Corporalidades orientalizadas y neochamanicas en Bogotá


Resumen*


En esta ponencia damos cuenta del trabajo de investigación hasta ahora adelantado respecto a una serie de discursos y prácticas que, en la actualidad, existen en Bogotá en torno a las éticas y estéticas de la existencia que, apelando a técnicas de meditación orientales o a la mediación neochamánica, articulan la producción de corporalidades espiritualizadas y alternativas; nuestra propuesta se enmarca en un estudio mayor sobre corporalidades violentadas, aseguradas y deseadas que se adelanta en la Maestría en Estudios Culturales de la Universidad Javeriana. En particular nos interesa el yoga, el zen y el tai chi del lado de las tecnologías de meditación orientales y, por el de las mediaciones neochamanicas, nos centramos en las tomas de yaje.


Corporalidades deseadas[1]


Existe una centralidad del cuerpo tanto en las diferentes prácticas ‘orientales’ (yoga, tai chi y zen) como la ‘amerindia’ (tomas de yajé). Las diferentes modalidades de meditación del yoga, zen y tai chi pasan por un control y experimentación del cuerpo propio. Ya sea a través de calculados movimientos como en el yoga y el tai chi o mediante una monumental quietud, como en el zen, estas prácticas tienen el cuerpo individual como el instrumento y terreno.


En el yoga el control sobre el cuerpo es central para el acceso a la meditación. En el tai chi como lo decía uno de los entrevistados, “[…] la práctica del tai chi tiene todo que ver con tu cuerpo, con conocerlo, con dominarlo, con mejorarlo […].[2] En el zazen, el control del cuerpo, sus dolores o incomodidades hacen parte de su propia técnica. A los ojos de los no iniciados, la postura sentada del zazen es uno de los rasgos más visibles de los practicantes del zen. Esta postura, en completo silencio, constituye una práctica que permite una técnica de profunda auscultación de sí mismo.


A su modo, estas tres prácticas suponen un regular y riguroso ejercitamiento del cuerpo del practicante. La diferencia entre los maestros, los practicantes consolidados y los neófitos se hace evidente en sus cuerpos. Un ejercitamiento que apunta al control y experimentación profunda, que busca efectos de gracilidad y tonificación. Aunque este control y experimentación profunda del cuerpo no es más que un medio, es indispensable a su manera para cada una de estas prácticas ‘orientales’.


El cuerpo también es central para las tomas de yajé, pero de una manera distinta a las tecnologías orientalizadas de meditación. Antes que un ejercitamiento regular y riguroso, en las tomas de yajé el cuerpo, afectado a menudo fuertemente por la ingesta del psicotrópico y a veces preparado con dietas alimentarias y sexuales, posibilita un estado alterado de conciencia en el que se articula la experiencia yajecera.


En todas estas prácticas se vislumbra el deseo por un cuerpo sano, por su propia salud y bienestar corporal. De una manera bien interesante para nuestro argumento, uno de los practicantes de tai chi entrevistados establece un paralelismo temporal al respecto tanto en ‘culturas’ de China e India como en las prehispánicas:


“El chi kung se origina hace milenios en China, de forma más o menos paralela a lo que estaba ocurriendo en India con el Yoga. Inicialmente, empiezan las culturas a darse cuenta, y también pasó acá en las culturas prehispánicas, que una persona que no le ponía atención al bienestar de su cuerpo iba a sufrir más que una persona que sí lo hacía, a las enfermedades, a temas emocionales y otro tipo de cosas”.[3]


La relación del yoga con la salud es tan lugar común en nuestro contexto, que el Festival de Ecoyoga de este año se realizó como celebración del día internacional de la salud. El afiche que reproducimos del evento, es bien diciente con respecto a las asociaciones de la salud del cuerpo humano y del planeta.



Lo planamente denotativo en el afiche: de un lado enfermo del cuerpo, asociado a ciertas sustancias, comidas y la televisión, contrasta con el lado sano del cuerpo y del planeta donde la comida de vegetales y la lectura de libros tienen su lugar. En la entrevista realizada al maestro de tai chi Tien Bao en la Montaña Amarilla, se podía vislumbrar cómo se asociaban cierta ‘cultura’ de los colombianos con ‘malos hábitos’ que llevaban a la enfermedad, los cuales se contraponían, por supuesto, a lo que implicaba una adecuada práctica del tai chi. Lo sano, la salud y el bienestar en los casos estudiados se les representa como un ‘más allá’ de la ausencia de enfermedades o dolencias biológicas.


Por su parte, las tomas de yajé también son articuladas con una amplia noción de salud y bienestar: “Los yajeceros urbanos consideran el consumo ritual del psicotrópico como una fuente alternativa de salud. La mayoría está de acuerdo en que la idea de salud se toma en un sentido amplio, esto es, una ‘visión holística’ de la salud donde no sólo se cuenta la salud física, sino también la salud emocional y espiritual” (Caicedo 2013: 248).


