la sexualidad. Cuerpos volcados al juego sexual y la exploración infinita de las posibilidades.


Para profundizar el análisis del cuerpo pospornográfico, vale recordar los aportes de Beatriz Preciado respecto del carácter prostético del género y la emergencia de la contra-sexualidad. Según la autora, el género no debe considerarse únicamente como resultado de actos performativos sino que sucede en la materialidad de los cuerpos. Por lo tanto, el género es una tecnología que fabrica cuerpos sexuales. Estos mecanismos de producción sexo-prostéticos le confieren -de manera dicotómica y jerarquizada- a los géneros femenino y masculino su carácter sexual-real-natural. Los roles y las prácticas sexuales, que suelen aparecer como naturales a los géneros femeninos y masculinos, son un conjunto de inscripciones culturales que reiteradas veces se instalaron en los cuerpos y que aseguran la explotación material de un sexo por el otro. Preciado afirma que el sistema sexo-género es un sistema de escritura. El cuerpo es un texto socialmente construido, un archivo orgánico donde los procesos históricos y políticos van sedimentando -a través de producción y reproducción de normas- códigos en la materialidad de los cuerpos en forma de verdades biológicas. Códigos que a lo largo del tiempo aparecen como naturales, excluyendo y clausurando otros. De esto se deriva que la fuerza de la resistencia deba buscarse en la subversión, alteración, de las tecnologías de escritura del sexo y del género como de sus instituciones. La contra-sexualidad que formula Preciado propone modificar las posiciones de enunciación hegemónicas -es decir heteronormativas- para re-construir, re-apropiarse, re-significar otras sexualidades diversas. Frente a una sexualidad normalizadora que erige como paradigma del sexo a las prácticas heterocentradas y coitocentradas, la contra sexualidad propone el acceso a todas las prácticas significantes y a todas las posibilidades de enunciación que la historia ha esencializado (ocultando su construcción).


La contra-sexualidad define la sexualidad como un artefacto, una tecnología que posibilita múltiples significaciones en la búsqueda del saber-placer. La puesta en acto de este concepto se daría a partir de prácticas contra-sexuales que permitan otras exploraciones de placer más allá de lo coitocentrado socialmente significado como lo natural del “sexo”. Esto implica un desvío de la tecnología heterosocial que naturaliza ciertas partes del cuerpo como sexuales y otras no. Para la contra-sexualidad todo el cuerpo es una zona erógena a explorar. La contra-sexualidad estaría en la línea de las estrategias contra-productivas mencionadas por Foucault como resistencias al dispositivo de sexualidad, que implicarían la producción de formas de placer-saber alternativas al orden sexual dominante. En esta línea, la búsqueda que se propone la pospornografía es desterritorializar el cuerpo sexuado (Sáez, 2003), es decir desviarse de la ecuación sexo=genitalidad para rastrear otros usos del placer. La exploración erótica en distintas partes del cuerpo como la puesta en escena de prácticas alternativas al coito, permiten representar otros universos sexuales posibles. Es por ello que dentro del posporno pueden reunirse propuestas tan distintas como el cine porno lésbico, el cine porno gay S/M, el cibersexo, etc. La propuesta no es cerrar lo sexual a una representación totalizante (y normalizada) sino explorar en sus múltiples manifestaciones. Es decir, poner en escena las contrasexualidades que los cuerpos parlantes tienen en estado potencial. Volviendo al ejemplo audiovisual posporno que ya mencioné, las prácticas BDSM son contra-sexuales ya que permiten otras exploraciones de placer más allá de lo coitocentrado socialmente significado como lo natural del “sexo” y realizan una citación desviada de las identidades sexuales en el sistema heteronormativos... Javier Sáez dirá que el S/M supone un desplazamiento radical al dispositivo de sexualidad: “se abandona la genitalidad como lugar esencial o principal de la sexualidad y esta se ve desplazada a todo el cuerpo como lugar posible de experimentación del placer”[5]. Desde esta perspectiva, el cuerpo entero se vuelve una zona erógena desterritorializando lo genital como lo exclusivamente sexual. El BDSM produce otros usos diferentes del cuerpo más allá de la penetración, lo cual implica una creatividad que se desvía de la normativa sexual. Nuevas prácticas-juegos sexuales que permiten pensar el cuerpo como un mapa abierto a la exploración de múltiples placeres. Así lo demuestra la película a partir de la visualización de prácticas tales como la dominación/sumisión, los golpes, ataduras, quemaduras, asfixiofilia[6]; maneras de alcanzar el placer por la mediación del dolor. Y no olvidemos tampoco al fetichismo y los juegos de rol.


