Representación -lo Uno lo Otro- Masculino y Femenino*


La autora: Universidad Pedagógica Nacional UPN, Bogotá, Colombia - Licenciatura en Filosofía /

killer_jmf@hotmail.com


En efecto el orden que conlleva a que exista un socius no es casual, la organización binaria que supone las categorías genéricas de Mujer y Hombre se establecen en presupuestos que atañen a las estructuras de poder; ahora bien “cuando empleo las palabras ¨mujer¨ o ¨femenino¨ no me refiero a ningún arquetipo, a ninguna esencia inmutable; detrás de la mayoría de mis afirmaciones es preciso sobreentender ¨en el estado actual de la educación y las costumbres¨” (de Beauvoir 2010 p. 205)


La mujer y el hombre son presupuestos objetivos, sobre conceptos explícitamente supuestos por un concepto dado, la representación es pues la forma en cómo dichos conceptos se hacen al cuerpo, “por lo tanto la forma más general de la representación se halla en el elemento del sentido común como recta naturaleza y buena voluntad” (Deleuze 2006 p. 204) el hecho de que se establezca que se nace siendo mujer u hombre ya dota de cierto carácter de naturalización dichos presupuestos, “en ese sentido, el pensamiento conceptual filosófico tiene por presupuesto implícito una Imagen del pensamiento pre filosófica y natural, tomada del elemento puro del sentido común (…), a esa imagen del pensamiento podemos llamarla imagen dogmática u ortodoxa, imagen moral [cada imagen del pensamiento varia, se le agregan rasgos, se le quitan] por ello no hablamos de tal o cual imagen del pensamiento, variable según los filósofos, sino de una sola Imagen en general que constituye el presupuesto de la filosofía en su conjunto” (Deleuze 2006 p. 204 – 205)


La tradición filosófica mantenida en buena parte por una lectura focalizada en el principio de no contradicción Aristotélico que de paso también se acentúa en una dimensión binaria de la filosofía y sus conceptos, lo bueno-lo malo pasivo-activo arriba-abajo mujer-hombre, sedimenta la concepción de representación que existe sobre los cuerpos de lo que se ha concebido como mujer y hombre.


En esta investigación debo decir que propendo a la elaboración de una filosofía sin presupuestos, que no parta de la Imagen del pensamiento sino “de una crítica radical de la Imagen y de los ¨postulados¨ que implica (…), por eso mismo hallaría se repetición auténtica en un pensamiento sin Imagen, aunque a costa de las más grandes destrucciones” (Deleuze 2006 p. 205)


Podemos hablar de una cantidad de facultades que rodean cada cuerpo, dado su sistema social o educación, lo sensible, lo memorable, lo imaginable y lo inteligible pueden ser en tanto tales facultades, se debe decir que existe el modelo, el cual cobra total importancia en cuanto su oficio estriba al reconocimiento, “el reconocimiento se define por el ejercicio concordante de todas las facultades sobre un objeto que se supone es el mismo: es el mismo objeto, que puede ser visto, tocado, recordado, imaginado, concebido” (Deleuze 2006 p. 206-207), ya el principio de no contradicción contribuye a fijar al modelo exhibiendo en primer momento la imposibilidad de ser y no ser al mismo tiempo, en el mismo cuerpo, sólo se puede ser en tanto un sentido único; así bien cada cuerpo es reconocido por las facultades que lo marcan como idéntico a otro cuerpo “o más bien, cuando todas las facultades juntas relacionan lo dado y se relacionan ellas mismas con una forma de identidad del objeto. Por lo tanto, el reconocimiento requiere simultáneamente un principio subjetivo de la colaboración de las facultades para ¨todo el mundo¨ es decir, un sentido común” (Deleuze 2006 p. 207)


Dado este punto es necesario esbozar qué es el sentido común, en estos términos decimos que el sentido común hace la identidad, la forma, mientras el buen sentido la reparte y distribuye de modo tal que podamos calificar como éste o aquel a cualquier cuerpo, contribuyendo así a una serie de asignaciones identitarias que se inscriben sobre el cuerpo, son dos instancias que se complementan y como efecto provocan el reconocimiento del cual se desglosa la representación. El buen sentido es distribuidor al tiempo que reparte uniformiza, apoyado en el hábito, para anular la diferencia o permitir sólo la necesaria, pues tanto el sentido común como el buen sentido deben procurar ser dinámicos para garantizar modelos de individuación y evitar así el aniquilamiento por la diferencia, uniformizando las diferencias que tienden a escapar, haciendo dos movimientos hacia: lo objetivo-subjetivo y hacia la regla de repartición universal-regla universalmente compartida (Deleuze 2006 p. 339), dando como fin un sentido único.


