Reconstruyendo el cuerpo: transexualidad en la frontera


La autora: Universidad Autónoma Metropolitana UAM, Cuajimalpa, México D.F., México – Temas de interés: perspectiva de género, diversidad sexual y grupos vulnerables / prangamaty@hotmail.com



Introducción*


La transexualidad se reconoce comúnmente como la incompatibilidad de la identidad de género con la corporalidad biológica, es decir, las características anatómicas del cuerpo no corresponde a la imagen de género que los sujetos tienen. Esto genera una crisis de identidad, provocando que las personas transexuales acudan a una serie de modificaciones corporales que van desde la indumentaria corporal hasta el consumo de tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas para transformar su cuerpo. Por ello esta presentación tiene como objetivo describir las prácticas corporales que realizan algunas mujeres transexuales que radican en la ciudad de Tijuana con el fin de modificar su cuerpo en la búsqueda de pertenecer al sexo contrario del que se les asigno al nacer.


La modificación corporal que realizan las mujeres transexuales es por medio de la tecnología médica o, en el peor de los casos, mediante la autoadministración de sustancias como aceite de cocina y silicón industrial, lo cual les otorga la posibilidad de cambiar el cuerpo de acuerdo a la imagen que las personas tienen de sí mismas. Estas prácticas son de vital importancia de vital importancia, porque por medio de ellas transgreden las barreras naturalizadas del sexo biológico para lograr un equilibrio entre la identidad de género del sujeto y la materialización de su cuerpo.


Dado que existen una serie de conceptos para definir a las que personas que transgreden las normatividades de género, considero preciso definir transexual cómo “quien se ha sometido a procedimientos quirúrgicos y endocrinológicos para alterar su cuerpo” (Córdova, 2006:92), ya sea para cambiar de hombre a mujer (mujer transexual) o de mujer a hombre (hombre transexual). Travesti cómo las personas que “ocasionalmente se ponen ropa del sexo contrario” (Lamas, 2009:4); y transgénero a las personas que “confrontan las normas culturales a las que estamos sometidos como sujetos sexuados (no sólo aquellos que desean pertenecer al otro sexo) (Sandoval, 2006:42)[1].


Mi punto de partida es la concepción butleriana del género como “una realización que requiere la habilidad de construir el cuerpo en un artefacto socialmente legitimado” (Butler 1988:528 en Soley-Beltran, 2004:208). Es decir, todos aprendemos a percibir cuales son las partes corporales que deben sentir placer de acuerdo a los marcos culturales que construyen los cuerpos. En este sentido entiendo sexo y género como actos performativos en un proceso contante de repetición de las normas de género que produce cuerpos e identidades individuales y colectivas. Según la autora, la triada sexo, género y deseo son formaciones discursivas que mantienen una coherencia arbitraria mediante la repetición de actos performativos que naturalizan a manera de esencia una identidad. Esta naturalización se da por medio de un marco regulador muy rígido al que llama matriz heterosexual que es “la rejilla de inteligibilidad cultural a través de la cual se naturalizan los cuerpos, géneros y deseos” (Butler, 1991:38) para “caracterizar un modelo discursivo/epistémico hegemónico de inteligibilidad de género, el cual supone que para que los cuerpos sean coherentes y tengan sentido debe haber un sexo estable expresado mediante un género estable (masculino expresa hombre, femenino expresa mujer) que se define históricamente y por oposición mediante la práctica obligatoria de la heterosexualidad” (Butler, 1991:38). Por esta razón, el cuerpo forma una parte fundamental para poder acceder al mundo social en el que nos desarrollamos, por lo tanto, si las mujeres transexuales no sienten que su corporalidad represente el género que desean sufren un malestar constante en sus vidas, el cual debe ser subsanado por medio de la modificación corporal para feminizase.


Los resultados de esta ponencia están basados en el trabajo de campo que realice para mi tesis de Maestría en Estudios culturales, en donde tuve la oportunidad de asistir a grupos de apoyo a personas transgénero y entrevistar a mujeres y hombres transexuales en la ciudad de Tijuana, Baja California. Sin embargo, en este trabajo me centrare en las entrevistas en profundidad que se les hicieron a ocho mujeres transexuales de distintas edades y ocupaciones que se han sometido a tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas para modificar su cuerpo en busca de tener un apariencia femenina.


La ciudad de transito: Tijuana


La vivencia de las mujeres transexuales que habitan en la ciudad de Tijuana está íntimamente relacionada con los fenómenos que se desarrollan en la frontera México- Estados Unidos. Donde la zona fronteriza Tijuana-San Diego se configura como un “espacio iconográfico para el movimiento de personas entre sur y norte y la formación de nuevas comunidades fronterizas diversas culturalmente” (Contreras y Velasco, 2011:2). Esta zona se caracteriza por tres elementos estructurales: la adyacencia, la asimetría y la interacción (Velasco y Contreras, 2011), desencadenando procesos sociales y culturales permeados por la desigualdad, misma que se ve reflejada en la experiencia de las personas que habitan a ambos lados de la frontera, donde las personas que viven del lado de Estados Unidos gozan de mejores condiciones de vida[2].


