RESULTADO DE INVESTIGACIÓN. En: EL PODER DEL CUERPO Antología de Poesía Femenina Contemporánea. Esta antología se inscribe en la labor del grupo investigador “Cuerpo y Textualidad”, dentro del proyecto Los textos del cuerpo. Análisis cultural del cuerpo como construcción genérico-sexual del sujeto (HUM 2005-4159/FILO).

 

Dádivas y deudas


Ésta no es ni ha de ser ni será ni la primera ni la última antología de poesía escrita por mujeres en nuestro país. La preceden, por citar solamente cuatro libros inolvidables —de tres décadas diferentes—, Las diosas blancas que recopilara Ramón Buenaventura en 1985 y que se convirtió en una especie de libro inaugural de obligada referencia; el exhaustivo volumen Ellas tienen la palabra, conque nos obsequiaran en 1997 Noni Benegas y Jesús Muñarriz; o, ya más recientemente y en el ámbito de la poesía latinoamericana, la aplaudida Casa de luciérnagas del escritor Mario Campaña, aparecida en 2007, o de ese mismo año la impresionante En voz alta, a cargo de Sharon Keefe Ugalde.


De todas ellas, por supuesto, como de tantos libros nacidos dela siempre complicada labor de conformar una antología, es deudor este libro, ya sea por la proximidad de la materia elegida ya por el aprendizaje de una tarea de lectura, elección y disposición conjunta de una obra dispersa y, a menudo, heterogénea. No obstante, existe una antología menos difundida y, por consiguiente, no tan conocida, publicada en 2001 con un título envidiable. Me refiero a las Mujeres de carne y verso reunidas por Manuel Francisco Reina para la editorial La esfera de los libros. A pesar de que a diferencia de este libro, la antología de Reina (que recoge autoras españolas y latinoamericanas) se estructura —como es habitual en el género— como sucesión de poetas ordenadas según el año de nacimiento, el título (ya advertí que lo envidiaba) apunta al menos algunos aspectos que sin duda están próximos a este volumen. Con el juego de la desautomatización de la locución “carne y hueso”, Reina parece advertirnos que la verdad de estas mujeres, como poetas que son, reside en la palabra que sustituye el segundo término de la locución (aún manteniendo con él la rima asonante);esto es: el verso. Si el verbo se hizo carne (de mujer, en este caso), esta carne alcanza su expresión más verdadera, más humana, en el verso.

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