Dicho fenómeno lo podemos observar en situaciones como la del embarazo, donde incluso antes de nacer el nasciturus ya es calificado de mujer u hombre, el sentido común nos permite asignarle una identidad, su identidad genérica, el buen sentido nos permite encontrar mujeres u hombres en cualquier parte del globo terráqueo, modelos que en buena parte conservan un sentido único, pero a los cuales se les agregado o quitado rasgos, un ejemplo de ello son las dinámicas llamadas metrosexuales, la posibilidad de que los hombres puedan participar de la vanidad por medio del consumo y sigan siendo modelos masculinos, ésta es pues una dinámica que uniformiza nuevamente en pro de evitar la crisis o el aniquilamiento de la representación, y tal importancia radica en que la representación tanto para el capitalismo como para el patriarcado es muy conveniente, dado en el patriarcado la representación va directamente ligada a relaciones de poder que otorgan privilegios jerarquizando y excluyendo, el capitalismo se aprovecha de tales fronteras entre hombres y mujeres fortaleciéndolas con productos de consumo que caracterizan dicha frontera como desodorantes para hombres de verdad, o maquillaje que te hace bella y femenina, claro está que el capitalismo a diferencia del patriarcado está dispuesto a disminuir dichas fronteras en pro del mismo consumo, constituyendo así un nuevo fenómeno de representaciones infinitas: hombres metrosexuales, hombres clásicos, hombres intelectuales etc., siempre dinamizando.


En este punto podemos introducir la noción de estratos que Deleuze utiliza para hacer claros los modos de subjetivación y sujeción que se tornan alrededor del cuerpo por medio del saber, del discurso y de la constante acción del poder sobre éste. El primer estrato que impulsa a poblar los cuerpos es el de la organización, el organismo como tal, que se enuncia desde el discurso médico quien conduce lo biológico para el caso macho o hembra, en segundo lugar está el estrato de la significación, que condensa la representación, unificando lo molecular tomado para este análisis como lo femenino y lo masculino y el tercer estrato que termina siendo una intersección entre la organización y la significación es la subjetivación, es decir la asignación a cada quien, existen varias subjetivaciones en un mismo cuerpo, madre, esposa etc., para lo cual existen la mujer y hombre exhibiendo así que ningún cuerpo escapa a dichos estratos. Así pues, desde el dispositivo patriarcal se conducen estratos de organización del cuerpo según lo biológico desde el aparato reproductor, que conlleva a una representación de dicho cuerpo en femenino o masculino y a una asignación de subjetivación como seres binarios mujer u hombre; en la continua hiperclasificación de los cuerpos, impidiendo la organización inmanente del deseo.


La mujer y el hombre son efectos, “no hay causas y efectos en los cuerpos: todos los cuerpos son causas, causas unos en relación con los otros unos para otros” (Deleuze lógica del sentido p. 9) los efectos de las causas de los cuerpos son incorporales, “efectos incorporales que resultan de los cuerpos” (Deleuze LS p. 9), lo cual indica que sostener que se nace mujer, indígena, esclavo o blanco es imponerse y hacerse antes del cuerpo, valga aclarar en ningún momento se está negando al cuerpo, lo que se expresa es que ninguno de esos cuerpos está dado en sí mismo, es pues una construcción simbólica incorporal la que se hace sobre el cuerpo, el efecto se hace en la existencia, en la asignación y el comportamiento que conllevan al reconocimiento y la representación; pero bien aquí es donde debemos incluir a la diferencia, se debe decir que a grandes rasgos existen dos modos de comprender la diferencia; el primero de ellos un poco más tradicional y común de entender, se hace referencia a la diferencia constituida desde su antípoda para afirmarse a sí misma. La constitución de lo Uno a partir de lo Otro; lo Uno en términos de aquello transcendental, lo esencial quien arriesga y participa ampliamente del espacio político público y privado; por su condición es quien heterodesigna, quien categoriza, no es quien quiere sino quien tiene determinado poder, a su vez lo Otro es la alteridad, lo inesencial, débil, permanente en una condición histórica de exclusión, aquí se debe entender que se está refiriendo a las tendencias binarias sustentadas bajo la categoría del género, a lo cual corresponde decir a hombres y mujeres; el hombre como lo Uno quien define y la mujer como lo Otro quien es definida; sobre el segundo modo de entender la diferencia haremos alusión más adelante.