Los vínculos de la zona fronteriza Tijuana-San Diego son las actividades agrícolas, industriales y de comercio, el turismo fronterizo, ir de compras, la prostitución, el tráfico de drogas, la inversión de capital extranjero, la mano de obra barata para el mercado en E.U, la migración laboral indocumentada, lavado de dinero, violencia criminal, entre otros (Schimidt, 2011). Esto ha conducido a Tijuana a configurarse como una ciudad de transito donde convergen distintos fenómenos tales como: la llegada de migrantes indígenas que se ha asentado en la ciudad, la proliferación de zonas de turismo sexual, el mercado de tráfico de drogas y armas a ambos lados de la frontera, el desarrollo de grandes zonas industriales debido al abaratamiento de la mano de obra, ente otros. Todas ellas desencadenan desigualdades, violencia física, social y simbólica misma que se observa a lo largo de la ciudad que se caracteriza por el crecimiento urbano de asentamientos irregulares. Estas dinámicas configuran, reconfiguran y constituyen las trayectorias de vida de las personas que viven en Tijuana estructurando su identidad, “dependiendo de sus circunstancias particulares, su trayectoria de vida y la capacidad de agencia, condicionadas por la clase social, etnia y género” (Velasco y Contreras, 2011: 3).


Las personas transexuales articulan esta experiencia fronteriza con su cuerpo, ya que ser trans significa “estar "del otro lado"; se usa para decir más allá, sobre o a través y para marcar la transformación o el paso a una situación contraria” (Lamas, 2009:3), es decir, transitan dentro de los esquemas normativos del sistema sexo/género. Por lo tanto se vuelven migrantes en su propio cuerpo, habitando una ciudad que dentro de sus múltiples características y representaciones[3] esta la transgresión. Esto debido a que en Tijuana la zona de tolerancia o zona norte de se convirtió en una fuente empleo para las mujeres transexuales, otorgándoles la posibilidad de obtener recursos económicos del trabajo sexual para continuar con su transición. Esta zona es un área construida históricamente por ser proveedora de entretenimiento para adultos y diversión erótica. En ella hay bares, discotecas, restaurantes y hoteles donde la prostitución se tolera de facto por las autoridades locales y la policía. En estos espacios también se ofrecen espectáculos, música baile comida, entre otros, en donde el consumidor decide si hacer uso de ciertos servicios sexuales (Curtis y Arreola, 1991). No obstante, después de los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 y las olas de violencia criminal que azotaron a la ciudad entre el 2006 y 2010, el flujo de personas de norte a sur en busca de diversión en la ciudad disminuyó (Velasco y Contreras, 2011). Lo anterior, aunado a las pocas posibilidades de acceso que tienen al trabajo formal las mujeres transexuales porque en el estado de Baja California aun no es legal hacer el cambio de identidad sexo/genérica[4], a causado que las mujeres transexuales obtengan menores ingresos económicos. Esto se ve traducido en la precarización de sus condiciones de vida y el poco o nulo acceso a modificar su cuerpo sin recurrir a prácticas donde arriesgan su salud.


Las dinámicas propias del contexto fronterizo, nos ofrece un panorama diverso para estudiar la transformación corporal de las mujeres transexuales para entender como reconfiguran su identidad de género dentro de una ciudad que está en constante flujo de información, personas y mercancías.


Modificaciones corporales: de cómo transformarse en mujer


Las prácticas corporales que realizan las personas transexuales giran en torno a ocultar o exaltar las marcas de género que los harán inteligibles socialmente y van de acuerdo con la identidad que quieren representar. Las prácticas corporales se definen como “sistemas dinámicos y complejos de agentes, de acciones, de representaciones del mundo y de creencias que tienen esos agentes, quienes actúan coordinadamente, interactúan con los objetos y con otros agentes que constituyen el mundo” (Muñiz, 2010:41-42). Entre los agentes que participan en la modificación del cuerpo de las mujeres transexuales están la práctica médica, la cual está basada en los discursos que normalizan las conductas y los cuerpos y es desde donde se ha desarrollado la técnicas[5] para cambiar de sexo a las personas; y la apropiación de estas técnicas por parte de los individuos que viven y encarnan la transición de ir de un sexo/género a otro.


Dichas prácticas van encaminadas en primera instancia a estilizar el cuerpo para después en la medida de lo posible modificarlo permanentemente; estas incluyen: tomar hormonas, realizarse intervenciones quirúrgicas y tratamientos estéticos, modificar los movimientos de su cuerpo, cambiar de voz, utilizar cierto tipo de vestimenta, maquillaje, usos de pelucas, implantes, artefactos para ocultar sus atributos sexuales, entre otras. Estas acciones rutinarias que realizan las mujeres transexuales están íntimamente relacionadas con la construcción de su identidad porque cada cambio en su corporalidad las hace sentirse y asemejarse cada vez más al sexo/género que desean.