Para sintetizar el recorrido planteado en este trabajo quiero decir que la propuesta corporal pospornográfica logra poner en escena ciertas ideas radicales respecto al nombramiento sexo-genérico que son fundamentales para pensar nuevas corporalidades sexuales: no hay nada natural en el sexo; la genitalidad no es el único territorio de lo sexual; los roles sexuales no están pre-asignados a la práctica y por lo tanto, no existen jerarquías a-priori entre los sexo-géneros. La emergencia de estos discursos contra hegemónicos en materia de sexualidad, son el resultado de una re-apropiación del género pornográfico en manos de aquellos que siempre fueron excluidos de la norma. Lxs sujetxs trans, intersex, virtuales, sadomasoquistas, lesbianas ponen sus cuerpos y placeres frente a cámara a fin de construir nuevas representaciones de la sexualidad, reivindicar la plasticidad del sexo y la performatividad resistente. Por lo tanto, los cuerpos pospornográficos proponen no sólo una nueva legibilidad de la cartografía corporal sino también una conciencia de la arbitrariedad, artificialidad y mutabilidad de las categorías sexo-genéricas que son impuestas socialmente. A partir de la puesta en escena de prácticas contra-sexuales, los cuerpos pospornográficos muestran los múltiples usos del placer y las potencialidades eróticas que pueden conquistarse en nuestros cuerpos. Recordemos que la pospornografía se inserta dentro de la trama de poder-saber del dispositivo de sexualidad pero no como meras reproducciones de la norma sino como posibles enclaves de resistencia de ese mismo poder, como posibles desplazamientos, posibles de-construcciones, des-naturalizaciones. Es en este campo de poder-saber sobre la sexualidad que emerge la pospornografía como discurso provocador, como resistencia-tecnología disruptiva al interior mismo del dispositivo de sexualidad. Esta ruptura, a su vez, no podría ser posible si no se partiera de una estética contrahegemónica que plasmara esta nueva discursividad al nivel de la imagen como bien se describió en el uso del plano general al servicio de la escenificación erótica. Es así que se ponen en escena otras representaciones de la sexualidad y de los usos del placer a través de la utilización de herramientas estéticas diferentes. Sin esta transformación en el dispositivo audiovisual y este desplazamiento discursivo de la norma sería imposible generar nuevas significaciones que impliquen un desvío respecto a la concepción hegemónica de la pornografía y a su lógica de reproducción heteronormativa y coitocentrada.


Bibliografía

  1. Anta Felez, J.L. (2001). Entre el artificio y el género: el cine pornográfico. En: Revista de Estudios de Género. La ventana, Vol. II, Núm. 14, diciembre (pp. 290-309). Universidad de Guadalajara, México.

  2. Butler, J. (2001). El género en disputa. México: Paidós.

  3. Butler, J. (2002). Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del sexo. Buenos Aires: Paidós.

  4. Foucault, M. (1986). Historia de la Sexualidad. Vol. I. México: Siglo XXI.

  5. Jiménez Gatto, F. (2008). Pospornografía. En: Revista Estudios Visuales N°5.

  6. Moreno, A. (2008). La invisibilidad como injusticia: Estrategias del movimiento de la diversidad sexual. En: Todo sexo es político: estudios sobre sexualidad en Argentina Buenos Aires: Libros del Zorzal.

  7. Preciado, B. (2002). Introducción; Money makes sex o la industrialización de los sexos y Tecnologías del sexo. En: Manifiesto contrasexual. Prácticas subversivas de identidad sexual. Madrid: Ópera Prima.

  8. Preciado, B. (2003). Multitudes queer. Notas para una política de los “anormales. En: Revista Multitudes (12). París. Recuperado de: http://multitudes.samizdat.net/rubrique.php3?id_rubrique=141

  9. Preciado, B. (2008). Testo Yonqui. Madrid: Espasa-Calpe.

  10. Rivas San Martín, Felipe (2008) Pospornografía y Contra-sexualidad. En: Revista Digital Desinencia Sexual. Recuperado de: http://www.cuds.cl/articulos/10ene08pos.htm

  11. Sáez, J. (2003). El macho vulnerable: pornografía y sadomasoquismo. Recuperado de: http://www.hartza.com/posporno.htm Barcelona: MACBA, 6 de junio.


[1] Sáez, Javier (2003) “El macho vulnerable: pornografía y sadomasoquismo” Recuperado de: http://www.hartza.com/posporno.htm Barcelona: MACBA, 6 de junio.


[2]Jiménez Gatto (2008) “Pospornografía” en Revista Estudios Visuales N°5. Pág. 99.


[3]Sáez, Javier (2003) “El macho vulnerable: pornografía y sadomasoquismo” en http://www.hartza.com/posporno.htm Barcelona: MACBA, 6 de junio.


[4] Nota del Editor: BDSM es un término creado para abarcar un grupo de prácticas y fantasías eróticas. Se trata de una sigla que combina las siglas resultantes de Bondage y Disciplina; Dominación y Sumisión; Sadismo y Masoquismo. Abarca, por tanto, a una serie de prácticas y aficiones sexuales relacionadas entre sí y vinculadas a lo que se denomina sexualidades no convencionales o alternativas.1 A veces, en el habla cotidiana, se utilizan las expresiones "sado" o "sadomasoquismo" para referirse al BDSM, aunque ambos términos resultan equívocos, en parte por tratarse de palabras creadas por la psiquiatría para definir enfermedades mentales y en parte, porque las prácticas abarcadas por el BDSM son variadas y admiten gran cantidad de manifestaciones diferentes. Como práctica erótica el BDSM se apoya siempre en el consenso de los participantes y se distingue radicalmente del sadismocriminal.2. Recuperado de: https://es.wikipedia.org/wiki/BDSM


[5]Sáez, Javier (2003) “El macho vulnerable: pornografía y sadomasoquismo” en http://www.hartza.com/posporno.htm Barcelona: MACBA, 6 de junio.


[6]Práctica sexual que consiste en impedir la respiración de la pareja o la propia, ya sea mediante la obstrucción de las vías respiratorias o la semiestrangulación. En la comunidad BDSM, las prácticas de esta naturaleza pueden ser denominadas "breathplay" o "edgeplay" o “asfixia erótica”.

*Texto tomado del Archivo Documental “Cuerpos, sociedades e instituciones a partir de la última década del Siglo XX en Colombia”. Mallarino, C. (2011 – 2016). Tesis doctoral. DIE / UPN-Univalle.

Entradas Destacadas