No podemos pasar por alto que el cristianismo es una enorme fuente en la cual se sustenta lo Uno y lo Otro, pues en este se conserva “la división entre el cuerpo y el alma, entre la vida y el espíritu: el pecado original hace del cuerpo el enemigo del alma; todas las ligaduras carnales se presentan como malignas” (de Beauvoir 2010 p. 170) la mujer nunca deja de ser lo Otro en el cristianismo, es quien encarna el pecado, la tentación, el mal “preciso es volver a citar las palabras de Tertuliano: ¡Mujer! Eres la puerta del diablo. Tú has persuadido a aquel a quien el diablo no osaba atacar de frente. Por tu causa hubo de morir el Hijo de Dios. Deberías ir siempre vestida de luto y harapos” (de Beauvoir 2010 p. 170) la edad Media es el periodo que más claramente condena el cuerpo como una ignominia y más el de la mujer, pasivo pero maligno, impuro e inútil.


En la alteridad en lo Otro, se hace la mujer incluso “el griego no encuentra en la prisionera del gineceo al semejante que reclama: por eso deposita su amor en compañeros masculinos cuya carne está habitada, como la suya, por una conciencia y una libertad; o bien se lo dedica a la hetaira, cuya independencia, cultura e inteligencia casi las hacen sus iguales” (de Beauvoir 2010 p. 173)


Dentro de la cultura cristiana donde el cuerpo es maldito y el de la mujer la tentación y el pecado, el varón demuestra sobre ese cuerpo femenino y en su posesión que ha triunfado sobre el pecado, poseyéndolo pero sin dejarse poseer, ha demostrado el varón como si es una criatura entregada a Dios, siendo la mujer el resguardo del pecado, es el elemento a tener en cuenta cuando a la Gracia de Dios se quiere entregar el hombre, el esquivo o buen trato hacia ésta lo conducirá o no al cielo; así la mujer también pasa a ser honrada pero sólo en tanto sierva “no pierde ninguno de sus atributos primitivos [atributos como dar la vida mientras se mistifica con la Tierra]; pero cambian de signo (…), la mujer pertenece a la Naturaleza, está cruzada por la corriente infinita de la vida; de modo que aparece como mediadora entre el individuo y el cosmos [María es el mejor ejemplo su labor de madre le permite interceder por los hombres ante su hijo y ante Dios] (…), reconocerse hijo de su madre es reconocer a su madre en él, es integrar la feminidad en tanto que ésta es ligazón con la tierra, la vida, el pasado” (de Beauvoir 2010 p. 175), es pues la madre el mundo que os penetra todo entero, también la madre reproduce en buena parte el patriarcado y las expectativas del capitalismo es ella quien en cada caso particular denunciará la presencia o ausencia del valor ,del estrato, he ahí la importancia de la familia, la esposa incluso no deja de ser madre con su esposo, éste se entrega a ella para recibir todos los cuidados que van desde el alimento hasta lavar sus ropas, la única posible diferencia con su madre biológica es que con su esposa procrea y recrea su apetencia sexual.


El hombre heterodesigna, hace lo Otro, y ello no sólo con el fin de poseerlo, sino para confirmarse en ello, hace al negro para confirmar que es blanco, hace esclavos para lucir su libertad, hace pobres para disfrutar de los privilegios económicos que le brinda la riqueza, hace mujeres para hacerse hombre; así mismo feminiza “no solamente las ciudades y las naciones sino entidades, instituciones abstractas, revisten rasgos femeninos: la Iglesia, la Sinagoga, la República, la Humanidad, son mujeres, y también la Paz, la Guerra, la Libertad, la Revolución, la Victoria. El ideal que el hombre se propone como lo Otro esencial, él lo feminiza, porque la mujer es la figura sensible de la alteridad” (de Beauvoir 2010 p. 182-183) incluso a la filosofía hay quienes la describen como la presencia de una mujer con las vestiduras rasgadas, juguetona e imposible de poseer, pero es eso lo que interesa de la filosofía a los filósofos, poseerla. El proceso dialéctico que condensa la relación de lo Uno y lo Otro se mantiene en la necesidad de fortalecer mí no-yo, la necesidad de proyectarse para encontrarse, en esa medida la feminidad y la masculinidad concretan el proyecto de hacer Uno por medio de lo Otro y viceversa.