Las prácticas corporales que realizan las mujeres transexuales las clasifiqué de la siguiente forma: las que se refieren a la estilización del cuerpo, es decir, toda la serie de procedimientos técnicos que realizan las personas transexuales para ocultar que su anatomía biológica es de macho; la ingesta de hormonas sin supervisión médica que produce cambios físicos y fisiológicos eventuales y permanentes en su cuerpo; y por ultimó las intervenciones corporales que incluyen las que realizan los propios sujetos y las que llevan a cabo con un profesional médico. Mismas que serán descritas a continuación.


Estilización del cuerpo.


Las prácticas corporales que llevan a cabo las mujeres transexuales para estilizar su cuerpo las divido en dos: movimientos corporales que implican aprender las formas, maneras y estilos para ser mujeres y la utilización de técnicas avanzadas o artefactos para producir una apariencia femenina.


Las primeras acciones de las mujeres transexuales son adquirir posturas femeninas como ademanes, muecas, movimientos más finos con piernas, manos y cuello. Dichas posturas las van aprendiendo, perfeccionando e interiorizando con el tiempo, por medio de la práctica y el disciplinamiento de su cuerpo, de tal manera que sus movimientos son sumamente naturalizados. Esto ha llevado a las mujeres transexuales a no mencionar este aprendizaje en sus pláticas, por más que sea consiente. Tal como lo expresa una mujer transexual que se siente poco femenina por iniciar su transición a una edad adulta: “tengo que cambiar mi manera de hablar, tengo que cambiar mi manera de caminar, de comportarme, ser más atractiva, mas femenina, no lo he hecho” (Nalleli, mujer transexual, entrevista, 2012). Según este testimonio la persona no duda de su sentimiento de ser mujer, pero si sabe que tiene que realizar cambios específicos en su expresión corporal para que representar con naturalidad su feminidad. De esta forma la performatividad del género se lleva a cabo por medio de la repetición tanto de conductas como formas corporales para lograr una esencia, una forma natural de ser femenina.


Además las mujeres transexuales aprenden a modular el timbre de la voz. El manejo de esta técnica es en suma complicado, no todas las mujeres lo logran. Por ello crean estrategias para poder pasar como mujeres biológicas ante el escrutinio de la mirada del otro, así lo comenta Avelina: “les digo: “mira esta voz me delata”. Pero me gusta porque si yo me la quitara no fuera yo, “porque esta es mi voz, le dije “y me gusta mi voz”. Es fuerte y grave, pero me encanta, cuando no quiero que me la noten nomas bajo volumen, pero no soy, yo sé que estoy fingiendo porque yo hablo fuerte, me gusta (Avelina, mujer transexual, entrevista, 2012). Como bien dice esta mujer transexual ella aprendió a modular su timbre de voz con tal de que a la mirada del otro no notasen que su anatomía biológica es de macho.


A la par de esto las mujeres transexuales empiezan a usar técnicas de belleza que culturalmente son atribuidas a las mujeres tal como: la depilación de la ceja, se dejan crecer el cabello, se maquillan, utilizan ropa más femenina como pantalones y blusas más ajustadas, usan aretes, se rizan las pestañas, se tiñen el cabello, entre otras. Estas también son naturalizadas por las mujeres transexuales, argumentando que desde siempre han conocido estas técnicas: “Toda la vida desde los quince años, toda la vida, yo me rizaba las pestañas me ponía rímel, me ponía pestañas, de una por una, me ponía aretes, yo toda la vida he sido una mujer con pantalón y blusa” (Avelina, mujer transexual, entrevista, 2012). Según estas narraciones las mujeres transexuales adquieren una especie de maestría para producir una feminidad con su corporalidad en una búsqueda constante de ocultar las partes del cuerpo que evidencia que su anatomía culturalmente es asignada a la de un hombre.


También recurren a prácticas más sofisticadas como los peeling[6] que sirven para que su piel luzca más delicada y suave al tacto y las depilaciones laser[7] para desterrar el vello facial y corporal que les es en suma molesto. Aunque estas prácticas parecieran pequeños pasos que no interfieren en la identidad de las mujeres transexuales, son de suma importancia por el significado social que adquieren para que a la mirada del otro puedan pasar, como ellas dicen, por mujeres auténticas.


Una de las partes del cuerpo que necesitan ocultar las mujeres transexuales es el pene, símbolo emblemático de la masculinidad. Esto lo realizan mediante lo que llaman montarse que consiste en esconder el pene entre los glúteos jalándolo con tal de que no se vea abultada la zona del pubis. Esta práctica la realizan todos los días, es de manera permanente y rutinaria mientras no se realicen la cirugía de reasignación de sexo. Así mismo, algunas mujeres transexuales refieren el uso de calzones especiales para ocultar el pene, y algunos utensilios para tenerlo hacia atrás. El montarse adquiere un significado de vital importancia para las mujeres transexuales porque les permite esconder esa parte de su cuerpo que no les gusta y en ocasiones no pueden ni nombrar, el pene. Por ello montarse se vuelve un posibilidad para poder reafirmar su feminidad, porque no solo se trata de jalar, esconder, meter el pene, sino de quedar lizas, es decir, como el cuerpo de una mujer.


