Cuerpos, guerras, conflictos


 
RESULTADO DE INVESTIGACIÓN: Proyecto de Doctorado Cuerpos, sociedades e instituciones a partir de la última década del Siglo XX en Colombia. Doctorado Interinstitucional en Educación – Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá, Colombia y Universidad del Valle, Cali, Colombia
 
EN-CARNACIÓN[1]

Cada vez que me desnudo por las mañanas para bañarme, cada vez que me miro en un espejo, cada vez que recuerdo las violaciones, cada vez más siento que para poder sanar mi cuerpo y mi alma tengo que perdonar pero, para perdonar tengo que contar la verdad, que la justicia llegue, que se nos tenga en cuenta, que se nos crea

(Mera, 2013)


Ni los funcionarios del gobierno, ni nadie, sabe lo que realmente ha pasado con las mujeres víctimas de las agresiones sexuales de paramilitares, guerrilleros y militares, dice Aura Lucía Mera, y agrega: “en Magdalena sucedieron casos que jamás han salido a la luz pública, como niñas que no pueden usar camisetas cortas porque sus torsos han sido quemados con ácido. Otras que tienen que cubrirse porque les han cortado los pezones. Otras a las que sus propios padres ‘prestaban’ a los violadores. Y muchas violadas por otras mujeres paramilitares, guerrilleras lesbianas”. Sumado a la problemática anterior, la desaparición forzada; el dolor por la ausencia del objeto amado; el duelo; la construcción de la cotidianidad en covíctimas y sobrevivientes de minas antipersonal; el cuerpo entre la vejación y la manumisión como flagelo del desplazamiento en Colombia, son algunas de las experiencias que dan testimonio de los procesos de corporización y descorporización social, como los llama Ramírez Robledo (2013) para referirse a las transformaciones de roles socioculturales, así como de acontecimientos emocionales y subjetivos de mujeres excombatientes de grupos armados en Colombia, como la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, ejercito del pueblo (FARC – EP), y las fuerzas paramilitares. Este proceso, a su juicio, se da en tres momentos: vinculación al grupo armado, lo que se entendería como corporización; participación, y desmovilización para asumir el proceso de reinserción en medio de las reflexiones sobre el daño y reconstrucción de la vida diaria a partir de la mediación del cuerpo, lo que constituiría la descorporización:


(…) no asume necesariamente el dolor y el sufrimiento como consecuencia del mal, sino como un inherente a la existencia de la especie humana. El sufrimiento como un lenguaje universal modelado por las violencias, tiene una relación directa con la legitimación y la naturalización de las prácticas de la guerra, corporiza y descorporiza históricamente las practicas socioculturales, determinando, redefiniendo y redimensionando cuerpos diferentes y de la diferencia; colocando así, la guerra, como un acontecimiento corporal. Colombia en su conflicto político, social, económico y armado ha corporizado y descorporizado individuos y culturas, con la individualización como practica de sostenibilidad de la guerra, en un negocio estatal donde los cuerpos y en especial los cuerpos de las mujeres, según los discursos, son solo parte del inventariado de la maquinaria de país (p. 928)


La comprensión de las articulaciones prácticas que emergen entre los actores sociales y la estructura social, en escenarios de violencia política en los que ocurren eventos críticos que instalan experiencias de sufrimiento extremo en la existencia encarnada de los seres humanos, es lo que vamos a presentar aquí como un primer eje temático, que hemos denominado, haciendo eco de Ramírez Robledo: Corporización del cuerpo EN la guerra. Desde esta perspectiva, el cuerpo, apunta Franco Gamboa (2012), es visto como objeto del dolor después de que un acontecimiento ha fracturado, en el registro corporal, los sentidos de vida individuales o los de una comunidad específica. Una generación creció siendo testigo de masacres y desplazamiento forzado, afirman Gómez y Valencia Corredor (2013), presenciando prácticas de desaparición, desmovilizaciones de grupos paramilitares y corporeidades sometidas a formas límite de violencia, de manera tan habitual, que las narrativas mediáticas de la intervención violenta sobre los cuerpos, llegó a constituir parte de su cotidianidad.


