La traducción de términos corporales de la danza contemporánea en experiencias cotidianas


Autora: Lucía Martínez Castellanos


Introducción


El texto que aquí presento es un primer acercamiento al ejercicio, cada vez más vigente, de que seamos los mismos bailarines quienes a través de la investigación en la danza creemos reflexiones y suscitemos discusiones que enriquezcan el panorama del ejercicio de ésta. Este escrito propone una reflexión sobre las distintas maneras en las cuales dedicarse a la danza contemporánea conlleva a una serie de implicaciones corporales que, para quienes nos dedicamos a ella, nos dan unos ciertos modos particulares de entender y construir nuestra manera de estar en el mundo. Me he centrado especialmente en entender este argumento desde diversas situaciones y momentos que surgen a partir de unas entrevistas que realicé a algunos bailarines, partiendo de un acercamiento a la manera en la que desde su trabajo concreto en la danza contemporánea han llegado a unos modos particulares de entender el cuerpo y la manera en la que ello se manifiesta en otros espacios de la vida. En especial, me interesa reconocer que en ese proceso constantemente está en juego una creación de canales y de vínculos que permiten hacer conciencia del carácter colectivo del sujeto. Hace unos años, cuando empecé a bailar y a acercarme a la danza contemporánea, sentí de manera instantánea y reveladora su poderosa presencia. Mis maneras de sentir, de conocer, de aprender, de hacer, de pensar… todas no sólo se transformaron sino que de repente se hicieron visibles, conscientes y presentes para mí.


En ese momento, empecé un proceso en el cual he ido entendiendo que la danza contemporánea es una experiencia compuesta de acumulaciones y de transformaciones de distintos tipos que se instalan en el cuerpo y que transitan con uno permanentemente. Si bien dicha apreciación podría resultar obvia incluso para los bailarines, creo que lo que se teje alrededor de ella es mucho más complejo y profundo, y suscita una reflexión acerca de la manera en la que se construye la relación con la danza contemporánea y el cuerpo. Así, con esta inquietud rondando, es que empieza este proceso de investigación que consiste en recuperar los relatos de la experiencia corporal de la danza contemporánea para otros bailarines y en reconocer el tejido simbólico que la compone. Si bien la experiencia en la danza es ante todo una experiencia del movimiento, he considerado darle un lugar importante a la palabra y a la construcción narrativa que de esa experiencia se tenga. Como señala Jerome Bruner en su texto La fábrica de historias (2003), la construcción del “Yo” es principalmente narrativa y representada a través del relato: aquello que reconocemos como nuestra identidad es producto de lo que podemos decir de ella (Bruner 2003). Teniendo en cuenta que como seres humanos estamos atravesados por la capacidad lingüística de crear y comunicar a través de la palabra, considero que partir de entender estas experiencias como parte de un relato que configura la identidad, conduce a la posibilidad de comprender y acercarse no sólo a la experiencia en sí misma, sino a los diferentes elementos que la acompañan, la crean y la hacen parte de la vida.


Es por este motivo que la investigación se construye a partir de los relatos logrados en varias entrevistas realizadas a distintos bailarines de danza contemporánea que viven en Bogotá: Rodrigo Estrada, Bellaluz Gutiérrez, Ángel Ávila, Yovanny Martínez, Andrés Lagos, Yenzer Pinilla, Natalia Reyes, Alba González, Marco Gómez, Natalia Orozco, Paola Chaves y Sara Fonseca. El paso por los relatos de cada uno de los bailarines con respecto a la manera en la que han construido sus motivaciones alrededor de un oficio como la danza contemporánea podría resumirse en que las experiencias alrededor de esta pregunta, de una u otra manera, apuntan a la posibilidad de poder exteriorizar lo que sucede con el cuerpo desde la danza, y que esto se convierte no sólo en una manera de entender el cuerpo sino también de vivirlo a plenitud. Pensar la experiencia del bailarín es pensar la experiencia del cuerpo; es entender el tránsito de la experiencia corporal como una manera de asumir la presencia y la existencia en el mundo. El énfasis que quiero dar al resaltar la cualidad corporal de la experiencia de la danza contemporánea tiene la intención de entender la danza contemporánea como una experiencia corporal. Mi reflexión se sostiene sobre una convicción: el cuerpo es el lugar de la condición humana, donde se expresa su interpretación y situación en el mundo.