Por otra parte las mujeres transexuales tienen estrategias para exacerbar otras marcas femeninas en su cuerpo, mediante el uso de artefactos como: esponjas o prótesis para asemejar senos, caderas y glúteos femeninos. Aunque este tipo de prácticas son poco comunes, pues por medio del consumo de hormonas e intervenciones quirúrgicas logran estos cambios sin tener que hacer uso de extensiones de su cuerpo que sienten que no les pertenecen.


En resumen puedo decir que las mujeres transexuales han construido un conocimiento sobre cómo feminizar su cuerpo adquiriendo una especie de maestría. Esto evidencia, como dice Butler, que el género es performativo, puesto que es por medio de la repetición, práctica y estilización de su anatomía que logran una apariencia femenina. Es decir, realizan un proceso de reiteración de las normas de género a través de transgredir su cuerpo enunciándose como mujeres fuera de los esquemas de la matriz heterosexual.


Ingesta de Hormonas


Para las mujeres transexuales el consumo de hormonas representa una forma de modificar física y fisiológicamente su cuerpo, además, de disminuir la discordancia entre su cuerpo y su identidad sin tener que someterse a intervenciones quirúrgicas costosas, abrasivas y dolorosas. También es una forma simbólica de experimentar corporalmente la feminidad que siempre han tenido y que su anatomía biológica les impedía obtener.


Las edades en que las mujeres transexuales empiezan a consumir hormonas varía dependiendo de cada persona, pero lo más común es que inicien entre los catorce y veinte años. Estas prácticas corporales las aprenden principalmente de sus amistades, del internet o en los grupos de apoyo donde pueden obtener información para llevar a cabo su transición. Tal como lo narra Estela cuando empezó a consumir hormonas para feminizar su cuerpo: “leí un libro que los estrógenos eran para los bustos y todo esto, por un amistad, por una amiga empecé a robarle a mi mamá la lotural con estrógenos y ahí fue cuando empecé a tener el cambio a más femenina” (Estela, mujer transexual, entrevista, 2012).


Como este testimonio existen un sinfín de historias de cómo las mujeres transexuales se empezaron a hormonizar, en donde predomina la ausencia de un profesional médico, los consejos de amistades y la autoadministración de estrógenos y progesterona de acuerdo a los resultados obtenidos. Debido a esto, las dosis, frecuencia y formas en que son suministradas las hormonas están basadas en el conocimiento empírico que han adquirido las mujeres transexuales a lo largo de estos años, gracias a la experimentación con sus propios cuerpos, como menciona Avelina, las mujeres transexuales se han inyectado de todo: “desde los 17 años, 16 años, siempre ¿Que no he tomado? Tomaba Perlutal, me inyectaba Premarin en la pompa, Premarin en la vena (…) que no tomaba” (Avelina, mujer transexual, entrevista, 2012).


Las hormonas más consumidas son Perlutal, Cilcofemina, Premarin, Lutural con estrógenos, Cuerpo amarillo y Dianex, todas estas contienen distintos grados de estrógeno y progesterona. A decir de las mujeres transexuales, estás hormonas son las que producen mejores efectos, sobre todo las de administración intramuscular; así mismo hicieron hincapié que las modificaciones que experimentaron en su cuerpo fue el crecimiento de los senos en específico la hinchazón de los pezones, la suavidad en la piel, el adelgazamiento del vello y la voz; algunas mujeres dijeron, sobre todo las que consumieron hormonas a edades tempranas, que se les ensancharon las caderas. Así mismo, aseguran que también sintieron cambios en sus actitudes, dijeron, sentirse deprimidas, llorar por todo de una forma irracional, así como ser más sensibles a los acontecimientos diarios en su vida.


No obstante, estos cambios pueden desaparecer cuando se deja de consumir hormonas, como dice Nalleli: “cuando dejas de tomar los estrógenos adiós, se van”, o sea, se va la posibilidad de ser femenina. Por ello para las mujeres transexuales se vuelve casi una necesidad el consumir hormonas permanentemente, si dejan de hacerlo sienten que algo les falta, por ejemplo, muchas ocasiones escuche decir a las mujeres transexuales, que no tenían dinero para comprar hormonas, que sus senos se veían más pequeños o su piel se hacía más rasposa.


Esta falta de algo que describen las mujeres transexuales se traduce en un sentimiento de vacío e incompletud producto de la discordancia entre su identidad de género y su corporalidad. Vacío que encarnan con su cuerpo, como dice esta mujer transexual que acudía al grupo de apoyo, “las hormonas llenan los huecos de hombre”, en otras palabras, las hormonas llenan el vacío que sienten cuando su corporalidad no es sentida como la propia. Estos huecos deben ser llenados por medio del consumo de hormonas o las intervenciones quirúrgicas para subsanar sus sentimientos de discordancia. Debido a esto existen una serie de creencias alrededor de cómo suministrar hormonas de acuerdo a la parte del cuerpo que quieren que crezca, estas son, caderas, nalgas y senos porque son los símbolos que representan, bajo los esquemas de género, un cuerpo femenino.


