La educación privada y su influencia en la percepción del cuerpo.


 

RESULTADO DE INVESTIGACIÓN: Proyecto de investigación: “Las mujeres de la derecha poblana y los movimientos estudiantiles,entre 1950 y 1970”- Colegio de Historia, Facultad de Filosofía y Letras, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, México

 

Introducción*


Prestar atención al cuerpo, aceptarlo como objeto de estudio y ser capaz de historizar sobre él, es para los historiadores una actividad más o menos reciente, en primer lugar, es preciso superar las jerarquías culturales, basadas en la tradición judeo-cristiana, según la cual la mente o el alma son superiores al cuerpo. En segundo lugar, localizar un tema donde el estudio del cuerpo ayude a precisar la investigación.


El presente estudio forma parte del primer capítulo de mi trabajo de tesis que versa sobre Las mujeres de la derecha poblana y los movimientos estudiantiles, entre 1950 y 1970. En este apartado se busca construir el concepto de derecha, ya que derecha, ultraderecha o izquierda no designan contenidos inmutables, estos cambian según los tiempos y situaciones concretas. La investigación exige armar el concepto de derecha en torno a lo femenino, es decir, alrededor de una identidad e incorporar la relación con su cuerpo que incluye de manera especial la maternidad, la familia y la expresión misma de ser mujer, incluida la feminidad, el pudor, la abnegación y sumisión.


Ahora bien, ¿cómo acercarse al estudio de cuerpo? Es necesario partir de que el cuerpo posee un significado social diferente, en donde cada cultura lo ha representado, controlado, percibido y construido de maneras diversas, por lo tanto, el cuerpo no es categoría universal desde el punto de vista cultural, es una construcción social que responde a una cultura en particular. Apoyarnos en explicaciones de sus representaciones en el discurso con teorías posestructuralistas y deconstruccionistas, abandonar el empirismo por la teoría, centrarnos en el análisis del discurso conlleva el riesgo de una generalización, una extrapolación descontextualizada que no sirva para explicar la multiplicidad social[1]. Siguiendo a Roy Porter, la investigación empírica es válida y para evitar flotar en el análisis del discurso se puede recurrir a métodos tradicionales empíricos[2], los cuales proporcionarían la información necesaria para la realización de estadísticas que junto con la decodificación de las representaciones del cuerpo para una sociedad determinada arrojen luz sobre la historia del cuerpo. Basándonos en lo anterior se revisaron diversos textos que ayudaron a esbozar un primer acercamiento a nuestro objeto de estudio, se incluyó Manuales de pedagogía y de compartimiento, algún testimonio de una profesionista educada bajo los preceptos de la escuela particular, así como textos que hablan de la educación privada en México.


Para acercarnos a la respuesta de cómo fueron construidas culturalmente las mujeres de la derecha y llegaron a consolidar su identidad, es necesario tomar en cuenta el papel que la escuela tuvo en su formación. La educación que recibieron en las instituciones particulares y religiosas de las cuales provenían, formaron su ideología, les formaron estereotipos a seguir, normaron su vida y le apoyaron a su propia identidad. En este ambiente detectamos un control del cuerpo mediante una ideología, basada en la moral religiosa. Una educación moral que exigía un poder de decisión limitado del cuerpo, fácilmente observable en la devoción mariana tan constante en los grupos de derecha.


El cuerpo en las aulas: disciplina escolar y pudor.


En un primer momento es necesario aceptar que el cuerpo representa diversos problemas: su indisciplina, su capacidad de impureza y su poder reproductivo. Los grupos sociales dominantes, llámense autoridades civiles o religiosos históricamente se han esforzado en regular el cuerpo, mediante la persuasión, la prescripción o la coerción física; sin embargo, han encontrado en la educación un excelente medio de reproducir restricciones, de controlar el cuerpo de los demás, de subordinar extremidades, carne y deseos, con un único propósito: el de conseguir un mejor orden social y religioso moral.