El cuidado de sí


A pesar de sus diferencias, en las prácticas examinadas se pueden identificar una serie de rasgos compartidos que configuran unas éticas y estéticas de la existencia para sus practicantes que perfilan unas corporalidades deseadas. Estas éticas y estéticas de la existencia se orientan a un cuidado de sí que adquiere unas particularidades que solo los iniciados pueden llegar a comprender y valorar realmente. El concepto de estéticas y éticas de la existencia, inspirado en el trabajo de Foucault ([1984] 2004), refiere a las prácticas de cuidado de sí que se articulan a partir de patrones normalizados de belleza/fealdad que son medicalizados y moralizados. Estos patrones se medicalizan en tanto el discurso experto sobre la salud y la enfermedad, con sus usualmente indiscutidos efectos de verdad, atraviesan las prácticas del cuidado de sí de los individuos, las cuales lejos de operar en la intimidad alejadas de la mirada de otros sino que se inscriben en indicadores de cuerpos saludables. La moralización de estos patrones normalizados de belleza/fealdad remiten a la dimensión ética de las prácticas de cuidado de sí en tanto apelan a la constitución de un sujeto moral que en su misma corporalidad evidencia el éxito o el fracaso de su propio constreñimiento y disciplina.


Como lo sugiere Foucault ([1982] 2001), las prácticas de cuidado de sí constituyen artes de la existencia. Pero a diferencia de las artes de existencia de la época clásica examinadas por Foucault, nos interesa cómo las artes de existencia en la actualidad se han visto atravesadas por los discursos normalizados de la belleza/salud inscritas en evidentes diacríticos corporales. A diferencia de la época clásica, el cuidado de sí está hoy regido por la colonización del mundo de la vida por discursos expertos médicos en torno al deseo por lo saludable y su articulación estética. Estas prácticas de cuidado de sí suponen no solo poner en juego las reflexividades asociadas a procesos de subjetivación específica, sino el despliegue de una serie de acciones y omisiones que troquelan corporalidades concretas.


Dar cuenta de sí es quizás uno de los propósitos compartidos por diferentes técnicas de meditación ‘orientales’ y por la mediación noechamánica con la toma de yajé. Pero no cualquier dar cuenta de sí, sino uno que trasciende lo superficial, que supera las engañosas apariencias. Un verdadero conocimiento-control de sí, que puede suponer el alejarse de la conciencia propia como en el zen o de la reflexividad como con el yajé. Este dar cuenta de sí las tecnologías de la meditación ‘orientales’ es posible desde una cuidadosa producción de corporalidades gráciles y disciplinadas. Corporalidades que trasciendan y controlen cierto dolor, que ceremoniosa y regularmente pueden ser sometidas a secuenciales movimientos o a la completa inmovilidad. Corporalidades con regímenes alimentarios regulados, con evitaciones por razones de conciencia, trascendentes o nutricionales. Corporalidades ascéticas, fuertes, saludables y flexibles como resultado de una detallada y regular actividad de auto-labración interior. En la mediación noechamánica, el dar cuenta de sí pasa por corporalidades capaces de tolerar los efectos del yajé, corporalidades sometidas a las regulaciones de dietas o de estados establecidas por el taita yajécero. En suma, corporalizadas ritualizadas como condición de posibilidad para dar cuenta de sí a partir de una apropiación de ciertas otredades imaginadas: lo oriental y lo indígena.


Las éticas y estéticas de la existencia que se ponen en juego en las técnicas de meditación ‘orientales’ a menudo suponen una estrategia de volcamiento sobre sí, una exaltación de la autoafirmación individualizada que debe relacionarse armónicamente con el mundo. Por tanto, armonía es un término al que se hace usualmente referencia y hacia las que apuntan no solo estas tecnologías de meditación sino también las mediaciones neochamánicas. El discurso de la armonía, del profundo equilibrio consigo mismo y con el mundo que nos rodea es una de las más recurrentes imágenes a las que se apela.


Muchas de las prácticas de cuidado de sí en nombre de la salud de individuos operan dentro de las más convencionales tecnologías de disciplinación y de consumo. No obstante, a menudo esta articulación de lo saludable, que debe ser objeto de reconocimiento a la mirada experta así como del lego, se asocia cada vez más los imaginarios y prácticas de distinción que apelan a ‘lo natural’ y ‘lo alternativo’. La apelación a ‘lo natural’ y ‘lo alternativo’ expresa el cuestionamiento a los efectos nocivos en la salud corporal de sospechosos productos ofrecidos por las industrias alimentarias y de servicios orientadas a satisfacer las prácticas masivas de consumo. Como lo ha argumentado Kimberly J. Lau (2000), el discurso de lo natural y lo alternativo no necesariamente escapa al capitalismo, sino que es apropiado por éste en modalidades del ‘capitalismo nueva era’. Para la autora, las dietas macrobióticas, el tai chi o el yoga hacen parte de este ‘capitalismo nueva era’. En nuestro contexto, prácticas cósmicas y pachamámicas de sectores medios o de elite como las articuladas al neochamanismo se corresponden también a este ‘capitalismo nueva era’.