Estas creencias originan prácticas corporales de riesgo, por ejemplo, se inyectan las hormonas directamente en los senos, glúteos o caderas, produciéndoles en algunas ocasiones problemas de salud. Sin embargo, eso queda de lado cuando se trata de llenar los huecos de sus cuerpos y sentirse más femeninas como dice Nalleli: “porque muchas chicas se inyectan perlutal en las chichis directamente para que les crezcan y es mentira, no te crecen, a lo mejor si las llenas pero después se vacía” (Nalleli, mujer transexual, entrevista, 2012). Así mismo los vacíos también se encuentran en caderas, muslos y glúteos, para esto recurren a otro tipo de prácticas corporales como cuenta Toña: “el cuerpo amarillo es hormona y es como progesterona pero es como aceitito, y esas las llenan, las llenan, de las jeringas del 10 o del 20, (…) se la inyectan en el tejido adiposo, y como se lo inyectan el tejido adiposo, se les van inflando las nalgas, y les queda como una bola como si fuera una naranja, así piel de naranja se les hace y se las van desbaratando con hielo (Toña, mujer transexual, entrevista, 2012).


En estas narraciones observamos cómo ciertas prácticas de las mujeres transexuales van encaminadas a formar el cuerpo curvilíneo que se asocia a la feminidad, es decir, se piensa que la hormona llena las caderas, nalgas y los senos. En este sentido las mujeres al ingerir hormonas sacian sus sentimientos de vacío, no solo para redondear las partes corporales asociadas a la feminidad, sino, también se llenan de confianza cuando el cuerpo empieza adquirir la forma deseada.


Así mismo, las mujeres transexuales indican que las hormonas actúan casi de inmediato en su cuerpo como dice Estela cuando se inyecta perlutal siente cómo se le infla todo: “en cuanto me la pongo (se refiere a la inyección de perlutal) a los 10 minutos ya estoy (señala en busto como diciendo que le creció) mismo minuto ya estoy” (Estela, mujer transexual, entrevista, 2012).En este sentido las mujeres transexuales deben consumir hormonas rutinariamente para que los efectos no se desaparezcan, de esta forma ellas construyen su feminidad por medio del consumo constante y rutinario de hormonas que reafirma su identidad como mujeres.


En resumen, el consumo de hormonas se vuelve una necesidad para mujeres transexuales cuando se trata de subsanar los malestares que les producen el no poder representar con su cuerpo el sexo/género que desean. Por ello muchas mujeres recurren a prácticas de riesgo donde ponen en peligro su salud con tal de lograr tener una corporalidad femenina con el fin de compensar sus sentimientos de vacío donde “el cuerpo es experimentado como un modo de llegar a ser” (Preciado, 2002).


Intervenciones corporales


Las intervenciones corporales que realizan las mujeres transexuales van dirigidas a modificar su cuerpo permanentemente para exaltar los atributos de género que las harán inteligibles socialmente como mujeres en la sociedad. Dichas intervenciones las divido en dos: las intervenciones quirúrgicas que realiza un profesional médico y las intervenciones que realizan por sí mismas con ayuda de otro miembro de la comunidad. Éstas las realizan en las partes del cuerpo que consideran que deben modificarse para lograr tener una figura de mujer, entre ellas están: las del rostro y la parte media y baja del cuerpo, es decir, en torso, cadera, glúteos y rodillas.


Las intervenciones que realizan en el rostro son para obtener una forma más grácil, fina y suave. Esto lo llevan a cabo mediante la inyección de botox, silicón, colágeno en las zonas donde consideran que deben resaltar sus atributos como pómulos, mentón, labios y nariz. Todas, salvo la rinoplastia, son realizadas en clínicas de belleza, spas, estéticas, o por las propias mujeres transexuales. Así mismo, se vuelven indispensables para aquellas que tienen facciones toscas. Sirven para eliminar los rasgos que evidencian su anatomía biológica de hombre y para que sientan su rostro más femenino. Cabe resaltar, que la cara es la carta de presentación de la identidad, por ello le toman mucha importancia a su arreglo personal. A la par de esta feminización aprenden a estilizar su rostro con mucho maquillaje, este lo usan para ocultar características masculinas como la barba o la ceja prominente y para exaltar pómulos y labios, es decir, delinean su cara para dar una apariencia femenina.


Así mismo, las intervenciones quirúrgicas para moldear la nariz les ayuda a mostrar un rostro más femenino, como explica Estela respecto a su nariz: “Si así como la tengo en la fotografía si la tengo ancha. Nada más lo que me hicieron fue rebajarme aquí poquito y me la cerraron (…) y aquí me meten una protesita porque siento una bolita aquí” (Estela, mujer transexual, entrevista, 2012). Pocas mujeres transexuales se han hecho esta clase de intervención quirúrgica, algunas dicen no necesitarlo por tener facciones finas y otras no han tenido los recursos económicos.