Estos cuerpos des-hechos, como ellas los llaman, probablemente quedarán en mora de ser escritos como memorias corporales de las víctimas de la guerra (p. 11), en tanto la reconstrucción de esa memoria histórica surge de la empatía entre quienes han sufrido en carne propia y quienes no, por lo tanto, “es importante incluir cuantos protagonistas sea posible y cuantos métodos sean válidos para que esos nuevos relatos equilibren las versiones dominantes que hasta muy recientemente visibilizaban en su mayoría el papel de los victimarios y desconocían o disminuían la relevancia y el lugar de las víctimas” (p. 13). Una voz más que podemos incluir en este primer grupo de relatos, es la que analiza las prácticas corporales, la concepción del cuerpo y su relación con el medio violento vivido en la frontera de guerra, enfocado en el contexto sociohistórico de los siglos XVII y XVIII a partir de dos fuentes primordiales: crónicas jesuitas e informes militares:


Interesa presentar como en ese espacio con dichas características son representados los cuerpos y concepciones, principalmente de sujetos femeninos, ya que en esta investigación los cuerpos importan porque en ellos cuajan las experiencias de las que han de ser y estarán constituidos los sujetos sociohistóricos en su momento y espacio. La importancia del ideal femenino en la conquista, sirvió como un elemento que justificaba y motivaba a los jesuitas a la conquista de indígenas, aunque no sea explicito que las mujeres son importantes de colonizar. La asociación que se da de la mujer con la "civilización" puede verse en la práctica de rapto, tanto de indígenas como de españoles, que se centran en capturar mujeres y niños, por ser estos los más "dóciles" o "moldeables", y es interesante ver que una de las funciones femeninas que regularme ha tenido importancia, es la transmisión de cultura, de enseñanza y claro de cuidados (Coronel Higuera, 2013:934).


Pero el cuerpo también puede ser visto como sujeto de la reconstrucción de la vida cotidiana y es a esa experiencia a la que vamos a presentar como el segundo eje temático: Descorporización del cuerpo DE la guerra. Estas son corporalidades en las que se inscriben las huellas que los acontecimientos dejan con el paso del tiempo y las maneras en que se producen, se instalan, se preservan y se rehabilitan las marcas que ha dejado la violencia en sus cuerpos, apelando a memorias encorporadas del conflicto, como las refiere Sánchez Rodríguez, intransferibles y vividas en primera persona, aunque, la corporalidad y sus tensiones, sus afectos, estén permanentemente guardando, olvidando y mutando sobre lo que ha sucedido, según agrega ella misma:


Dejar que el cuerpo mutilado hable y enuncie en su propio lenguaje sus potencias y afecciones puede abrirnos una dimensión distinta acerca de las marcas que el conflicto ha dejado en nuestra sociedad, lo que nos permitiría dimensionar también el dolor que debemos enfrentar procurando la cicatrización de esas heridas abiertas. Procurar y permitirnos la empatía en el sentido de una solidaridad moral, no para sufrir con el otro, y quedarse en la conmiseración, sino para hacer conjuntamente apuestas de futuro, respetuosas de las diferencias y de los costos que cada parte ha asumido en esta guerra. Por otro lado, debemos distinguir de qué maneras esas memorias encorporadas de la violencia pueden confrontar las concepciones trágicas de la discapacidad, de serias y ambiguas repercusiones en la idea de sí mismo que surgen a partir de la recuperación y el reintegro o no a las actividades en las que cotidianamente se estaba involucrado. Estos cuerpos podrían, por ejemplo, instalarse en otros significados, si lograran llevar a cabo acciones que pudieran convocarles a otras subjetividades que, sin desconocer su historia, les dieran herramientas para la producción de una nueva materialidad (Butler, 2002). Una en la que se pudieran trastocar los órdenes de desigualdad y discriminación que seguirán presentes aún después de la terminación del conflicto, si no nos damos a la tarea de reconstruir el tejido social sobre bases más justas. Una en la que fueran también memorias encorporadas de la resistencia (Sánchez Rodríguez, 2013:6-7)


Sánchez Rodríguez está invitando, de alguna manera, a descorporizar esas experiencias dolorosas y Trujillo Amaya (2013), por su parte, nos relata un episodio histórico en donde se palpa la descorporización en el cuerpo de sus protagonistas:


Durante la Primera Guerra mundial, el cuerpo del soldado se erigió a su vez en héroe y víctima, valiente defensor de la patria; frecuentemente representado por un hombre en la flor de la juventud, apuesto, musculoso, alto y, lo más importante, guerrero (siglo XIX). Dentro del imaginario discursivo de la guerra, el cuerpo de los individuos dejó de existir como tal, para convertirse en cifras (estatura, musculatura, capacidad torácica), para una sociedad cuyo centro de atención estaba fijo, además del de la guerra, en la imperiosa necesidad de industrializarse: producir, ganar, tener éxito, y, sobre todo, vencer. Para el cuerpo inepto que regresó, médicos y ortopedistas se dieron a la tarea de crear distintos tipos de aparatos que permitieran al amputado adaptarse a un trabajo y realizarlo con cierta eficacia: producción en cadena como opción de reinserción a la productividad; reeducación para los oficios; convertir a los amputados en seres funcionales, lo que trajo consigo por un lado, una mayor individuación de las personas en las sociedades occidentales; y, por otro, paradójicamente, una masificación de la sociedad (p. 230)


Se crea así, un discurso de la “discapacidad” y un desarrollo exponencial de la medicina reparadora -aparatos, técnicas quirúrgicas, conocimiento anatómico y necesidades especiales, etc.-, con lo cual se desplaza el discurso médico por el discurso comercial de la industria ortopédica, por una parte, pero también se logra una ganancia adicional: “frente a la disyuntiva de mantener una mano de obra indispensable para la industria de guerra, y la necesidad de enviar hombres jóvenes al frente de batalla, las mujeres accedieron a un mercado laboral, cuyo espacio era inaccesible en vísperas de la guerra” (p. 235), concluye la autora.