La educación de las mujeres se acerca más a la formación de la moral que a la obtención de conocimientos, finalmente su instrucción fue más un asunto privado qué público. El objetivo de su educación sobrevivirá hasta entrado el siglo XX. Consistía en la formación del alma, en el aprendizaje de buenos modales, ser buena y sumisa[3]. Esta necesidad fue atendida por los colegios de religiosas, si nos remontamos al siglo XIX en Europa se experimentó un florecimiento de congregaciones dedicadas al rubro de la educación femenina: Congregación de Santa Ana (1804), Instituto de Carmelitas de la Caridad (1826), Instituto de la Inmaculada Concepción (1845), La compañía de Santa Teresa (1876) entre otras muchas. Generalmente las órdenes provenían de Francia y se empezaron a instalar en España a partir de 1881. La mayoría de sus alumnos pertenecían a las clases medias cuya actividad fundamental era el prepararlas para una vida hogareña, en cuyo centro se colocaba a la religión, que fue la connotación más valorada en las mujeres[4].


¿Qué se enseñaba en los colegios particulares y por qué detenerlos en su estudio? La educación privada en México tiene dos grandes vertientes: las escuelas confesionales y las escuelas para comunidades extranjeras —llámense estadounidenses, españolas, alemanas o judías— éstas en su mayoría eran laicas. Sin embargo, las dos buscaban ofertar una educación diferente de la oficial. Las escuelas confesionales eran las formadas y dirigidas por diversas órdenes religiosas como los lasallistas, los maristas, los jesuitas, los salesianos entre otras, estas escuelas no concebían su función educativa sin la instrucción religiosa. Sin la religión y sin el Evangelio la educación estaría mutilada, sería incompleta, lo anterior puede tener solo un fin dañino para la alumna.


En Puebla, los colegios católicos experimentaron un crecimiento a partir del apoyo que encontraron en la figura de Ignacio Márquez y Toriz[5], desde mediados de los años cuarenta resultaron ser una excelente opción para los hijos de empresarios, políticos avilacamachistas y para las clases privilegiadas poblanas, aunque la asistencia de alumnos y alumnas de clase media fue una constante en este tipo de colegios[6]. Entre los colegios para varones encontramos el Instituto Oriente dirigido por Jesuitas, el Colegio Benavente de los hermanos lasallistas y el Instituto Pereyra de los hermanos de las Escuelas Pías. Por su parte las mujeres poblanas contaban con el Colegio América de las madres teresianas y el Colegio Central de las religiosas del Verbo Encarnado[7].


Estar al tanto de las bases metodológicas de escuelas jesuitas, lasallistas y maristas arroja luz sobre los principios cívicos, morales y religiosos que moldearon a sus alumnas. Los colegios particulares, a pesar de los esfuerzos de gobiernos derivados de la Revolución Mexicana en general —y de los ardores de la Secretaría de Educación y sus inspectores en particular— producen un tipo de educación clasista, presentan conceptos correspondientes a un esquema social definido, decididamente conservador, con el propósito expreso de mantener el orden social existente y evitar cualquier movimiento social o político que lo modificara. Refleja la ideología de la clase social más favorecida, que deseaba mantener sus privilegios[8].


Lo anterior se comprueba a través de las lecturas que hacían, los libros que leían y los consejos y valores que se desprendían de estas enseñanzas. La conocida historiadora Valentina Torres Septièn realizó una magnífica exposición de los textos que se utilizaron de manera frecuente en colegios particulares durante la primera mitad del siglo XX, de los cuales se extraen conceptos básicos para un determinado grupo social de ideología conservadora.


Les inculcan conceptos como el de familia, la autoridad del padre y las cualidades de la madre incluidas el sufrimiento y la abnegación; la ausencia de la madre en el hogar es leída como una tragedia, provoca una situación difícil y anormal, porque el deber de las mujeres es estar en casa al cuidado de los hijos. En síntesis, es una educación que refuerza los papeles tradicionales de los roles sociales y avala a la familia nuclear igualmente tradicional. Este tipo de familias son típicas de las ideologías de derecha.


Llama particularmente la atención la educación particular por su estrecho lazo con la religión, es posiblemente en este ambiente donde puede observarse de manera más clara el control del cuerpo que la tradición judeo-cristiana pretende inculcar en sus seguidores. Es en la clase de religión donde se formaban y moldeaban las convicciones de las alumnas y alumnos. Las temáticas que se trataban en esa clase seguían el modelo de los contenidos, actitudes y valores que la Iglesia quería transmitir a sus fieles, el santo temor a Dios, la oración y participación en las actividades litúrgicas eran primordiales. La transmisión de virtudes como la resignación, la sumisión, la obediencia, la modestia, el pudor y el recogimiento ocupaban gran parte del tiempo. Un amplio esfuerzo, merecían, el combate a la mentira, a la desobediencia, las faltas al respeto y a la moral, en estas últimas habría que tener especial cuidado, ya que el pecado sexual era uno de los más graves[9].