Debido a la falta de recursos económicos para acceder a una transición, las mujeres transexuales se dividen a sí mismas en las que las que ya están hechas que se refiere a que han pasado por un proceso de reconstrucción de su cuerpo a base de hormonas e intervenciones quirúrgicas para que su silueta sea totalmente femenina; y las que aún no están hechas porque su cuerpo aún requiere de modificaciones para mostrar una figura femenina. De estas afirmaciones se desprende que las mujeres transexuales se hacen a base reconstruir su cuerpo, por eso recurren a hormonas, silicón, aceite vegetal, colágeno, entre otros para pasar como una mujer biológica. Dentro de estas intervenciones corporales se encuentran los implantes mamarios para asemejar unos senos femeninos, para lograr esto las mujeres generalmente acuden a un profesional médico. Sin embargo, algunas otras se inyectan aceite vegetal para poderse llenar tener un busto femenino.


Así mismo, para seguir el camino a la feminidad estas personas necesitan llenar las partes de su cuerpo que consideran están huecas, como ellas mismas dicen: “porque los hombres las tienen huesudas con huecos” (señala las rodillas) (Estela, mujer transexual, entrevista, 2012); “porque tenía un hoyito aquí y no me gustaba” (habla de la parte de la cadera) (Avelina, mujer transexual, 2012). Estos sentimientos manifiestan el malestar de las mujeres transexuales con su cuerpo que está hueco como el de un hombre, demuestran que la discordancia entre su identidad de género y su cuerpo finalmente les produce un vacío en su vida al no poder vivir plenamente su corporeidad.


Dichos sentimientos son subsanados por medio de las inyecciones de silicón en la parte de las caderas, glúteos y piernas ellas mimas lo refieren de esta manera: “para que me hiciera, ya tenía pompa, le digo al Dr. quiero más, quiero como que me rellene, quiero que me redondee” (Avelina, mujer transexual, entrevista, 20120); “Me empiezo a rellenar las piernas” (Estela, mujer transexual, entrevista, 2012). Como dicen estas expresiones ellas necesitan ser rellenadas para que su cuerpo adquiera una figura redonda y curvilínea, para dejar de sentir ese vacío corporal que tanta incomodidad les ha traído a los largo de sus vidas, donde los único que desean es que su cuerpo adquiera los símbolos femeninos que las harán pasar como mujeres biológicas a la mirada de otro.


La necesidad de subsanar los sentimientos de vacío que tienen en su vida las mujeres transexuales, las orilla a realizar una serie de prácticas corporales que eventualmente les ocasionan problemas de salud. Es muy común que entre la comunidad que se inyecten aceite vegetal, colágeno, silicón industrial por mencionar algunas, sobre todo en zonas de escasos recursos. Tal como expresa Gertrudis, aunque sabe que el resultado de un mal procedimiento le puede causar la muerte y desconoce qué le inyectaron en su cuerpo, para ella es una manera fácil, barata y sencilla de adquirir una figura femenina, tal como expresa: “colágeno disque colágeno no sé qué cochinero es (…) Unas de mis amigas, de nosotras, transexuales son las que saben, que a muchas han matado por lo mismo de que no saben, las inyectan mal y resultan muertas” (Gertrudis, mujer transexual, entrevista, 2012).


Como bien dice Gertrudis las mujeres transexuales son las que saben cómo llenar los huecos en el cuerpo, sólo ellas saben lo que se siente, nadie más les puede decir como intervenir su cuerpo cuando lo que está de por medio es su propia identidad. Por ello entre ellas mismas se ayudan, se orientan y modifican sus cuerpo para tener una apariencia femenina, como describe esta narración: “ella me dijo “¿cómo me ves las nalgas?”, y le digo “bien aguadas” “¿pero llenas no? Me acabo de inyectar aceite”, le dije “Mariel eso es bien peligroso, bien peligroso” y otro chico “ah yo también quiero” un travesti y dijo “ah pues compra el aceite, vale como 100 pesos y yo te lo inyecto” (Nalleli, mujer transexual, entrevista, 2012). Así las mujeres transexuales transmiten sus saberes para intervenir su cuerpo de forma oral y de generación en generación, aunque algunas mujeres se quedan en el camino, muchas han logrado hacerse a base de estos conocimientos.


La mayoría de las prácticas corporales que llevan a cabo para intervenir su cuerpo, son para llenarse, rellenarse y redondearse los huecos de sus cuerpos, por lo tanto estas modificaciones corporales con significadas como una manera de estar plenas con ellas mismas ya que pueden vivir la experiencia del cuerpo femenino. Estar completa y hecha quiere decir que por fin la discordancia que sentían entre su identidad de género y su cuerpo es subsanada con silicón, aceite vegetal o colágeno para que su cuerpo tenga formas femeninas curvilíneas que las podrán hacer inteligibles socialmente con una corporalidad de mujer.


