Mirándote mirarme. Las negociaciones de autorización en la (auto)representación ...


 

RESULTADO DE INVESTIGACIÓN: Este trabajo se inscribe en el proyecto de investigación ―Corpus auctoris. Análisis teórico-práctico de los procesos de autorización de la obra artístico-literaria como materialización de la figura autorial”

 

Sea cual sea el terreno artístico donde esto suceda (literatura, pintura, fotografía… o net-art), presentarse como una mujer ya no criadora sino creadora ha supuesto a lo largo de la historia de la representación occidental una ardua negociación por estar reclamando el reconocimiento autorial, esto es: el rango de autora. Estratégico y generalmente tácito (o, al menos, no del todo explícito) este con/trato con las convenciones del sexo-género, del arte y del poder-saber, en pos del reconocimiento de la autoría, se sostiene en diversos ámbitos de la cultura, entre ellos el de la producción y el consumo de imágenes.


¿Crear implica convertirse inmediatamente en autor/a? Por supuesto no es así. La autoría es una institución literaria pero que no sólo concierne a la literatura. Michel Foucault dio cuenta de ello en su magnífico y conocido ensayo ―¿Qué es un autor?‖, y desde entonces innumerables son las aportaciones que han desarrollado investigaciones en este sentido. Haciendo énfasis en la diferencia de género, destacan los trabajos de Peggy Kamuf, especialmente su ensayo Signature pieces; subrayando la dimensión social del rol del autor son inestimables los textos de Dominique Maingueneau o, analizando justamente la negociación de la pose, los de Jerôme Meizoz, a los que tendré que regresar detenidamente más adelante. Incluso desde el ámbito del Derecho, en un volumen de referencia obligada para las investigaciones que ahondan en el diálogo de esta disciplina con la literatura, Richard A.

Posner no puede ser más directo en subrayar la construcción del autor: The laws that confer rights and impose duties upon authors are based upon this picture of the creative process. The picture is false. The attribution of literary works to specific individuals as authors, with all the ethical, interpretative, and legal implications of that attribution, is […] a cultural artifact. (Posner, 2009: 518)2 A través del análisis de casos distintos, pertenecientes a contextos diferentes, este texto se propone poner atención en la mirada desdoblada con que las mujeres autoras contemplan el campo de batalla de su ¿propio? cuerpo. Para todas y cada una de ellas, exponerse a la mirada de otro, a la mirada social, implica varias cosas o, si se quiere, prefigura tres movimientos. En primer lugar, claro está, implica enfrentarse a las convenciones socioculturales del momento, que dibujan los límites de la posibilidad (e imposibilidad) de una mujer creadora. ¿Qué modelos de mujer-autora, para cada campo artístico cultural, existen en cada contexto socio-histórico? En segundo lugar, y como consecuencia de lo que acabo de apuntar, de esta confrontación se deriva el hecho de ser objeto de críticas disuasorias, a veces en forma de reprobación, otras de burla, otras de castigo, otras de indiferencia invisibilizadora, otras de menosprecio…


En cualquier caso, la osadía de ocupar según qué lugares públicos de la producción de saber artístico o filosófico conlleva una mirada de vuelta, ser vista de determinada manera o, para decirlo de otro modo, la construcción material de un estigma que se inscribe en el cuerpo del delito, el cuerpo del sujeto-creadora, a través de la mirada externa. O no tan externa, porque la hipótesis de trabajo que cruza estas páginas reside, justamente, en que se trata de una mirada interiorizada e insiste en la necesidad de revisar los modos de internalización de esta mirada nunca ajena, las maneras de posicionarse ante la expropiación de la propia imagen que, lógicamente, ya no es solamente propia. Y de ahí el tercer movimiento, el que da título al texto, ese mirándote mirarme, dirigido a un tú que puede ser más o menos concreto pero que proyecta desde sus ojos unos parámetros de reconocimiento con los que el yo-autora deberá medirse. Si ella resiste y no se acaba aniquilando como creadora o como persona, si ella no sucumbe a esa mirada, entonces la mira a su vez de frente y, como trataré de mostrar a lo largo de mi texto, responde desde y con su propia creación. No obstante, antes de entrar en materia, tres matices: primero, cuando en la frase anterior escribo que responde desde su propia creación incluyo no solamente su obra sino también la construcción de sí misma, la articulación autorreflexiva de algo cercano a su identidad, una identidad lo suficientemente flexible e inquebrantable como para poder vivir en ella desde el ejercicio de su deseo creador o autorial vapuleado o, al menos, conflictuado.


El segundo matiz hace referencia al título que he elegido y no es baladí: ¿porqué mirándote mirarme y no mirarte mirándome? Justamente porque si trato defocalizar desde las mujeres autoras necesito el gerundio de su lado, no el infinitivo, me es preciso reconocerles la agentividad de estar haciendo algo con su mirada en ese mismo instante. Porque éste es precisamente el objetivo del trabajo, lograr ver cómo desde su (autor)representación del cuerpo en el territorio del texto (que incluye, por supuesto, la imagen), legitiman su autorización, tratan de proteger su reconocimiento como autoras.


El tercer matiz me gustaría poder obviarlo pero la experiencia me enseña que todavía no suele ser posible. En ningún momento con este trabajo estoy tratando de decir que esto es exclusivo de las mujeres o sujetos con un cuerpo sexuado en femenino. Algunos hombres autores, por supuesto, han tenido que llevar a cabo procesos semejantes para subsistir como autores. Semejantes, sí, pero ni iguales ni intercambiables. He mirado cuerpos de mujeres, podría haber construido esta genealogía desde los cuerpos de hombres gays, sujetos de etnia negra, indígenas o, por seguir aventurando, autorxs a quienes les falta una extremidad o presentan alguna disfunción en ellas, desde Cervantes a Albert Espinosa, pasando por Jane Bowles o Mario Bellatín. Insisto, aún con el riesgo de hacerme innecesariamente reiterativa: todos los sujetos creadores tienen que negociar su posición autorial, algunxs con mayor medida que otros, a algunxs les supone deber pagar un peaje más costoso. Los procesos de esta negociación pueden ser ciertamente parecidos pero ni idénticos ni intercambiables, como tampoco lo son los mecanismos y las estrategias que siguen las autoras que he elegido para estas calas.


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