Considerando la cantidad de definiciones que puede haber alrededor de experiencia, he querido retomar algunos elementos de ellas y entenderla a partir de una idea que considero fundamental cuando se habla de la experiencia: el “ser-en-el-mundo”. Existir implica ser y estar en el mundo. Sin embargo, “ser” y “estar” están condicionados por una existencia que trasciende el carácter físico y objetivo del mundo, y que se configura en la posibilidad, característicamente humana, de ir más allá de uno mismo (Duch y Mèlich 2005). En palabras de Duch y Mèlich: “‘ex-periencia’, ‘trascendencia’, ‘pro-yectar’, son nombres diversos para concretar mínimamente la forma característica de estar en el mundo del ser humano” (Duch y Mèlich 2005, 157). La existencia de los seres humanos es entendida como la posibilidad de agenciarse externamente en el mundo. Este agenciamiento, que se traduce concretamente en acciones, pensamientos, deseos y sentimientos, constituye lo que entendemos por experiencia (Turner y Bruner 1986), en la medida en que logramos articular lo que culturalmente nos define con lo que subjetivamente somos y así cargar de significado dicha experiencia (Turner y Bruner 1986). Esta manera de comprender la existencia parte de la profunda relación que existe entre ella y el cuerpo. MerleauPonty escribe una frase en su texto Fenomenología de la percepción (1975, 215), que introduce esta idea de manera afortunada: “Soy mi cuerpo, por lo menos en toda la medida en que tengo un capital de experiencia y recíprocamente, mi cuerpo es como un sujeto natural, como un bosquejo provisional de mi ser total. Así la experiencia del propio cuerpo se opone al movimiento reflexivo que separa al objeto del sujeto y al sujeto del objeto […]”. De esta manera, el autor establece que el vínculo entre cuerpo y experiencia está dado en la medida en que son recíprocos el uno al otro; en que el cuerpo es en tanto experiencia, así como la experiencia es en tanto cuerpo, y que su significado se construye en ese lugar de encuentro como una relación prerreflexiva, que se configura más allá de las lógicas del orden social y simbólico, de lo que el lenguaje tiene a su alcance legitimar socialmente y que claramente hace parte de la existencia subjetiva (Pedraza 2009). La experiencia corporal que emerge de la danza contemporánea no es, simplemente, aquella que se identifica con la modificación física de los bailarines, sino aquella que opera en todo el complejo interpretativo de la subjetividad en la vida cotidiana.


El cuerpo debe ser comprendido como una entidad polisémica, como “una construcción simbólica y no una realidad en sí misma” (Le Breton 1999, 13). Es decir que la relación entre cuerpo y experiencia sólo es posible en la medida en la que el cuerpo es comprendido como una entidad que trasciende su condición biológica de masa que ocupa un lugar espacio, y se configura en el marco de lo simbólico y lo interpretativo, al igual que la experiencia. El título de este texto: “La traducción de términos corporales de la danza en experiencias cotidianas”, es producto de una serie de relaciones (e intuiciones) que se fueron creando en el proceso de análisis de las entrevistas y que considero importante señalar en este punto. La posibilidad de que los términos en los cuales se comprende el cuerpo en la danza contemporánea se conviertan en elementos significativos de la propia experiencia cotidiana, he decidido abordarla desde el concepto de la traducción. La traducción, haciendo referencia a su definición de diccionario, es la acción de expresar en una lengua algo que está expresado en otra; es decir, se refiere sobre todo a una acción de interpretar, de permitir la transición de los sentidos: como expresa su raíz en latín traducĕre, traducir es hacer pasar de un lugar al otro. De este modo, la traducción de los términos corporales de la danza en experiencias cotidianas es el proceso de incorporación del cuerpo que crea la danza hacia el cuerpo que vive la vida.


Mi intención en este fragmento es dar cuenta de que dicha traducción le es propia a cada uno de los bailarines y hace parte de la experiencia corporal y personal de cada uno. Mis palabras y mis intervenciones se convocan alrededor de esto, y de manera empírica crean un tejido de ideas que concluyen en lo que yo resumiría como la experiencia simbólica y corporal de crear vínculos y relaciones en la vida.



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