Durante mi ejercicio de práctica docente desarrollé algunas encuestas [Anexo 1] en el colegio donde la realizaba, esto con el fin de poder conocer las perspectivas de las gentes alrededor de aquel misterio de lo femenino y lo masculino, así como también poder partir de una hipótesis sobre aquellos “misterios” desarrollarla y a través de ello concebir la feminidad y la masculinidad desde otra mirada que no sea en un único sentido. Teniendo en cuenta lo anterior la siguiente es una parte de la encuesta diseñada, con las respuestas generales y la conclusión a la que llegue en cada pregunta.


Las siguientes nociones de lo masculino y lo femenino reproducen lo leído en dichas encuestas:


¿Eres mujer, hombre u otro?


Todas y todos a excepción de una persona que afirma ser otro, aseveran ser mujeres u hombres.


Conclusión: asegurar reconocerse como mujer u hombre permite establecer su principio de identidad, por ello es algo de lo que no dudan; decidí tomar algunas respuestas literales para evidenciar la forma en cómo se expresan en la escritura los estudiantes, a ello se deben los errores de ortografía


En respuesta a la anterior pregunta, responde ¿por qué eres mujer, hombre u otro?


Se es mujer, hombre u otro debido a la crianza familiar, que conlleva a una identificación social, lo que por supuesto configura determinado comportamiento; la experiencia y la apariencia constituyen su identidad genérica, el gusto por el sexo opuesto, la posesión de hormonas femeninas o masculinas, el nacimiento con determinados órganos y la voluntad de dios, responden a por qué son mujeres u hombres.


Conclusión: es curioso ver que su condición heterosexual sea el manifiesto de su identidad, así mismo como el condicionante natural preexistente a sus decisiones pues las hormonas femeninas o masculinas serán quienes determinen su género, a su vez manifiestan que la familia y la sociedad son también agentes definitorios.


En respuesta a la anterior pregunta, responde ¿Qué es una mujer? ¿Qué es un hombre? ¿Qué es otro?


Una mujer es de género femenino, es un bien común, es una hembra, es cuidadosa, delicada, bella, es quien da la vida por poseer pechos y vagina, es la compañía del hombre, es a quien le gusta el sexo opuesto y quien posee genes femeninos. Un hombre es de género masculino, es autónomo, es macho, rudo, posee mando, es fuerte, trabajador, es machista tiene pene y testículos, es abusador, heterosexual y “es el que compone a la mujer”. Un otro es gay, es alguien que quiere ser de otro sexo, es una persona indefinida y que posee dos sexos.


Conclusión: al momento de definir una mujer suelen hacerlo desde características que implican el cuidado, por supuesto está asociada a la feminidad y la ternura, le dan más características estéticas que al varón; a éste por el contrario se le asocia a la destrucción y el abuso, y fue muy frecuente ver que “es un asunto de tener pene, eso de ser hombre”, a su vez es sinónimo de masculinidad la fuerza y la rudeza, es de resaltar que el hombre no está asociado a la vida mientras la mujer sí; y el otro quien a mi punto de vista puede ser un indeterminado o una mujer masculina…, es un intersexual, o gay, no le dieron características definitorias como al hombre y la mujer, por el contrario fueron un poco despectivos.


Llegado el punto sobre la feminidad y la masculinidad, así se refirieron:


¿Qué es la feminidad? ¿Qué es la masculinidad?


En general la feminidad y la masculinidad son la personalidad de cada género, y para otros son el género; la feminidad está asociada a la delicadeza, la debilidad, la fragilidad, la inteligencia, a la mujer, al cuidado; es un aspecto biológico, que le concierne sólo a las mujeres lo que la hace opuesta al machismo; por su lado la masculinidad hace referencia a la fuerza, la agresividad, la intolerancia, es la esencia de un hombre, “lo que lo hace más macho”, es un aspecto biológico y es el machismo.