BIBLIOGRAFÍA
  1. Coronel Higuera, E.I. (2012). Cuerpo y violencia en la frontera norte de la Nueva España: Sonora, siglos XVII – XVIII. En: Muñiz García, E. & List Reyes, M. (Coords.). VI Congreso Internacional de Ciencias, Artes y Humanidades “El Cuerpo Descifrado” La ciencia y la tecnología en las prácticas corporales – Universidad Autónoma Metropolitana UAM / Escuela Nacional de Antropología e Historia / Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Xochimilco – Memorias – Grupo de trabajo 11, pp. 933-945

  2. Franco Gamboa, A. (2013). Daño y reconstrucción de la cotidianidad en covíctimas y sobrevivientes de minas antipersonal en Colombia. En: Cabra, N.A. & Escobar, M.R. (Eds.). Cuerpos otros, subjetividades otras. Revista Nómadas (38). Bogotá: IESCO Universidad Central, pp. 115-131.

  3. Gómez, N. y Valencia Corredor, M. (2013). Desaparecidos. Tecnologías de la desaparición: cuerpos des-hechos en Colombia. En: Pedraza, Z. (Coord.). Giro Corporal: Primer Encuentro Nacional Investigaciones sobre “El Cuerpo” - Universidad Distrital Francisco José de Caldas / Universidad de los Andes / Universidad de San Buenaventura-Cali / Universidad de Medellín / Universidad Central / Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia / Universidad de los Llanos / Universidad Autónoma de Occidente / Universidad Tecnológica del Chocó, Bogotá – Mesa 16.

  4. Ramírez Robledo, A. (2013). Corporización y descorporización de las mujeres en la guerra: el caso del conflicto colombiano. En: Muñiz García, E. & List Reyes, M. (Coords.). VI Congreso Internacional de Ciencias, Artes y Humanidades “El Cuerpo Descifrado” La ciencia y la tecnología en las prácticas corporales – Universidad Autónoma Metropolitana UAM / Escuela Nacional de Antropología e Historia / Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Xochimilco – Memorias – Grupo de trabajo 11, pp. 925-932.

  5. Sánchez Rodríguez, N.L. (2013). Memorias encorpadas de la guerra. En: Pedraza, Z. (Coord.). Giro Corporal: Primer Encuentro Nacional Investigaciones sobre “El Cuerpo” - Universidad Distrital Francisco José de Caldas / Universidad de los Andes / Universidad de San Buenaventura-Cali / Universidad de Medellín / Universidad Central / Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia / Universidad de los Llanos / Universidad Autónoma de Occidente / Universidad Tecnológica del Chocó, Bogotá – Mesa 14.

  6. Trujillo Amaya, C.E. (2013). Cuerpo apto, cuerpo inepto. La guerra y sus consecuencias: entre un debate político y un desafío científico. En: Muñiz García, E. & List Reyes, M. (Coords.). VI Congreso Internacional de Ciencias, Artes y Humanidades “El Cuerpo Descifrado” La ciencia y la tecnología en las prácticas corporales – Universidad Autónoma Metropolitana UAM / Escuela Nacional de Antropología e Historia / Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Xochimilco – Grupo de trabajo 3, pp. 228-240.


[1] El texto que se presenta es resultado de la investigación realizada como tesis doctoral (DIE-UPN/Univalle) titulada: Cuerpos, sociedades e instituciones a partir de la última década del Siglo XX en Colombia. Allí se sistematizaron unas 1200 fuentes documentales datadas en los últimos 20 años y publicadas en congresos y encuentros colombianos y latinoamericanos cuyo tema puntual era el cuerpo. Gracias a esta abundancia escritural se pudieron identificar tendencias escriturales o modos de enunciación respecto de “algo”, en una época en particular; y dispositivos discursivos o saberes agenciados por fuerzas que lo instituyen como “régimen de verdad” y que a la vez necesitan de él para expresarse. Ej.: “los codos no se ponen en la mesa”; “no debemos contradecir a los mayores”; “la homosexualidad es una desviación”; etc.


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