Referencias


  1. Butler, Judith. [1990] 2007. Sujetos de sexo/género/deseo. El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad. Barcelona: Paidós.

  2. _______. 2002. Cuerpos que importan. Barcelona: Paidós.

  3. Caicedo, Alhena. 2013. “La alteridad radical que cura Los nuevos lugares del chamanismo en Colombia”. Disertación en Antropología social y etnología. Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales. Paris.

  4. _______. 2010. El uso del ritual del yajé: Patrimonialización y consumo en debate.

  5. Revista colombiana de antropología. (46): 63-86.

  6. _______. 2009. Nuevos chamanismos nueva era. Universitas Humanística (68): 15-32.

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  9. Fandiño, Lina María. 2009. El encuentro con taichí y sus efectos por un estudiante en proceso. Boletín Taichí corp. Octubre. (19): 2-3.

  10. Foucault, Michel [1982] 2001. La hermenéutica del sujeto. México: Fondo de Cultura Económica.

  11. _______. [1984] 2004. “La ética del cuidado de uno mismo como práctica de la libertad” En: La hermenéutica del sujeto. Buenos Aires: Editorial Altamira.

  12. _______. [1975] 2002. Vigilar y castigar. Buenos Aires: Siglo XXI.

  13. Jackson, Michael. 2011. “Conocimiento del cuerpo”. En: Silvia Citro (ed.), Cuerpos plurales. Antropología de y desde los cuerpos. pp. 17-58. Buenos Aires: Editorial Biblos.

  14. Lau, Kimberly J. 2000. New Age Capitalismo. Making Money East of Eden. Philadelphia: University of Pennsylvania Press.

  15. López, Ana María. 2012. “Inmovilidad nómada: una mirada a las prácticas del zen en Colombia”. Tesis de Maestría en Estudios Culturales. Universidad Javeriana. Bogotá.

  16. Pedraza, Zandra. 2009. En clave corporal: conocimiento, experiencia y condición humana. Revista Colombiana de Antropología (45): 147-168.

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  18. Pedraza, Zandra (ed.). 2007. Políticas y estéticas del cuerpo en América Latina. Bogotá: Uniandes.

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  20. Sedgwick, Eve K. 1998. Epistemología del armario. Barcelona: Editorial la Tempestad.

  21. Ramírez, Andrea. 2005. “Yagé, ese mundo inventado. Una mirada a las redes de relaciones tejidas en una ceremonia de toma de yagé”. Trabajo presentado en la asignatura Taller de Técnicas Etnográficas (IV Semestre). www.humanas.unal.edu.co/colantropos/

  22. Ramírez, Yenny. 2011. “Subjetividades contemporáneas: el yoga como práctica de sí”. Tesis. Maestría en Sociología. Universidad Nacional.

  23. Uribe, Carlos Alberto. 2008. El yajé, el purgatorio y la farándula. Revista Antípoda (6):

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  25. Vélez, Andrea y Augusto Pérez. 2004. Consumo urbano de yajé (ayahuasca) en Colombia. Adicciones.16 (4): 1-10.

  26. Weiskopf, Jimmy. 2002. Yajé. El nuevo purgatorio. Bogotá: Villegas Editores


[1] Algunos autores establecen una distinción entre cuerpo, que pertenecería al plano de lo biológico-material, y corporalidades, que referiría más la construcción social y las percepciones del cuerpo. Distanciándonos de este planteamiento, seguimos la conocida línea de argumentación de Judith Butler (2002, 2007) de que lo que aparece como biológico es también una construcción histórico cultural bien particular, y que los discursos y significados no sólo suponen una materialidad sino que, a través de las constantes prácticas performativas, producen materialidades. Por tanto, el cuerpo es tan discursivo y resultado de la performatividad como lo son las corporalidades y, éstas últimas involucran materialidades y apelación a la imaginación biológica tanto como el cuerpo.


[2] Entrevista a Santiago Jiménez, practicante de Tai Chi. Viernes 3 de mayo de 2013. Bogotá.


[3] Entrevista a Santiago Jiménez, practicante de Tai Chi. Viernes 3 de mayo de 2013. Bogotá.


*Pontificia Universidad Javeriana PUJ, Bogotá, Colombia / Maestría en Estudios Culturales / Aylin.torregoza@gmail.com - @AylinTorregroza - restrepoe@javeriana.edu.co - http://www.ram-wan.net/eduardo-restrepo/

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