Conclusión: tanto la feminidad como la masculinidad son aspectos biológicos que a mi entender están sujetos a reforzar relaciones binarias basadas en la diferencia del No-Yo, la diferencia no en sí misma sino estipulada en lo que no soy; así bien sigue siendo asunto femenino el cuidado lo que hace ver la masculinidad como déspota; siguen siendo muy fuertes aquellas perspectivas conservadoras que suscitan a pensar que la sensibilidad sigue siendo asunto de las mujeres, y que el machismo es una reproducción a manos de los hombres, las mujeres no son según esto responsables del patriarcado.


¿Una mujer que carece de feminidad, sigue siendo mujer? ¿Un hombre que carece de masculinidad, sigue siendo hombre?


Las respuestas están divididas algunos defienden están quienes consideran que no se puede ser mujer u hombre carentes de feminidad o masculinidad pues es faltar a “la esencia que los constituyen como un hombre o como una mujer”, y a la falta de esta se convertiría en el género opuesto. A su vez están quienes creen que sí se sigue siendo mujer u hombre sin feminidad o masculinidad pues son los órganos quienes los constituyen, “pues sencillamente no dejan de ser lo ninguno de los dos ya que sus aparatos reproductores siguen siendo los mismos”


Conclusión: se pueden seguir dos ideas claras, algunos argumentan a favor de seres inmutables e inmóviles, determinados encerrados en su propia diferencia binaria y otros que no expresan más que la labor del organismo como referente identitario del ser, aquí el organismo tiene una labor relevante, es el cuerpo quien representa el orden a seguir.


Es pues la feminidad símbolo de la pasividad, la fragilidad, la debilidad, la belleza, la mujer ,mientras la masculinidad simboliza la fuerza, la violencia, la protección, el varón [Ver anexo 1], la mujer es lo Otro que le permite al varón erigirse sin oponerse, “de ahí que sea tan necesaria para la dicha del hombre y para su triunfo (…), es decir que la mujer resulta necesaria en la medida en que subsiste como Idea en la que el hombre proyecta su propia trascendencia, pero es nefasta en tanto que realidad objetiva, existiendo para sí y limitada a sí misma” (de Beauvoir 2010 p. 190-191), esto le provee al varón cierta inmunidad moral frente a la infidelidad por ejemplo, no se le juzga de la misma forma que a la mujer, la acción de ésta es asignada como una desvergüenza, un deshonor una mala mujer, aunque también se juzga al varón que sufre la infidelidad de una mujer, porque se considera que no logró dar el correcto lugar a la mujer, éste se lo dará en el castigo, como la lapidación práctica altamente conocida como castigo al adulterio femenino en buena parte de oriente; aquí se hace intrínseco el hecho que en palabras de Beauvoir consigna que todo lo que poseemos nos posee a la vez (…), el hombre proyecta en ella cuanto desea y teme, lo que ama y lo que aborrece (…) el hombre se busca todo entero en ella, y ella lo es Todo. Sólo que Todo sobre el modo de lo inesencial: es todo lo Otro.


El niño reconoce el mundo por medio de los juegos en donde rivaliza con otros niños, la violencia, la fuerza, levantarse y no llorar, el no aceptar el dolor, dan forma a una existencia diferente donde se trata de hacerse opuesto a lo femenino, masculino, todo el tiempo se hace pensando en la mujer, en la feminidad, así traduce las conductas correctas y las inconvenientes, “por el contrario en la mujer hay un conflicto al principio, entre su existencia autónoma y su ¨ser otro¨. Se le enseña que, para agradar, hay que tratar de agradar, hay que hacerse objeto, y, por consiguiente, tiene que renunciar a su autonomía” (de Beauvoir 2010 p. 220)


