Panópticos y laberintos. Subjetivación, deseo y corporalidad en una cárcel de hombres


RESEÑA

Por: Teresa Ordorika Sacristán

Doctora en Sociología por el Goldsmiths College, University of London. Estudió la Licenciatura en Sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades. UNAM tordorika@yahoo.com



Este libro es el afortunado resultado de la investigación desarrollada en el Reclusorio Preventivo Varonil Norte. En él se conjuga lo empírico -un trabajo de campo realizado a partir de entrevistas en profundidad a 15 internos-, con una construcción teórica fuerte, mostrando que las ciencias sociales producen sus mejores resultados cuando se hilvana lo uno con lo otro.Quiero comenzar mencionando lo que considero son sólo algunas de las virtudes de este texto. En primer lugar, la temática, misma que resulta novedosa y original. La prisión, como otras instituciones de confinamiento del desorden de las que nos habla Foucault, se establece a lo largo y ancho de nuestro territorio e historia. A pesar de ello, desconocemos lo que guarda en su interior: las dinámicas cotidianas que organizan la vida de los que ahí son contenidos. A las sociedades occidentales modernas les preocupa poco el destino de aquellos a quienes ha expulsado.


En ese sentido, este texto es una ventana a un mundo poco conocido que nos permite ver retazos y fragmentos de ese infierno al que aluden los propios internos. En segundo lugar, son dignos de mención algunos principios del acercamiento teórico a esta temática. Por una parte, se reconoce como un elemento a problematizar la utilización de categorías generadas en otros países,continente y momentos. Es decir, el autor se ha preguntado sobre la pertinencia de emplear el andamiaje conceptual sobre la modernidad en un contexto mexicano. Si bien no ahonda en la discusión, pues no es materia de este texto, nos muestra su reconocimiento del problema, así como algunas de las conclusiones que lo llevan a sostener la pertinencia de este abordaje.Además, es digno de mencionar su postura teórica basada en la noción foucaultiana de la teoría como


una caja de herramientas, un lugar donde se pueden tomar ciertas cosas para pensar, pero que no exige la adherencia a un sistema; como una práctica en sí misma y no como la acción de una conciencia iluminada y abstracta, desarraigada de la trama misma de relaciones sociales y de poder que se intenta diferencias y dilucidar.


Esta forma de aproximarse al problema proporciona elementos para pensarlo social sin definir de antemano conclusiones que se llegan a encontrar por el simple hecho de buscarlas.Otro aspecto a relevar es que a diferencia de la mayoría de trabajos que utilizan conceptos acuñados por Foucault, en el caso de este libro el énfasis no se sitúa en cómo las tecnologías y dispositivos determinan y controlan a los sujetos. El autor se decanta por una postura donde el poder "no aplasta, concita; no está fuera, sino dentro; no obliga, incita", nos encontramos frente a una noción de poder que “no sólo actúa de modo prohibitivo,sino productivo." Este enfoque le permite visibilizar no sólo a la institución y sus designios, sino también a un grupo particular de sujetos que forman parte de ella: los internos. Así nos da cuenta de dos sistemas sociales que podríamos decir operan de manera paralela: la institución con sus objetivos,mismos que incluyen el castigo y la readaptación, y los internos, que la habitan y transforman, que establecen sus relaciones jerárquicas y de poder,sus normas y sus estrategias.


Son sujetos sobre los cuales actúa un poder que los excluye, los clasifica y los confina en un espacio tiempo definido, un adentro, que se vive como una pausa entre su ingreso y su salida. Pero no están completamente determinados,no son esos "pericos parlantes" que tanto se le han criticado a Foucault. El trabajo muestra la existencia y fuerza de órdenes sociales y clasificaciones creadas por los propios internos; por ejemplo, los lugares que cada uno ocupa dentro de la celda, extraña parodia de la familia, donde la"mamá" juega las veces del padre porque detenta el poder, y el "monstruo",el recién llegado, realiza las tareas que afuera son tradicionalmente adjudicadas a las mujeres, tales como lavar trastes, limpiar la celda, etcétera.Los internos crean sus normas sobre el habla, o mejor dicho sobre el silencio,y los castigos que se aplican a sus transgresores, mismos que incluye la muerte. Constituyen nociones topológicas -adentro y afuera, arriba y abajo- sobre el cuerpo, regímenes de género y percepciones ideales sobre la masculinidad.


Rodrigo Parrini analiza el deseo y la sexualidad, propio del homoerotismo que se presenta en la cárcel. Aquí aparecen las miradas -las que se valen y las que no-, la creación de construcciones a base de palos y mantas que permiten el ejercicio de la sexualidad —una que escapa a la normatividad heterosexual, sanitaria y moralizante de las visitas conyugales que permite la institución. Existen los putos, los caquines, los travestís, incluso la construcción de mujeres parciales creadas con el afán de traer adentro lo que está prohibido. Poderes-saberes que pertenecen a los internos, y de los cuales se apropian por la vía del silencio; poderes-saberes que si bien no les permiten formas de subversión por lo menos sí de resistencia. Situaciones que la institución conoce a medias, que se le escapan entre los susurros y que no quiere o no puede controlar.


