Cuerpos, sociedades e instituciones a partir de la última década del siglo XX en Colombia


 

RESULTADO DE INVESTIGACIÓN: Tesis Doctoral. Doctorado Interinstitucional en Educación – Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá, Colombia. 2016.

 

DE CARA AL TEXTO

Entender el cuerpo en su singularidad y en la encarnación que hace del mundo como experiencia de vida para trascenderse en tanto forma, aspecto o constitución, demanda indagar su corporalidad; la manera de aparecer, de hacerse perceptible, invita a seguir su tránsito del concepto al acto y a la consecuencia, ese rastro que se torna visible en lo otro y para el otro, en un trayecto compartido mas no común. Cada uno hace su propio camino, cada uno sabe de sus urgencias y cada uno conoce sus “para dóndes”; lo maravilloso es dar el paso acompañado en lo que Guimarães Rosa llama la tercera margen del río, es decir, cuando ya se emprendió la marcha, pero aún no se avista el puerto. El cuerpo es carnalidad, emoción, psique, es el lugar visible de la presencia humana en el mundo y esta particularidad inherente a su condición, es en tanto hay un otro que se deja tocar por su presencia e imprime rastro de su propia exterioridad, al momento de dar testimonio de ella.


La indagación que interesa aquí, se propone establecer vínculos entre sociedad, cuerpo y escuela, acercarse a sus posibles encuentros y desencuentros, y formular interrogantes vitales que nos puedan dar luces acerca de un saber que, lejos de tener garantizada su verdad por una práctica discursiva ya establecida –por quien habla y aquello de lo que habla–, ha sido por largo tiempo un secreto bien guardado: ¿Qué va de ayer a hoy en las discursividades acerca de lo corporal?; históricamente ¿cómo se ha dado esta relación y qué tensiones ha suscitado?, ¿en qué condiciones emerge la necesidad de darle un estatuto académico al saber del cuerpo y sobre el cuerpo, si es que ha emergido?, ¿cuáles son los signos, vestigios del cuerpo como objeto de saber en la escuela y en la sociedad?


(…) hablar de historia en los tiempos presentes parece exigir una precisa secuencia cronológica, la exposición de las causas y de los procesos, el rastreo de los protagonistas, la interpretación psicológica y antropológica, el análisis económico, la especulación psicológica y hasta la argumentación política de los hechos. La historiografía hace tiempos parece prohibirse ser relato, está cada vez más anclada en la documentación en la argumentación y en el análisis (Ospina, 2013, pp. 69-70).


Más que obligar el análisis o la interpretación de lo dicho, estas preguntas intentan encontrar nuevos modos de hablar el habla, de dejar hablar una época. “No se trata de interpretar, ni de buscar causalidades, ni de hacer juicios. Se trata de mostrar, de dejar ver, de ilustrar aquello que aparece, que se dibuja con el cruce de tales regularidades, continuidades y discontinuidades. Es un ejercicio estético, más que racional. Lo que se mostrará no es lo que se quiso decir en una época, sino lo realmente dicho”.[1]


(…) había saberes, sujetos, instituciones y prácticas que de tiempo atrás venían siendo marginales, que parecían inabordables como objeto de historia. Hacer historia en estos espacios es ver lo no visible, percibir lo borroso y aprehender lo inasible y volverlo objeto de la historia. Tarea que delimitó un espacio para hacer emerger una presencia hasta entonces relegada. Fue así como al convertirse en objeto de historia, aquello que estaba en los bordes ganó una presencia, un reconocimiento no concedido, sino ameritado, por tal razón hacer historia es también luchar por ganar una presencia en el espacio social del conocimiento (Echeverri, 2009).[2]


El cuerpo en Colombia había sido un objeto inefable hasta mediados del siglo antepasado, cuando surgen discursos sobre la higiene, la raza, la disciplina, el control; y más tarde, asuntos como la sexualidad, el género, las experiencias corporales y las técnicas y lenguajes del cuerpo que lo fueron haciendo aparecer, le fueron dando nacimiento y otorgándole historicidad, lugar y fecha. El cuerpo empieza a ser desligado de los discursos anatomistas y biológicos, como objeto de descripción, y gana un lugar en el interés de los académicos de diferentes disciplinas, hasta ser hoy bandera de muchas apuestas teóricas y metodológicas, que le han permitido surgir como objeto de indagación con un campo discursivo particular, que en nuestro país comienza a dibujarse con mucha fuerza. De poder ser cartografiado, descrito, prescrito o regulado, el cuerpo hoy ha puesto en duda las certezas que lo rodeaban y aparece desmaterializado, pero más presente que nunca.