Queda visto como la fuerza, la actividad que se otorga en la masculinidad como esencia del varón es implícita a desarrollos o tratamientos sociales, de igual forma la pasividad y fragilidad de la feminidad como esencia de la mujer es un rasgo tratado desde la infancia y los propios juegos con muñecas, cocinas, bebes que orientan sobre su futuro y la realidad a la que pertenece por poseer ese cuerpo, la mujer como sirvienta e ídolo se realiza en los juegos, la muñeca es la perfecta sincronía de quien sirve y del artificio, por ello estipular que la condición en biológica de la pasividad o la actividad, tanto en uno como en otro caso, es naturalizar las circunstancias sociales reproducidas en la escuela, la familia o la religión, “la inmensa suerte del niño consiste en que su manera de existir para otro lo anima a plantearse para sí mismo” (de Beauvoir 2010 p. 220), por ello para la mujer que osa comportarse de otra forma se le interpreta como una mujer con educación viril, feminizarse implica la aceptación de la pasividad de la dependencia “ser femenina es mostrarse impotente, fútil, pasiva, dócil (…), toda afirmación de sí misma disminuye su feminidad y sus oportunidades de seducción” (de Beauvoir 2010 p. 277), eso la lleva a no creer en su fuerza, a no emprender a desconfiar de su cuerpo, de sí misma aceptando entonces el lugar que la sociedad le otorga; ser humano y varón no se contraria, mientras en la mujer si hay una gran brecha entre su cuerpo y su condición femenina, incluso la masturbación afirma dicha brecha, mientras para los hombres es una práctica expuesta en todas sus conversaciones, para la mujer es motivo de vergüenza lo que incluso la lleva a no practicarla, generando un gran desconocimiento sobre su cuerpo y al mismo tiempo dándole al hombre la labor de explorar y revelar su cuerpo, es por la mediación de éste que muchas mujeres crean total dependencia y sólo estiman su vida sexual en compañía de él; como queda manifiesto en el Taller con la Red de mujeres productoras y productivas de Ciudad Bolívar llevado a cabo en la Casa de la Mujer durante mi práctica, donde una mujer afirmó: yo no me arreglo porque no tengo marido y otras tanto manifestaron el descuido por su cuerpo por siempre estar resolviendo las situaciones de los demás.


En tanto muchas mujeres deciden asumir sus deseos dejan también de ser deseadas por comportarse de una manera viril, lo cual genera desconfianza en el varón pues no la puede poseer; “así, pues, cada vez que se comporta como ser humano, se declara que se identifica con el macho. Sus actividades deportivas, políticas, intelectuales, su deseo por otras mujeres, son interpretados como una ¨protesta viril¨ (…), el gran malentendido sobre el que descansa ese sistema de interpretación consiste en que se admite que para el ser humano hembra es natural que haga de si una mujer femenina (…), la verdadera mujer es un producto artificial que la civilización fabrica como en otro tiempo fabricaba castrados; sus pretendidos ¨instintos¨ de coquetería, de docilidad, le son insuflados del mismo modo que al hombre el orgullo fálico (…), si su opción se confunde con la de la virilidad, es en la medida en que la feminidad significa hoy mutilación” (de Beauvoir 2010 p. 349), la condición femenina no es un asunto de incapacidad o debilidad mental, es una construcción incorporal sobre el cuerpo de la hembra, si las mujeres dejan muy pronto sus estudios, o no conciben un mundo más allá de los muros del hogar, la razón está en lo poco que compromete de sí misma y en un inequitativo acuerdo que hace que participen de forma distinta sus intereses, donde generalmente la familia y las costumbres la apoyan. Mientras del comportamiento y la representación de otro dependa ser mujer u hombre ninguna subjetividad puede ser expresada.


En tanto el orden de la feminidad hacia lo pasivo y el orden de la masculinidad hacia lo activo engendran una percepción del cuerpo desde el mismo acto sexual, pues la sexualidad tampoco está por fuera de lo político, también se estipulan roles que desencadenan en jerarquías. ¿Qué podemos decir de lo pasivo y lo activo? Veamos dichas condiciones como afecciones, la forma en como un cuerpo es afectado por otro cuerpo o por otra cosa, que por supuesto los cuerpos no son afectados por las mismas cosas, ni de la misma manera e intensidad; pero dejemos abierta la posibilidad, el poder, de afectar y de ser afectados, pues “lo que puede un cuerpo es la naturaleza y los límites de su poder de ser afectado” (Deleuze ¿qué es lo que puede un cuerpo? P. 204)


