CUERPOS QUE HABLAN EN EL EDUCAR


Obra de arte esculpida en las entrañas de la mujer,

presencia de la vida humana en un cuerpo visible y situado.

Cuerpo humano en el cual moran las dimensiones de pensamiento y emoción, y con sus aromas, movimientos, gestos y miradas dice y desdice.

Cuerpo humano que con su sola habitancia en el espacio aula, habla en silencio y expresa algo.

Cuerpo humano, un lenguaje.

En memoria de Samuel Vélez Martínez

5 años (q.e.p.d.)

ABSTRACT

Cuerpo y habla. Escrito que postula e invita a otra reflexión en el educar, a mirar a sus habitantes, a ellos que como actores educativos asisten y se sitúan con sentido y significado en un espacio; son seres humanos, cuerpos presentes, rostros, miradas, risas, alegrías, llantos, tristezas que concurren en lenguajes, un lenguaje sin escritura, sin sonido, pero que nos interpela cual relato, son palabras en cuerpos que convocan, dicen, desdicen y dicen lo indecible, se trata de la polifonía de movimientos y gestos cuyas dimensiones estéticas abren portales de una obra de arte, son rostros que sin mediar articulación sonora hablan y conversan en palabras propias de lo humano.


El cuerpo en el educar se exhibe en clara coexistencia de pensamiento y sentimiento, unicidad de cuerpo y alma que se compaginan en el espacio y tiempo permitiendo la exposición viva y real de expresiones del ser humano llamado educando o educador.


Es la acción como lenguaje; propia del cuerpo, de la mirada, de un rostro que expresa algo, poco o mucho, nunca nada, son la proyección del narrans siempre en ida y del receptor que en escucha da lugar a la llegada, allí un yo y un otro se conjugan en la alteridad, un quien expresa y un quien recibe, habitancia en el espacio aula, son idas y venidas, vueltas y revueltas que en lenguaje corporal hablan de experiencias estableciendo lazos de unión. Así, en el educar unos y otros conviven en una relación – vinculación dialógica permitiendo puentes obligatorios de afectación.



PALABRAS CLAVE: Cuerpo, mirada, rostro, habla, lenguaje, palabra, educar, alteridad, hospedaje, experiencias.



INTRODUCCIÓN


Habitantes que por sus modos de situarse preguntan, responden, movilizan y conversan, humanidad que se despliega a través de movimientos para expresarse en apertura al mundo, son cuerpos humanos en el educar y en el espacio aula que se despliegan y expanden en lenguajes diversos, en un lenguaje.


Maestros y educandos acuden al espacio–aula, son categorías humanas que adquieren razón de ser y existencia en el encuentro que permite entender el proceso de enseñanza aprendizaje; se es maestro cuando es maestro y se es educando cuando es educando, ambos acuden en cuerpos visibles con intencionalidad de dar y recibir. Su ser en cuerpo situado ya es información y se constituye en expresión, el cuerpo habla, un habla que conversa en manera esencial al conllevar el sentir, el alma misma.


Los cuerpos en el educar reciben historia, son historia y brindan historia, en ellos emergen discursos cual palabra y significado, él habla en silencio de la experiencia sin nombrarla, permite que las cosas sean y en imágenes se encarna en las memorias de sus escuchas, un dialogo pedagógico que no necesita de técnica y se sustrae de la rigurosidad lingüista y académica.


El cuerpo en el educar es la concreción de habitancia en el mundo escolar y de realidad inmediata, en él converge lo físico y metafísico; físico: en sentido biológico, de carne y hueso, corpóreo, relación de subjetividades y accidentalidad material, y metafísico: ser – cuerpo, poseedor de intenciones que comportan un sentido mismo al ser expresadas en un habla, habla en el cuerpo que habla sin ser el habla. “Todo pasa como si la intención del otro habitara mi cuerpo o como si mis intenciones habitan las suyas” (Merleau-Ponty. 1962: 214), metafísico como la posibilidad de alejarlo de la misma instrumentalidad, del objeto que representa y en lejanía de los rasgos que se ofrecen.


Explorar la idea representada y hablada por un cuerpo, es dialogar en silencio con el alma del narrans, lo cual siempre resulta inquietante y movilizante.


