Poética del movimiento corporal y vulnerabilidad: una reflexión desde la fenomenología ...

 

RESULTADO DE INVESTIGACIÓN: Este artículo presenta resultados del proyecto de investigación “Fenomenología del cuerpo y análisis del dolor” (FFI2013-43240-P), dirigido por el investigador titular del CSIC, Dr. Agustín Serrano de Haro, y financiado por la Dirección General de Investigación Científica y Técnica del proyecto del Ministerio de Economía y Competitividad de España, para el período 2014-2016.

 

Resumen


Cuerpo físico y cuerpo vivido no deben interpretarse como dos realidades separadas, sino que representan dos aspectos distintos de la misma experiencia corporal descrita en términos fenomenológicos. La experiencia de la corporalidad puede seguir dos direcciones: a) la primera es una dirección ascendente, que implica el desarrollo de las posibilidades de movimiento, acción y expresión del cuerpo en toda su plenitud; b) el otro camino o dirección, en contraste con el anterior, toma una senda descendente, y se halla estrechamente relacionado con la experiencia del dolor, de la limitación, de la resistencia corporal que es experimentada como oposición a la propia voluntad: es el cuerpo vulnerable. Aquí reaparece un nuevo dualismo: el cuerpo poético de la expresión frente al cuerpo vulnerable de la enfermedad y el dolor.


Mi contribución trata de cuestionar la idea de que el cuerpo poético de la expresión artística y el cuerpo vulnerable de la vejez, de la discapacidad o de la enfermedad, pertenezcan a esferas separadas. Con este propósito, se intenta poner de relieve los múltiples puntos de intersección entre ambas perspectivas, al tiempo que se sostiene que tales intersecciones pueden llegar a ser interesantes puntos de partida de la investigación interdisciplinar.


Palabras clave: Cuerpo poético, cuerpo vulnerable, expresión, fenomenología de la enfermedad.




Abstract


The physical body and the lived body are not two separate realities, but rather they represent two distinct aspects of the same corporeal experience phenomenologically described. This fundamental experience of embodiment could take at least two paths: a) the first is an upward direction, which involves the development of the possibilities of movement, action and expression of the body in all its plenitude; b) the other direction, in contrast with the former, takes a downward path, and is concerned with the experience of pain, of limitation, of the bodily resistance which is experienced as oposition to one’s own will: it is the vulnerable body. Here a new dualism reappears: the poetic body of expression and art versus the vulnerable body of illness and pain. My contribution aims at questioning the idea that the poetic body of artistic expression and the vulnerable body of ageing, of disability or of illness belong to two quite separate spheres. With this purpose in mind, I shall highlight the multiple points of intersection between both perspectives, and argue that such intersections may serve as interesting starting points of departure for interdisciplinary research work.


Key words: Poetic body, vulnerable body, expression, phenomenology of illness.



1. El paradigma del cuerpo vivido y la enfermedad


La fenomenología de la corporalidad inspirada o desarrollada, entre otros, por Husserl, Merleau-Ponty o Sartre -figuras mayores del movimiento fenomenológico-, ha sido aplicada con posterioridad por algunos autores a los temas y problemas que suscita el ámbito de la salud y la práctica de la medicina (Carel y Cooper, 2013: 1-19). Entre tales autores puede citarse a título ilustrativo a Richard Zaner (1981), Susan Kay Toombs (1987, 1988, 2001), Drew Leder (1992), Fredrik Svenaeus (2013) o Havi Carel (2007, 2008, 2012), en quienes es posible detectar como común motivación de fondo la preocupación por el carácter deshumanizante que conlleva una comprensión del cuerpo o la enfermedad en términos meramente mecánicos, naturalistas o biologicistas. Frente al cartesianismo del cuerpo-máquina -que se hallaría en el origen de la medicina moderna y del paradigma biomédico (Leder, 1992: 17)- la perspectiva fenomenológica revalorizaría la experiencia de la enfermedad vivida en primera persona, es decir, la experiencia de un cuerpo que se vive como vulnerable, doliente, limitado, falible, etcétera.


El punto de partida de tal planteamiento es, así pues, la distinción entre el “cuerpo objetivo de la ciencia” y el “cuerpo vivido de la experiencia”. Es preciso, entonces, establecer con claridad la diferencia entre ambas perspectivas: a) el cuerpo objetivo significa el cuerpo considerado como una realidad material, dotado de propiedades físicas (color, textura, forma) semejantes a otros objetos. Este cuerpo objetivo puede ser estudiado y analizado desde el exterior, en tercera persona, desde la perspectiva neutral y desinteresada del conocimiento científico, como en el caso, por ejemplo, de las investigaciones llevadas a cabo por la anatomía, la fisiología o la neuro-logía; b) a diferencia del anterior, el cuerpo vivido se refiere al cuerpo tal como éste es experimentado por el propio sujeto, como centro de orientación alrededor del cual se organizan las dimensiones espaciales del mundo circundante; como capacidad de movimiento, acción y relación con otros seres; como órgano mediador o instrumento del conocimiento sensitivo y como campo de localización de las sensa-ciones (Husserl, 1997: 183-201). Mientras que el cuerpo objetivo ocupa una posición geométricamente determinable en el espacio, junto con otros objetos físicos, el cuerpo vivido habita un espacio repleto de significación vital y mantiene con él múltiples conexiones existenciales.