Foucault nos muestra en un estudio acerca de Artemidoro (escritor Grecorromano de “la clave de los sueños”) como las dinámicas de lo activo y lo pasivo son condicionantes del acto sexual, como condiciones de superioridad e inferioridad: “la penetración coloca a los dos copartícipes en una relación de dominación y de sumisión; es victoria por un lado, derrota por el otro; es derecho que se ejerce para uno de los copartícipes, necesidad que es impuesta al otro: es estatuto que se hace valer o condición que se soporta; es ventaja que se aprovecha, o aceptación de una situación cuyo beneficio se deja a los demás” (Foucault 1998 p. 32); ciertamente la penetración es protagonista aquí de la demarcación de la condición activa o pasiva, “la penetración. Es ésta la que parece constituir la esencia misma de la práctica sexual, la única en todo caso que merece retenerse y que tiene sentido en el análisis del ensueño. Mucho más que el cuerpo mismo, con sus diferentes partes (…), el acto sexual aparece como calificador de los actos sexuales (…), y sobre todo sus dos polos de actividad y de pasividad” (Foucault, 1998 p. 30), es menester decir que la penetración está asociada a la actividad, pues es quien domina, saca placer, o posee; por su parte ser penetrado conduce a la pasividad, es quien se deja poseer y no necesariamente padece placer.


Pueden parecernos ideas o percepciones arcaicas, sin vida contemporánea, pero recodemos un poco las declaraciones dadas por el senador Roberto Gerlein del partido conservador, quien el año pasado afirmo que el sexo entre los varones homosexuales era de asunto excretal, completamente anti-natural, mientras el sexo entre mujeres lesbianas era inofensivo; no sólo es curioso que para Artemidoro –a diferencia de Gerlein- el sexo entre hombres no sea antinatural, mientras entre las mujeres es completamente abominable y contra natura, “la razón (…), la de la penetración: por un artificio cualquiera, una mujer usurpa el papel del hombre, toma abusivamente su posición , y posee a la otra mujer (…), está tan fuera de lo natural como la relación de un humano con dios, o un animal” (Foucault, 1998 p. 27); también es curioso ver que el senador configura el sexo sólo mediante la penetración, de un varón a otro varón, y en tanto las mujeres no poseen falo, su sexo no se hace abominable, pues es mera pasividad, mientras Artemidoro asume que el sexo entre mujeres siempre implica la penetración, donde una se torna activa y otra conserva su pasividad.


Desde Artemidoro también se evidencia un orden natural en la posición del acto sexual “frente a frente, con el hombre echado encima de la mujer” (Foucault, 1998 p. 25), cubriendo todo el cuerpo de ella, es un dueño entonces de todo el cuerpo de la compañera. Es claro entonces el protagonismo del varón, la importancia de la penetración como constituyente del acto sexual, y de sus dos polos el activo y el pasivo. De esta forma es como la estructura patriarcal conduce los cuerpos y sus actos; es pues el dispositivo patriarcal quien no solamente configura el afuera sino en tanto desde el adentro, desde la familia, la relación conyugal, a la que se hace referencia no sólo en tanto matrimonio, dando así un orden de lo activo y lo pasivo en tanto se posean determinados órganos, para el caso el falo y la vagina.


Ahora bien, el cuerpo varía según las afecciones de las que padezca.


La constitución del cuerpo según normas binarias sólo refuerza el poder Heteróclito, el dispositivo, para tal las sociedades de control; ello nos lleva a plantear que no sabemos nada de un cuerpo, pues siempre está siendo delimitado y bordeado.


La influencia de otros cuerpos u otras cosas sobre un cuerpo es pues la afección, de allí que un cuerpo esté en constantes cambios; por supuesto se debe decir que existen dos tipos de afecciones: la afección pasiva y la afección activa; los cambios, las afecciones se dan por la influencia de otros cuerpos, no se explica por la sola naturaleza del modo existente.


Las afecciones pasivas son proclives a la impotencia, a la improductividad, no afirman nada porque no expresan nada, solamente nuestros límites, la potencia de actuar; es esta la potencia de padecer, la afección pasiva de la impotencia que nos separa de lo que podemos “la fuerza pasiva no es una fuerza autónoma, sino la simple limitación de la fuerza activa. No sería una fuerza sin la fuerza activa que limita (…), una afección pasiva que soportamos no es sino el efecto de un cuerpo sobre el nuestro” (Deleuze p. 210- 215) es decir, dicha afección no corresponde en nada a que se posea tal o cual órgano, no es una afección dada biológicamente, es un padecimiento fruto de las relaciones intersubjetivas no es una condición esencialista.