Las mujeres transexuales también realizan prácticas corporales para desterrar las partes corporales que evidencian su anatomía de macho, pero que también representan culturalmente la masculinidad; estas son: el pene y los testículos. Si bien, ninguna de las mujeres que participaron en el estudio dijo haberse realizado una cirugía de resignación sexual[8], una señaló haberse sometido a una orquiectomía, es decir, la extirpación parcial o total de los testículos. Esto significó un paso más en su feminización, a decir de esta mujer transexual, dejó de consumir la misma cantidad de hormonas y los efectos fueron mayores. Así mismo se sintió más segura con ella misma y le dio la pauta para subjetivarse y sentirse más femenina. Así lo señala: “se eliminó la producción de testosterona en el cuerpo, y pues más femenina. (…) Para mí fue un paso muy bonito, dar ese paso, el resultado de ese paso, y o sea ya era más, un paso más adelante en mi transición. Y ya para entonces salía a la calle en vestidos, pelo largo y como sea, y era muy bonito” (Adriana, mujer transexual, entrevista, 2012).


En su narración podemos ver que lo que significó para ella quitarse los testículos fue desterrar de su cuerpo una parte que siempre le había disgustado pero a la vez saber que su cuerpo podía mostrar marcas de género femeninas. Por medio de esta intervención corporal pudo por fin salir ante la sociedad con la imagen femenina que siempre quiso, así como pudo ser reconocida por otros que reafirmaron su identidad de mujer.


En resumen las intervenciones corporales que realizan las mujeres transexuales van encaminadas a sentirse plenas a llenar el vacío que ocasiona en sus vidas el no poder representar el sexo/género que desean. Así mismo dichas intervenciones están caracterizadas por prácticas de riesgo y la ausencia de personal capacitado para llevarlas a cabo que en muchas ocasiones les ocasiona la muerte.


A modo de conclusión


De lo descrito anteriormente puedo decir que las mujeres transexuales que viven en Tijuana realizan su transición de un sexo/género a otro sin supervisión de un profesional médico. Más bien, lo hacen al margen de la práctica médica con ayuda de sus congéneres, creando un conocimiento empírico que se transmite de generación en generación para feminizarse. En base a la experimentación con sus propios cuerpos, aunque, este de por medio su salud e incluso la muerte.


Estas modificaciones corporales que llevan a cabo las mujeres transexuales se basan en los significados sociales que adquieren las distintas partes del cuerpo para construir figuras femeninas. Es decir, no tiene el mismo valor social y simbólico el realizarse una rinoplastia que una cirugía de reasignación sexual. Por ello, para las mujeres transexuales es muy importante adquirir las marcas de género que se le atribuyen a los cuerpos femeninos socialmente. Éstos son senos, glúteos, caderas y muslos, así como, las que desean desterrar de sus cuerpos que son en específico pene y testículos. Para ellas hacerse o deshacerse de esas marcas de género son de vital importancia para resignificar su identidad de género y por lo tanto reafirmar su feminidad al tener una figura como la que siempre habían deseado.


Así mismo, al modificar su cuerpo las mujeres transexuales disminuyen el sentimiento de malestar que tienen al no sentir su corporalidad como propia, resignificando su identidad de género constantemente como mujeres. Es decir entre más se asemeje sus cuerpo al imagen corporal que desean se sentirán más acorde a lo que siempre quisieron.



Bibliografía


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  3. Bullough, Vern, 2000, “Transgenderism and the Concept of Gender”, en The International Journal of Transgenderism, Vol. 4, Núm. 3, julio-septiembre, s/p

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  8. Córdova Roció, 2006, “El difícil tránsito de “hechiza” a “hechicera”: construcción de la subjetividad entre sexoservidores transgénero de Xalapa, Veracruz” en Secuencia, Instituto Mora, Septiembre-Diciembre, Núm. 66, pp. 91-109

  9. Curtis James, Arreola Daniel, 1991, “Zonas de tolerancia on the Northern Mexican Border” en Geographical Review, Vol. 81, No. 3, pp. 333-346

  10. De Lauretis, Teresa, 1996, “La tecnología de Género”, en María Echaniz Sans (Trad.), Diferencias, etapas de un comino a través del feminismo, España, Cuadernos inacabados-Horas y Horas, pp. 33-69.

  11. Félix, Humberto (2003), Tijuana la horrible. Entre la Historia y el Mito, México, Colef

  12. Kearney, Michael, 2008, “La doble misión de las fronteras como clasificadoras y como filtros de valor”, en Velasco, Laura, (Coord), Migración, Fronteras e identidades étnicas transnacionales, COLEF/Porrúa, pp. 79-116.