La educación confesional al basarse en su misión de apostolado reproduce la concepción católica del cuerpo, la del control, así las alumnas fueron enseñadas a dominar sus impulsos y a civilizar sus movimientos. Finalmente, el cuerpo se encuentra subordinado a sistemas de valores religiosos y sociales. La educación impartida en dichas escuelas establecía la regulación del cuerpo, el anarquista, el rey de la juerga, el emblema de los excesos en la comida, sexo y violencia[10], del que directamente ofende a la teología cristiana, el que se corrompe, en el que se imprimen los pecados. Desde este punto de vista la religión ha intentado —con gran éxito— restringir, reprimir y reformar los excesos del cuerpo.


Las formas de control inculcadas por la tradición católica tienen un carácter de autocontrol, la disciplina es fundamental en estos sistemas educativos, la insistencia en los buenos modales, la decencia, el decoro y el pudor constituyen buenas fórmulas para someter al cuerpo. En cuanto a la disciplina no es otra cosa que la libre sumisión de las voluntades a la regla. En la escuela la disciplina es un conjunto de prescripciones racionales y morales que permiten lograr con mayor facilidad y provecho la educación de las alumnas[11]. Una educación blanda debilita el carácter, extravía la conciencia, entrega el corazón y la voluntad sin defensa eficaz a los ataques de las pasiones, por el contrario, la aplicación de la disciplina escolar —que incluye la vigilancia, la emulación y la represión— inspira la obediencia al reglamento, respeto a la autoridad, guardar silencio de palabras y de movimientos, del mismo modo acostumbra a los alumnos a sacrificar sus caprichos y su egoísmo al deber y los ejercita en dominar y reprimir sus faltas[12].


En lo que respecta al pudor se apela a guardar lo más valioso: es pasar a un segundo plano lo corporal, se enseña que la virtud de ser pudorosa en la mujer es fundamental ya que defiende al cuerpo de la curiosidad o intromisión ajena y de la propia. Las formas en que se expresa el pudor resultan evidentes en la manera de controlar el cuerpo femenino, todas ellas relacionadas con la guarda de la propia intimidad: en el vestir, en la higiene personal, en el deporte, en las posturas, en el modo de hablar, en el trato con personas del otro sexo, en la natural reserva de sus cosas íntimas[13].


La vida en las aulas escolares nunca ha sido fácil, es en este espacio donde se enseñan las restricciones convenientes al cuerpo. La compostura de las niñas en clase exigía su vigilancia mientras leían y escribían, de lo contrario una mala postura puede perjudicar la amplitud y profundidad de las respiraciones[14]. Del mismo modo se les recordaba de cuando en cuando las precauciones higiénicas capaces de evitar enfermedades, las cuales incluían prevenciones relativas a los alimentos y a las bebidas, a las corrientes de aire, al frío de los pies, a los baños y bebidas frías. Con el fin de proteger el cuerpo de la enfermedad se prohíben o exigen determinadas actividades. La práctica de la pureza era considerada como un elemento de salud, mientras que la costumbre del vicio era a la vez un desorden moral y una violación a las leyes del organismo humano, fatal para la constitución física[15].


Las escuelas particulares en especial para la enseñanza femenina se auxiliaron en el uso de manuales y tratados de comportamiento que limitaron el uso y posición del cuerpo, era un intento de luchar contra la vulgaridad del lenguaje y de la compostura. Si retomamos del libro Reglas para la buena crianza civil y cristiana podemos cerciorarnos de los antes dicho:


Siempre has de tener el cuerpo recto, ya estés en pie, ya sentada, ó de rodillas: la cabeza algo baja por delante, sin inclinarla… No arruges la frente y mucho menos la nariz. Cuando no hablas, no tengas la boca abierta, ni los labios demasiado cerrados; y por lo que toda al ayre del rostro, pon cuidado á que no parezca triste, severo, ó espantado, ni sobradamente jovial y abierto, sino gravemente alegre, gracioso y tranquilo. No dejes desviar tus ojos acá y acullá sino tenlos algo bajos… Tanto como pudieras, no friegues las manos, no toques la barba, los cabellos, ni el rostro sin necesidad, no pongas la mano sobre el vestido, o sobre la mano de otro; tenlas siempre en situación honesta[16].