Contrariamente la afección activa es positiva y afirmativa, es la potencia de actuar, la pura potencia, lo que puede un cuerpo; pues sólo actuando conocemos el poder de ser afectados, el poder de la fuerza de actuar, lo que propicia que ya no se conserven las mismas relaciones que ese cuerpo ha forjado, pues bien se ha dicho el cuerpo varía según sus afecciones. Las afecciones activas desencadenan en fuerza o potencia de actuar. Podemos ver las afecciones pasivas en términos de Foucault: el poder es la acción sobre la acción del otro, las fuerzas activas serían la inconformidad por los efectos del poder sobre mi cuerpo que me llevan a conducir mi existencia de forma diferente, haciendo una suerte de contra-poder; dado “mientras permanezcamos en afecciones pasivas, nuestra potencia de actuar está ´impedida´ en igual medida” (Deleuze ¿Qué es? P. 213) queda de manifiesto que los órganos no determinan en ningún momento que se padezca la pasividad o la actividad por su presencia en un cuerpo, el falo no enuncia la actividad, ni el actuar pues “el hombre no asume orgullosamente su sexualidad sino en tanto que es un modo de apropiación del Otro” (de Beauvoir 2010 p. 165), es decir es una afección pasiva, porque depende enteramente del Otro para hacerse, es impotente para hacerse un deseo sin carencia, para producir su deseo, entonces “el hombre exalta el falo en la medida en que lo toma como trascendencia y actividad, como modo de apropiación de lo Otro; pero se avergüenza de él cuándo solamente lo ve como una carne pasiva a través de la cual es juguete de las oscuras fuerzas de la Vida” (de Beauvoir 2010 p. 165) aquí el orden de la activo y lo pasivo han cambiado, ya no son de la decisión de tener falo o no, pues el falo no es un condicionante de la actividad, y apropiarse de éste sin poseerlo de forma natural en el cuerpo no es de un uso varonil, es del orden de la desorganización del cuerpo de una descentralización binaria del cuerpo, en otros términos de procurarse su deseo en tanto acción o actividad por fuera incluso de los marcos biológicos del ´debido orden del cuerpo´, la penetración no es pues condición necesaria de la actividad sexual, es una acción contingente. El ser penetrado es un ser activo, pues ha afectado de tal forma otro cuerpo que éste se pronuncia de dicha manera; lo cual no refuerza la irónica idea antigua pero vigente sobre los abusos sexuales y las víctimas de tales como victimarias, no podemos negar que el cuerpo es sexuado y provoca incluso actividad en otro cuerpo sin ninguna intención, pero ello no justifica el abuso ni la invasión sobre otro cuerpo con el cual no se procure consenso alguno; pues el abuso sexual no es sino una de las más claras evidencias de lo tan arraigada a la sociedad entera que se encuentra el uso de la propiedad privada, donde los cuerpos también son propiedad o propietarios.


Así bien “la afección pasiva testimonia de nuestra impotencia y nos separa de lo que podemos; pero es verdad también que engloba un grado, por bajo que sea, de nuestra potencia de actuar” (Deleuze ¿Qué es? P. 223) los efectos del poder tanto capitalista como patriarcal no se ven afectados en tanto desde cada cuerpo afectado no exista ningún tipo de resistencia o intolerabilidad hacia tales; se hace pues necesaria la potencia de actuar como un mecanismo de resistencia que denota lo intolerables que nos son los efectos del poder, pues no sabemos ni siquiera lo que puede un cuerpo (…), no sabemos ni siquiera de cuales afecciones somos capaces, ni hasta donde va nuestra potencia” (Deleuze ¿Qué es? P. 217)



*Tomado del Archivo Documental “Cuerpos, sociedades e instituciones a partir de la última década del Siglo XX en Colombia”. Mallarino, C. (2011 – 2016). Tesis doctoral. DIE / UPN-Univalle.


Nota: sin referencias bibliográficas en el texto original enviado por la autora.

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