  13. Kessler Suzann y McKenna Wendy, 2000, “Who put the "Trans" in Transgender? Gender Theory and Everyday Life” en The International Journal of Transgenderism, Vol. 4, Núm. 3, s/p

  14. King, Dave, 1998, “Confusiones de género: concepciones psicológicas y psiquiátricas sobre el travestismo y la transexualidad” en Nieto José Antonio (compilador), Transexualidad, transgenerismo y cultura. Antropología, identidad y Género, Madrid, Talasa, pp. 123-157

  15. Lamas Martha, 2009, “El fenómeno trans” en Debate Feminista, año 20, vol. 39, 3-13

  16. Montezemolo Fiamma, 2006, “Tijuana becoming rather than being: representando representaciones” en Arxius de Ciencias Sociales, Num, 14, p.p. 91-110

  17. Muñiz Elsa, 2010, “Las prácticas corporales. De la instrumentalidad a la complejidad”, en Muñiz Elsa (coord.), Disciplinas y prácticas corporales. Una mirada a las sociedades contemporáneas, México, Anthropos/UAM, pp. 17-50

  18. Preciado, Beatriz, 2007, “La invención del género, o el tecnocordero que devora a los lobos” en Conversaciones feministas. Biopolítica, Buenos Aires, Edición dirigida por Ají de pollo, p.p. 15-38

  19. Schmidt Arthur, 2011, “Prefacio” en Velasco, Laura y Contreras, Oscar, 2011, Mexican voices of the border region, Pensilvania, Temple University Press, pp. VII-XVI

  20. Soley- Beltran Patricia, 2004, “In-transit: la transexualidad como migración de género” en Aspakia: investigación feminista, N° 15, pp. 208-231

  21. Valenzuela, Manuel, 2003, “Centralidad de las fronteras. Procesos socioculturales en la frontera México-Estados Unidos”, en Valenzuela Manuel (coord.), Por las fronteras del norte. Una aproximación cultural a la frontera México-Estados Unidos, México, FCE, pp. 33-67.

  22. Velasco Laura y Contreras Oscar, 2011, “Introducción” en Velasco, Laura y Contreras, Oscar, 2011, Mexican voices of the border region, Pensilvania, Temple University Press, pp. 1-16

  23. Vila, Pablo, 2001, “La teoría de la frontera versión norteamericana. Una crítica desde la etnografía”, en Vila Pablo, Fronteras, Naciones e Identidades, Ciccus, Buenos Aires, pp.99-120.




[1] Es importante aclarar que existe una gran discrepancia en cuanto a estas categorías tanto en la literatura estadounidense como en Latinoamérica, para mayor información sobre la construcción de dichas categorías revisar Bullough (1998, 2000), Kessler y McKenna (2000), King (1998) por mencionar algunos.


[2] Alrededor de los procesos económicos, sociales, y culturales que suceden en la frontera México- Estados Unidos y en específico en la zona fronteriza Tijuana-San Diego, existen un sinfín de posturas teóricas de las cuales las más importantes son a partir de dos metáforas los cruzador y reforzador de fronteras. La primera se refiere al tránsito y cruce mientras que la segunda alude a la permanencia y estabilidad de la zona fronteriza. Estas no se abordaran en este trabajo pero se puede consultar Kerney (2008), Anzaldua (1999), Valenzuela (2003), Vila (2001), entre otros.


[3] Para mayor información sobre las representaciones de la ciudad de Tijuana consultar Montezemolo (2006) Valenzuela (2003) y Felix (2003).


[4] En la Ciudad de México actualmente se puede realizar el cambio de identidad sexo/genérica debido a las recientes reformas al Código Civil y de Procedimientos Civiles del Distrito Federal para que las personas transgénero y transexuales puedan modificar jurídicamente su nombre y su sexo. Sin embargo, el cambio solo lo pueden hacer las personas nacidas en el Distrito Federal, aunado a esto, los costos son altísimos, no todas las personas tienen el poder adquisitivo de costear un abogado por el tiempo que requiere el juicio.


[5] Estas técnicas se basan en las tecnologías que entiendo como un un aparato ideológico que crea procesos para intervenir el cuerpo de acuerdo a los discursos que tiene el poder de “controlar el campo de significación social y entonces producir y promover e “implantar” representaciones de género” (De Lareutis, 1996: 25). A estas se le llama tecnologías de género y actúan a través de los medios de comunicación, como el internet, la televisión, revistas, cine, entre otros, e instituyen formas y representaciones de ser un hombre masculino y una mujer femenina.


[6] Tratamiento dermatológico para mejorar la apariencia de la piel, exfoliar y quitar la piel dañada para que la piel se vea regenerada con menos marcas y arrugas


[7] Depilación a base de corriente eléctrica que quema la raíz del bello del cuerpo para que eventualmente no vuelva a crecer.


[8] Entre las mujeres transexuales existen un sinfín de creencias y opiniones alrededor de la cirugía de reasignación sexual, entre las que predominan las que desean fervientemente someterse a ella y las que se oponen.


*Texto tomado del Archivo Documental “Cuerpos, sociedades e instituciones a partir de la última década del Siglo XX en Colombia”. Mallarino, C. (2011 – 2016). Tesis doctoral. DIE / UPN-Univalle.


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