Un cuerpo que no es tuyo, limitado por convenciones sociales y morales, un cuerpo bruscamente sofocado, un espacio que no te corresponde, en síntesis, un ordenamiento sistematizado que multiplica el modelo ideal y típico de la mujer. Los colegios particulares resultaban sumamente atractivos al oponerse a la coeducación, de esta forma se controlaba la pureza femenina. En sociedades conservadoras el honor de la familia se deposita especialmente en el cuerpo de las hijas, mediante la virginidad.


La escuela católica concentra sus esfuerzos en la enseñanza del catecismo, que no debe ser considerado una lección como las otras, es aquí donde se localizan las verdades dogmáticas y las verdades morales necesarias para la formación de la vida cristiana. La enseñanza del catecismo provee de fuertes convicciones y de fe profunda contra la destrucción del espíritu cristiano, comunica a las niñas los conocimientos indispensables para la salvación eterna, hace que amen a la religión. La importancia del catecismo radica en que instruye a la niña sobre lo que debe practicar y lo que debe creer[17].


Iconos religiosos en la subjetividad femenina.


Desde mediados del siglo XIX la identificación social femenina de modelos de conducta femenina, expresados en la Virgen María[18] o en diversas santas y en ángeles fueron ganando espacio en la educación confesional, el efecto de esta influencia es duradero. La pureza de la virgen se convierte en el modelo de identificación, en el centro de la educación femenina, las jóvenes deben proteger su inocencia ante las tentaciones del cuerpo. Los modelos iconográficos que siguen las alumnas son cuerpos vestidos de blanco, posición ascensional, fervor, mirada noble, ojos bajos, modestia[19].


Las santas también jugaron un papel importante, tomemos un ejemplo. El Colegio América cuenta con una larga tradición en la ciudad de Puebla, con más de cien años de existencia ha moldeado la conciencia, el carácter y el saber de no pocas poblanas. Es un colegio dirigido por monjas teresianas, cuenta con todos los niveles de educación, desde kinder hasta preparatoria, encuentra su ideal de mujer en la inspiración a la imagen de su fundadora Santa Teresa de Jesús, monja carmelita, reformadora de su orden; muchas alumnas siguieron su vida como ejemplo de comportamiento, traigo las palabras de María de los Ángeles Díaz, arquitecta de profesión, teresiana de formación, quien realizó su educación básica en el Colegio América de 1947 a 1959:


Fue una revolucionaria en su época… la imagen de Santa Teresa, una monja muy fuerte, de carácter muy duro, que se enfrenta a la realidad de la vida, que no le tiene temor a nada, ese es el tipo de mujeres, en el que tratan de volverte, es el ideal que nosotras tenemos. En ese aspecto puedo pensar que a muchas de las teresianas nos hacen mujeres fuertes, con ideales que persiguen y los alcanzan, si el ideal era casarse, ese era el ideal, pero tenían que ser buenas madres, buenas amas de casa, si tenías el ideal de ser una profesionista como muchas de nosotras, tenías que ser muy buena profesionista, tenías que destacar en lo que ibas a ser, a base de tu trabajo, de tu esfuerzo, de tu tenacidad, de tu constancia, eso fue lo que aprendimos[20].


Toda la corte celestial ha servido de modelo al comportamiento humano, el cuerpo de mujeres, hombres, niñas, niños y adolescentes deben seguir los cánones religiosos, lo cual sigue vigente. Muchas alumnas ingresaban a asociaciones de católicos[21] promovidos por la jerarquía católica donde fortalecían su instrucción religiosa, consolidaban modelos de vida y se abrían al compromiso de acrecentar su fe mediante la aceptación de la verdad divina. Los miembros de La Legión de María centran su espíritu en imitar su profunda humildad, su perfecta sumisión, su dulzura angelical, su continua oración, su absoluta mortificación, su inmaculada pureza, su heroica paciencia, su celestial sabiduría, su amor a Dios y sobre todo, su fe[22]. Por su parte la juventud Católica Femenina Mexicana alberga a jóvenes solteras y célibes, tiene como modelo a Santa Teresita del Niño Jesús, la cual representa la fe inquebrantable de una joven que sufrió todo, por su amor a Cristo[23].


En las sociedades occidentales el mito mariano es el símbolo femenino por excelencia, en contraposición con Eva[24]. La inmaculada concepción, representa a una María asexuada, virgen, mártir y madre abnegada, es el ejemplo óptimo en donde las mujeres miden sus vicios y cualidades, se reconocen a sí mismas y revisan cualquier falta de sus sentidos. De esta forma el cuerpo sexual de las mujeres está reglamentado y vigilado por la religión, se trata de un modelo que ayuda a la vigilancia de la sexualidad.