Frente a esto, la institución -autoridades y custodios- con lógicas,normas, tecnologías y disciplinas diferentes. Ambos órdenes se tocan, ya sea a través de las estrategias de los internos que acuden a talleres y a clases con la finalidad de reducir su tiempo de encierro o de las borregas -los chivatos- que traicionan a compañeros, rompiendo las reglas del silencio. Eventualmente éstos pagan con su vida, porque como nos dice Rodrigo Parrini, en la cárcel todo se reitera, tarde o temprano aparecerá la oportunidad de vengarse. La realidad que se describe y analiza es producto de una mirada que va de los sujetos a la institución, y no a la inversa, visibilizando lo que de otra manera permanecería en la oscuridad. Como nos dice el autor:


Tal vez la conclusión más relevante de nuestro estudio sea ésa: la institución carcelaria en su funcionamiento efectivo es muy distinta de la descrita en sus archivos y documentos. La institución es apropiada y recreada de múltiples maneras por los sujetos que le son destinados. Esto otorga un nuevo matiz al tema de la subjetivación, pues no sólo los sujetos resultan de una tecnología de poder e institucional que delimita las coordenadas de la subjetividad, sino que también reformulan esos mismos resultados, los desplazan y se los apropian(pp. 16-17).


Finalmente, otro elemento en el que vale la pena reparar: la concepción de sujeto propia de esta investigación. Aquí se desechan nociones que tienden a cristalizar visiones de la identidad eminentemente esencialistas. En su lugar una noción fluida, múltiple, cambiante y fragmentada de los sujetos.No es necesario apuntar a la coherencia entre pensamientos y hechos,entre ideas y estrategias, los sujetos no son fórmulas perfectamente balanceadas.Mirar de esta forma permite encontrar las fisuras y quiebres en los propios sujetos, ver las máscaras, reconocer su performatividad. Todo esto permite a Rodrigo Parrini desentrañar una parte poco conocida del orden social de la cárcel: la vida y las experiencias de los internos. Senos brinda un paisaje mucho más rico e interesante que una crónica del poder desde el poder.


Quisiera destacar otros puntos que me interesan en el libro. En primer lugar mencionar que éste es un texto en el cual las notas al pie son tan interesantes como el texto mismo y nos plantean cuestiones que como científicos sociales no podemos soslayar. Una particularmente relevante tiene que ver con el comportamiento ético que como investigadores debemos a aquellos que nos proporcionan información. En otros países existen comités éticos encargados de supervisar la manera en que los estudiosos se acercan y hacen uso de informantes, particularmente aquellos que pertenecen a grupos vulnerables. En el nuestro esto no se da; las decisiones de cómo y a quién se aborda y, cómo y qué se pregunta corren a cuenta de los investigadores. Poco se discute en torno a cuestiones tales como: cómo controlar daños emocionales y evitar reacciones dolorosas, qué supone el respeto a las libertades de los informantes y qué se presenta de la información, entre otros problemas. La dimensión ética nos enfrenta a temas y debates relevantes que los científicos sociales hemos dejado de lado,pero que deben regresar a las aulas y a las discusiones colegiadas como un componente fundamental de nuestra profesión.


En torno también a la ética, esbozo una crítica. En su investigación fenomenológica sobre el dolor, Ariel Glucklich muestra extrañeza frente a la falta de empatía que Foucault presenta hacia los sujetos en su texto "Vigilar y castigar".1 En su descripción del suplicio aplicado a un regicida, lo que interesa es el procedimiento, tal y como está narrado este tormento es difícil sentir compasión por la persona que lo sufre. Un poco de eso hay en "Panópticos y laberintos". Los 15 internos cuyas palabras se nos presentan, no aparecen como personas sino como retazos; es difícil hacerse una idea de ellos, y también de conmiserar por su situación. Las palabras dolor, violencia, infierno, no son capaces por sí de conjurar una empatía. Así pues, estos reclusos son meramente informantes, discursos a través de los cuales es posible realizar una investigación.


La redacción elegida por el autor para presentar el material de las entrevistas resulta extraña, particularmente si la comparamos con la narración de su propio acercamiento a la cárcel, su primer paseo por ahí, así como las condiciones de sus encuentros con los internos. En ese apartado redacta en primera persona, es un diario íntimo que nos conecta de manera directa y afectiva con el tema que va a tratar pero que se pierde a la hora de tratar a los internos.Por último, una pregunta. Si bien reconozco que es necesario ser críticos frente a una concepción esencialista de las identidades; me pregunto qué posibilidades nos proporciona una noción siempre fluctuante e inasible de sujeto en la lucha por la construcción de los derechos políticos, económicos y sociales. Según la feminista española Ana Rubio, resulta sospechoso que justo en el momento en el que las mujeres tienen la posibilidad de constituirse como sujetos para acceder a la ciudadanía plena, las categorías mismas de sujeto y de identidad se pongan en entredicho. Lo cierto es que los avances en el ámbito político durante el último siglo han estado estrechamente relacionados a la posibilidad de constituirse como sujetos y como identidades. Tales luchas requieren del establecimiento de coordenadas establecidas y constantes de la identidad. Me resulta difícil pensar cómo podrían articularse nuevas luchas sociales, y la defensa del derecho a todo lo que por desgracia carecemos hoy en día en nuestro país -desde la democracia hasta el alimento-, a partir de nociones cuyas características son la mutación y la flexibilidad. Tal vez es éste el gran desafío que los científicos sociales enfrentamos ahora.



NOTAS:


1. Ariel Glucklich, Sacred Pain. Hurting the Body for the Sake of the Soul, Oxford, New York, Oxford University Press, 2001.



Panópticos y laberintos
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