El maestro entra al aula con su cuerpo, mirada y rostro vestido y desnudo a la vez, acontecimiento propio que representa la apertura e inicio del encuentro, él expone su memoria histórica, pero desconoce la amalgama de gestos, movimientos que en seducción pedagógica ofrecerá a sus escuchas. Y los educandos reciben a manera de imagen la presencia del cuerpo de ese maestro, imagen que como símbolo expresa algo genuino de él.


Allí en ida y vuelta, dar y recibir experiencias en lenguajes y en clara provocación emerge la invitación a mirar y leer ese cuerpo que permite existir, a dejarnos invadir por ese lenguaje que une a los actores educativos.



EDUCAR COMO ENCUENTRO



Educar es encuentro, es convivir, es conocer la realidad, es diálogo, es tejer subjetividades a través de relaciones, es un acto de conocimiento del yo, del otro y de lo otro, es un proceso, es ir más allá en crecimiento, es un acto estético, poético y político, es conocer es experienciar, Educar también es palabra.

Stobón


Comprender el educar como las experiencias encarnadas por vínculos con el otro o lo otro permiten una primera visualización o aproximación de entender la educación como la relación viva de dos, vinculación establecida por vivencias que permiten un entrelazamiento de entradas y salidas y que al ser asimiladas logran el crecimiento o la constante simbiogenesis de hacernos a diario: “La educación es el lugar de la relación, del encuentro con el otro. Es esto lo que es en primer lugar y por encima de otra cosa” (Skliar, 2009: 9)


Son lazos de vida en esa vinculación llamada educación, es el hospedar las vivencias que cual experiencias de otro convoca a los actores educativos a ser sujetos de mundo, a dar y recibir, a estar en constante movilidad permitiendo el cambio, el crecer, el imaginar y el soñar, pero y fundamentalmente el recordar con sentido, se trata también del hospedaje que permite traer el pasado al presente para construir futuro, así en este sentido se comprende el hecho de que todo acto educativo debe ser pensado como acto humano, humanidad y educación diada inseparable que se coloca en planos cual cartografía llena de espacialidades y localizaciones, construcciones y deconstrucciones, educación en verbo <educar>, acción de siempre hacer y hacerse, de transitar en el camino de vida visibilizado como el siempre estar recibiendo y como el siempre estar dando experiencias.


En el transcurrir de lo humano en vivencias y experiencias, el educar se postula como la formación de los seres humanos, el proceso de conocimiento de si, para sí, en relación con los otros como sociedad y en relación con lo otro como mundo. Se trata del escenario que conversa sobre la vinculación / relación a través de experiencias que llegan y se hospedan por la presencia del otro en acciones y actos que forman y transforman o simplemente acontecen. Relación que conlleva el vínculo con apetito pasional, donde hay completamiento en las posibilidades de ser, un maestro un discípulo, unión que en comunidad de sentido emplaza a lo otro conformando la triada de ser-saber-entorno/mundo.


Y, en el dar y recibir surge el apocalipsis y el génesis en claro acontecimiento; apocalipsis al dar y entregar algo que tenemos, una posesión adquirida ya hospedada en ese baúl que conforma la memoria histórica de cada ser humano, siendo el despliegue de vivir siempre relacionados en contexto, y surge la génesis al recibir, al nacer y crecer, a tener algo en posesión, brindis que da comienzo al llenado y completamiento, al crecer. Acto complejo que invita al devenir siempre en compañía, un paisaje en conjunción de dos.


Dentro de nosotros no tenemos un bloque de yo homogéneo sino un tejido múltiple de articulaciones del yo que en cuanto estructura viva siempre se intercambian y desplazan, crean tensiones y fracturas, contienen sinceridad, omisiones y engaños y que en ninguna parte pueden fundamentarse en un núcleo duro y último.

(Rombach, 2004: 257)


Nacer - morir, nuevo - viejo, pasado - presente, continuidad – discontinuidad, experiencia – vivencia como registro para registrar, son términos que acuden a la formación del ser humano como llamado de los actos de conocer y descubrir, un llamado en el educar tanto estético propio del arte de hacer vida conociendo la experiencia y un llamado poético propio del aliento llevado a lo poiésico, a lo nuevo, a la creación, al comienzo.