Conclusiones.


Los colegios privados son espacios de educación e instrucción que dejan una huella profunda en sus egresadas, en no pocas ocasiones dirigen sus actividades futuras. Norman su comportamiento en el hogar, en su matrimonio, con su marido, con sus hijos, en su profesión, en los clubes, en la organización política, en las universidades.


Los dogmas trasmitidos en buena parte por la escuela católica permean la visión del mundo, mediante el establecimiento de modelos de comportamiento donde se forman sujetos de sexualidad a partir del bien (Virgen María) o el mal (Eva); estas figuras religiosas tienen un impacto en la subjetividad de las mujeres conformando su identidad.


La disciplina escolar, la enseñanza del pudor, la decencia y de los buenos modales son pilares de la educación privada y son, al mismo tiempo, formas de controlar y vigilar el cuerpo.




[1] Porter, Roy en Formas de hacer Historia. Burker, Peter (Coordinador) Alianza Universidad.

España, 1999, p.259.


[2] Porter expone la utilización de fuentes empíricas tradicionales como los registros de hospitales,

registros de bautizos y entierros, registros de admisión a orfanatos y escuelas, registros de

reclutamiento del ejército y la armada, el uso de la fotografía, por ejemplo.


[3] Duby, George y Perrot, Michelle (Coordinadores). Historia de las mujeres. Siglo XIX. Taurus,

España. 2001 pp. 625-626.


[4] Duby, George y Perrot, Michelle. Op. Cit. p. 630.


[5] Fue arzobispo de Puebla de 1945 a 1950. En 1920 fue secretario eclesiástico de la Asociación

Católica de Jóvenes Mexicanos en la arquidiócesis de Puebla y desde esos años se encontró

ligado a Acción católica y a diversas organizaciones católicas. Murió en 1950


[6] Para saber más sobre la presencia de las clases medias en escuelas particulares ver a Valentina

Torres Septién en Vázquez, Josefina. La educación en la historia de México. Lecturas de historia

mexicana. Tomo 7. Colegio de México, México, 1992.


[7] Dávila Peralta, Nicolás. Las Santas Batallas, el anticomunismo en Puebla. Gobierno del Estado

de Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Cuadernos del Archivo Histórico

Universitario. México, 2003.


[8] Torres Septién, Valentina. La educación privada en México 1903-1976. México, Colegio de

México y la Universidad Iberoamericana, 2004. p. 260


[9] Torres Septién, Valentina. Op. Cit. p. 262.


[10] Porter, Roy. Op. Cit. p.271.


[11] Edmundo Gabriel. Manual de pedagogía para uso de las escuelas primarias católicas. Librería

de la Viuda de Ch. Bouret. México, 1911. p. 110.


[12] Edmundo Gabriel. Op. Cit. p. 3


[13] Velasco, Magdalena. Feminidad y pureza. México, Editorial Minos, 1981. p. 29.


[14] Edmundo Gabriel. Op. Cit. p. 16


[15] Edmundo Gabriel. Op. Cit. p. 17


[16] Sin autor. Reglas para la buena crianza civil y cristiana. s. n.p.


[17] Edmundo Gabriel. Op. Cit. p.183


[18] Duby, George y Perrot, Michelle. Op. Cit. p. 228.


[19] Ibid.


[20] Entrevista de Karol Méndez Polanco a María de los Ángeles Díaz de León Flores, 6 de

septiembre de 2005.


[21] Unión Femenina Católica Mexicana, Juventud Católica Femenina Mexicana, Legión de María,

Voluntarias Vicentinas, Hijas de María Inmaculada, entre otras.


[22] http://wdb.sicomnet.edu.mx/arquidiocesis/html/MLLegionMaria.html


[23] http://acjm.tresuvesdobles.com/jcfm/jcfmpuebla.html


[24] Para saber más sobre los dos mitos de la religión católica: Eva y María ver a Quezada, Noemí

(Coordinadora). Religión y sexualidad en México. UNAM, México, 1997.


*Texto tomado del Archivo Documental “Cuerpos, sociedades e instituciones a partir de la última década del Siglo XX en Colombia”. Mallarino, C. (2011 – 2016). Tesis doctoral. DIE / UPN-Univalle.


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