Como diría Merleau-Ponty, el cuerpo viviente se halla en el espacio dirigido siempre hacia ciertas tareas, o polarizado por determinados objetos (1998: 94-97). Gracias a este nuevo paradigma del cuerpo vivido, en contraste con el paradigma del cuerpo objetivo, sería posible rehumanizar determinados aspectos de la práctica médica que habrían incurrido en una excesiva cosificación o naturalización del proceso de enfermar, así como una inadecuada desenfatización de la dimensión personal de la misma enfermedad, que afectaría finalmente a la misma relación médico-paciente. El trabajo de Toombs, en particular, ha resultado pionero en el desarrollo de una descripción de la experiencia de la enfermedad -especialmente de la enfermedad crónica e inhabilitante- a partir de la noción fenomenológicamente descrita del “cuerpo vivido”. Según el parecer de la autora, la medicina ha adop-tado en buena medida el paradigma cartesiano de la corporalidad, es decir, una concepción dualística que separa la mente y el cuerpo y que conceptualiza el cuerpo físico en términos exclusivamente mecánicos. Ahora bien, este paradigma es incompleto porque toma el cuerpo exclusivamente como un organismo biológico y deja de lado el hecho de que ese cuerpo es experimentado, internamente, por una persona, y más concretamente, es experimentado como siendo la persona misma:


El tradicional paradigma biomédico se centra exclusivamente siguiendo la línea cartesiana en el cuerpo-como-máquina, con una concu-rrente des-enfatización de la personalidad del paciente y la realidad e importancia de la experiencia humana de la enfermedad. Tal como ponen de manifiesto los críticos de este modelo, la enfermedad se conceptualiza exclusivamente en los términos de los datos cuantitativos abstractos de las ciencias naturales y la experiencia subjetiva del paciente no es tomada en cuenta por considerarse poco seria o irrelevante para la medicina (Toombs, 1988: 201-202. Traducción del autor).


Toombs ha mostrado en múltiples artículos cómo una adecuada relación de los profesionales de la salud con el paciente requiere poseer otra perspectiva sobre el organismo, es decir, la perspectiva que ofrece la consideración de la experiencia de la corporalidad por parte del sujeto que vive la enfermedad en primera persona (Toombs, 1987). Este paradigma une el cuerpo y la mente y sitúa al cuerpo en el centro de un mundo circundante.


Adoptando esta perspectiva fenomenológica se muestra la articulación fundamental de los tér-minos yo-cuerpo-mundo, que no deberían ser disociados, pero cuyo entrelazamiento y articulación se ve ampliamente distorsionado por la irrupción de la enfermedad. Desde el “paradigma del cuerpo vivido” la enfermedad es experimentada no tanto como un fallo específico en el funcionamiento del cuerpo biológico, sino mucho más fundamentalmente como una desintegración del mundo de una persona, en el que -según el parecer de Toombs- destacan especialmente la irrupción del desorden y la experiencia de la alienación, que conllevan un nuevo modo de estar en el mundo.1 La relación con el propio cuerpo, con el mundo circundante y con los otros se ve profundamente alterada a causa de los desórdenes motores que generan incapacidad, imprecisión, fatiga, etc.; el carácter problemático con el que se presenta el uso de objetos que anteriormente no entrañaban dificultad; la drástica reducción de la espacialidad inmediata o espontáneamente alcanzable; la ralentización de la temporalidad de las acciones o de las experiencias; la transformación de la imagen o el estilo corpóreo personal; la pérdida de la postura vertical, la pérdida de control sobre funciones fisiológicas básicas, la pérdida de sensibilidad, y un largo etcétera. En palabras de la propia autora:


“En uno u otro momento mi enfermedad ha afectado mi capacidad de ver, de sentir, de moverme, de oír, de ponerme en pie, de sentarme, de andar, de controlar mis intestinos y mi vejiga, y de mantener el equilibrio” (Toombs, 2001: 247. Traducción del autor).


Todo ello revierte en una falta de reconocimiento y de identificación con el propio cuerpo, que se llega a experimentar como un extraño, se trata de la experiencia de la “alienación” u “otredad del cuerpo” (otherness of body) (Toombs, 1988: 214). Un sujeto enfermo es paradójicamente un sujeto que no forma unidad con su cuerpo y esta pérdida de unidad es experimentada como un extrañamiento 2


NOTAS


1 No puede obviarse el hecho de que la autora es ella misma una persona aquejada de una importante enfermedad degenerativa (en su caso, una esclerosis múltiple), por lo cual puede comprenderse la viveza y la intensidad que caracteriza a sus descripciones. En este sentido es especialmente relevante su artículo “The body in multiple sclerosis: a patient’s perspective” (Toombs, 1992), donde pone de manifiesto cómo la enfermedad tiene una profunda significación existencial, porque afecta de manera general a nuestra manera de estar en el mundo. Siguiendo la misma dirección, puede destacarse el trabajo de Havi Carel, que desarrolla una fenomenología de la enfermedad a partir de su propia experiencia de persona aque-jada de una grave afección pulmonar (LAM, Lymphangioleiomyomatosis) (Cfr. Carel, 2008).


2 Desde una inspiración heideggeriana el concepto de extrañeza o extrañamiento (Unheimlichkeit) es una de las claves del análisis que realiza Fredrik Svenaeus (2013) de la situación existencial de hallarse enfermo.



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