A la manera de los relatos y de las escrituras desconfiadas, estas pretenden fundar un logos vigente, contemporáneo, acerca de un objeto discursivo en particular: el cuerpo que hoy se encuentra en mora de visibilidad. Es importante abordar el saber corporal como objeto de historia; quizás nos muestre otras aristas para ganar una presencia en el espacio social y escolar del conocimiento. El primer punto de anclaje que mueve esta investigación es mi propio interés y mis recorridos. El segundo, está vinculado con la pesquisa amplia y prolífica del Grupo Historia de las Prácticas Pedagógicas (GHPP) y con el énfasis: Historia de las prácticas pedagógicas y la construcción de sujeto. De acuerdo con lo anterior, se formula el siguiente interrogante:


¿Qué modos de correspondencia se pueden describir entre discursividades acerca del cuerpo que ha hecho posible la escuela y matrices sociales, a partir de la última década del siglo XX en Colombia?


Para orientar la lectura se deciden los siguientes capítulos:

  1. Palabra al cuerpo y cuerpo a la palabra. Revela datos sobre la corporeidad, miradas críticas y momentos importantes en la socioculturalidad del cuerpo durante las dos últimas décadas, y entrega pistas sobre la doble naturaleza de ser/tener cuerpo desde los saberes del y sobre lo corporal.

  2. Incorporación. Por una política de comunicación. Presenta las decisiones y las razones por las cuales se decide la ruta que va a visibilizar la escritura –abundante y diversa– de lo corporal en Colombia y en América Latina, desde la última década del siglo XX.

  3. Historiografías del cuerpo: siglo XIX al XXI. Un antecedente necesario. Entrega los recorridos vitales de una sociología del cuerpo en Colombia y en América Latina, previos a la última década del siglo XX.

  4. Cuerpos sociales. Dibuja un panorama amplio de discursividades acerca de lo corporal en Colombia y en América Latina –matrices sociales del cuerpo–, de intencionalidades discursivas –nucleamientos–, y de la institucionalidad que responde por dichas discursividades –corpografías–, a partir de la última década del siglo XX.

  5. El cuerpo escolar. Refiere un saber del cuerpo y sobre el cuerpo en la escuela, unas condiciones de posibilidad para este saber y unas instancias de delimitación del mismo en los últimos veinticinco años: manuales de convivencia y programas analíticos, para terminar considerando cuerpos otros (instituyentes) y anotaciones frente a la posibilidad.

  6. Discursividades de los cuerpos sociales y escolares. Cronologías y genealogías. Es el ejercicio propiamente creativo de la investigación, donde se proponen alternativas frente al interrogante planteado. Desde una mirada inicial de la sociedad y la escuela, como sistemas autorreferentes y autopoiéticos, y del cuerpo, como un objeto discursivo de interés social, se da paso a la consideración del problema generacional en la escuela y en la sociedad, a partir de una pluralidad de mundos y culturas que nos llevan de las socialidades urbanas a las culturas hiperdigitales.

  7. Re-incorporación. ¿Y entonces qué decimos cuando decimos cuerpo? Recoge lo dicho y lo aprendido en el trayecto, así como una serie de indicios sobre el cuerpo que, a manera de puntos de fuga, invitan a continuar el tránsito.



NOTAS:

[1] Tomado de las orientaciones metodológicas que sugiere Alejandro Álvarez Gallego para este tipo de investigación. No se registran datos bibliográficos pues es un documento de trabajo de este autor, el cual fue aportado para esta investigación.


[2] Esta cita es tomada del texto de Alejandro Álvarez Gallego: Del campo intelectual de la educación al campo intelectual de la pedagogía: vigencia de un debate, que recibí de su mano y que a su vez él tomó de la tesis doctoral de Jesús Alberto Echeverri (Universidad del Valle, 2009), sin publicar.



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