El educar de hoy con sentido humano de encuentro, se ofrece como el lugar en el cual hacen presencia educadores y educandos, unos como constructores dadores de mundo y otros con ansias de conocer y crecer, ambos en singularidad se gesta la pluralidad, con sentido autónomo y ético al convivir y coexistir juntos día a día, ambos maestro y pupilo trascienden a vivencias llenas de manifestaciones que desbordan a comprensiones propias del delirio, ellos asisten al bello encuentro con necesidad de ser, de hablar, su hablar, de gritar, reír, de expresar sus esperanzas y miedos, de expresarse con sus palabras. Se trata de visionar el educar que conlleva procesos más allá de lo cierto y brindan otra estética.


Comprender el educar en este sentido de apertura, sumado a la presencia del educando y el educador en comunidad de sentido, un yo – tu vinculados en el mundo construido y por construir, y con la diversidad de subjetividades que los caracteriza, permiten ver el tejido de seres y de historias y experiencias a través de hilos que son palabras. Sobre esta dimensión vinculación – palabra es que gana humanidad el educar.


Con este panorama es necesario romper y fracturar estereotipos de un mundo exterior inamovible visionado cual matrix o caverna, pues en la educación se existe como encuentro, con la siempre posibilidad de cambio, de la transformación del ser y del entorno.


E igualmente es necesario romper y fracturar estereotipos de la enseñanza sobre saturada por la ingesta histérica de relaciones basadas solo en el saber y conocimiento con olvido de la condición humana, aquella humana condición que habla del sujeto con emociones, sentimientos e inscrito en una cultura/social, y ser poseedor de un lenguaje, palabra o habla como medio o dispositivo vinculante de dos.


El otro llamase estudiante o maestro y lo otro como mundo/entorno son la compañía, el socius interno y externo que permanece en el Yo, presencia en el aquí, el hospedaje siempre irrenunciable que alimenta y construye la memoria. Existimos con otro (s). “El sujeto desprovisto de toda alteridad se desploma sobre sí mismo y se abisma en el autismo” (Baudrillard, 1999: 19). Es el sentido propio de la otredad que conlleva la visión de la compañía, en los procesos de enseñanza – aprendizaje y lo cual supone el estar humano, posición que reafirma en otros términos la necesidad del socius siempre que hablemos en el campo educativo. Se trata de la comprensión ética y acontecimental e igualmente de la comprensión de la simbiogénesis como aprovechamiento de dos, un crecer y nacer con el otro y lo otro sin ser el otro o lo otro.


El otro es la compañía que todo ser necesita. Nadie va solo, esto es una abstracción, va acompañado del otro sin el cual no podría hablar… solo no se sentiría sí mismo, ni siquiera a su propio cuerpo… Siempre hay que salir en busca del otro. La maravilla es salir el otro. Entonces no hay otredad sino conjunción, síntesis, el éxtasis necesario para toda criatura viviente, el éxtasis que le libera de la ausencia y de la presencia del otro…

(Zambrano, 1989: 62)


Así, con siempre presencia de la otredad, con la imposibilidad de existir en singularidad, se considera que el ser humano educador o educando están insertos y situados en un contexto, viven en relación. Es la presencia del otro en compañía que asombra y transforma al yo.


El educar, como encuentro, manifiesta la alteridad de manera societaria, se trata de la mirada a la otredad como campo, el campo que parte de la compañía humana, el campo que vislumbra la presencia de otro en mí, realidad de que el nosotros está habitado por otro, siendo nosotros en sí mismo diferentes, pero a la vez nos damos, somos, o se es para los demás como otro.


Al ser vistos los actos educativos como actos humanos, son el fiel reflejo de la dependencia en existencia de dos, ellos los seres educando o educador no están separados y su eje concéntrico siempre está mediado por el dar y recibir, un dar y recibir que implica actividad y movimiento manifestado en lenguajes, expresiones - palabras, una relación vinculación mediada en y por el lenguaje, un habla hablado que habilita y a la vez posibilita la conjunción, una maravilla de la humanidad que niega la ipseidad, la soledad. Pensar el educar desde la alteridad, es la lectura humana del crecer, conocer y sentir a través de la palabra con otro.


Maestro o pupilo se insertan a la memoria, a cada espacialidad y temporalidad a través del lenguaje, ellos hablan en cuerpos, silencios, gestos, sensibilidades, acciones y en comportamientos que irrumpen en la existencia de cada uno; es la forma en que se hospeda y mora.


El puente de unión a través del lenguaje y de palabras viajeras, lleva a pensar el dialogo en el educar como la presencia de cuerpos que conversan construyendo juntos humanidad.



Continúa...


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BIBLIOGRAFIA

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