CUERPO Y GÉNERO: LAS ENFERMEDADES FEMENINAS Y LOS RUMBOS DE LOS TRATAMIENTOS MÉDICO Y PSICOLÓGICO



En la primera parte de la exposición se esbozará un panorama sobre las representaciones técnicas que la medicina científica decimonónica fue construyendo alrededor de la mujer, su fisiología y su anatomía. Para mostrar parte del origen del imaginario de lo femenino que sigue vigente en los contenidos de los discursos científicos actuales. Desde los griegos, el útero fue considerado como el órgano definitorio de la esencia femenina, posteriormente, la medicina galénica promovió una imagen de la mujer cuyo cuerpo era controlado por la naturaleza voluptuosa del útero, esta idea todavía es vigente en nuestros días. Hoy día las explicaciones sobre el comportamiento femenino giran alrededor del funcionamiento hormonal. Lejos de visiones críticas, siguen vigentes las explicaciones esencialistas en torno a la exigua salud femenina. En el segundo apartado de la exposición abordaremos la situación actual de la epidemiología femenina. Ofreceremos una instantánea de la situación epidemiológica física y mental de las mujeres mexicanas, poniendo especial énfasis en las del Distrito Federal. En el tercer y último apartado reflexionaremos sobre las implicaciones de la generalización y la no inclusión del género y la construcción corporal en la explicación y en la atención terapéutica –médica y psicológica-.


Parte I


Las enfermedades del útero y la identidad femenina


En un mundo secular, la ciencia asumió la autoridad de diferenciar a los individuos según su sexo y raza. Las conclusiones evolucionistas y la justificación científica de los modelos de superioridad e inferioridad inherentes al sexo, la raza y la clase social promovieron una nueva explicación sobre los individuos. Y en una sociedad industrial en la que se gestaban nuevos valores como el de la individualidad, las teorías evolucionistas justificaron perfectamente la discriminación social. Las conclusiones de Darwin, 2 Spencer 3 y Comte 4 sirvieron para fundamentar que a través de la selección natural se conseguía la supervivencia del más capacitado, convirtiendo así al mismo progreso en un producto lógico de la lucha por la vida. Evidentemente en un mundo en plena expansión industrial, marcado por la desigualdad y el culto a la individualidad, las teorías de los evolucionistas fueron fácilmente asimiladas por un sector de la sociedad. La biología, la filosofía y la sociología se unieron para dar lugar a una ciencia de la sociedad en la que la diferencia sexual y racial fue su máxima expresión del control social. Pronto la teoría evolutiva se convirtió en una herramienta de sometimiento hacia los que se les consideró menos evolucionados, grupo que por supuesto estuvo conformado por los negros, las mujeres, los niños, los locos y los delincuentes.

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