Cuerpos, emociones, sensibilidades

 

RESULTADO DE INVESTIGACIÓN: Proyecto de Doctorado Cuerpos, sociedades e instituciones a partir de la última década del Siglo XX en Colombia. Doctorado Interinstitucional en Educación – Universidad Pedagógica Nacional, Bogotá, Colombia y Universidad del Valle, Cali, Colombia

 

INTRODUCCIÓN[1]


Sentimientos, comportamientos, creencias y deseos se alimentan de experiencias emocionales como la risa, el llanto y la gestualidad facial y van delineando una postura corporal que regula modos de apropiación del mundo, predice sucesos y testimonia el recuerdo, al punto que dispone a la persona a actuar o la paraliza en cualquier intento de reacción frente a una situación. Las emociones participan de ciertas normas sociales que indican qué se debe sentir, dónde, cuándo y que tan intensamente. Estos modos de sensibilidad predisponen maneras del sentir individual humano al tiempo que sintonizan el sentir colectivo. Las emociones prefiguran corporalidades, sirven para establecer usos y atributos de la cultura y entre las culturas, “y tienen la fuerza para construir una sensibilidad compartida del mundo” (Garay, A. & Pinzón, C., 1999: 73)


En la mayoría de las culturas y los tiempos históricos, así como en todas las clases sociales, el cuerpo ha sido una superficie sobre la cual se imprimen los acontecimientos de nuestra vida. Cuando la experiencia es fluida hay impresiones que se desarrollan en emociones (Tousignant, M. y Tousignant, N., 1999: 83)


Cuando usted cambia la manera de mirar las cosas, las cosas que usted mira, cambian. Así empieza el programa semanal de Don Miguel Ruiz Jr.,[2] hijo del Dr. Miguel Ruiz, conocido universalmente por su libro Los cuatro acuerdos. Un libro de sabiduría tolteca que le otorga poder al “ahora”, al estar despiertos, en conciencia, y que propone cuatro acciones aparentemente elementales para despertar del sueño en el que nacemos por estar inmersos en una cultura dentro de la cual aprendemos a recordar -apego al pasado-, a soñar –apego al futuro-, y a vivir a través de un conjunto de condicionamientos que nos van haciendo sujetos de un proceso de domesticación: la palabra impecable; no tomarse nada personalmente; no hacer suposiciones; y, hacer siempre lo máximo que se pueda (Ruiz, 1998). El poder del Ahora está en la sabiduría de renunciar al tiempo como apego y como ilusión, es lograr atisbos del estado intemporal de conciencia.


UN ANCIANO INTELIGENTE me decía un día: «Cuando nadie me pregunta qué es el tiempo, sé lo que es; si alguien lo inquiere, lo ignoro.» ¿Por qué, pues, insisto en lanzar esta interrogación? Al estudiar los problemas del tiempo, se aprenden algunas cosas sobre la humanidad y sobre uno mismo; cosas que antes no se comprendían: cuestiones de sociología y ciencias humanas en general, que el estado actual de los instrumentos teóricos no permitía plantear, se hacen accesibles. (…) ¿Cómo puede medirse algo que los sentidos no pueden percibir? Una hora es invisible. Pero, ¿acaso los relojes no miden el tiempo? Sin lugar a dudas, miden algo; pero ese algo no es, hablando con rigor, el tiempo invisible, sino algo muy concreto: una jornada de trabajo, un eclipse de luna o el tiempo que un corredor emplea para recorrer 100 metros (Elías, 1989: 10)


El tiempo no es una realidad material, es un concepto y como tal es una elaboración cognitiva de relaciones entre procesos y sucesos naturales y humanos, expresada simbólicamente. En las sociedades altamente determinadas se va configurando una forma de coacción social del tiempo que se traduce en una pauta de coacción del individuo. La transformación de la coacción externa de la institución social del tiempo en una pauta de auto-coacción que abarca toda la existencia del individuo, es un ejemplo gráfico de la manera en que un proceso civilizatorio contribuye a modelar una actitud social que forma parte integrante de la estructura de la personalidad, y por ende de sus emociones y sensaciones. La coacción del tiempo está fundamentada en el hecho de que hay un concepto de tiempo que ha inspirado una simbólica corporal preeminente del discurso social en el que se nace. Todo cuerpo presupone la existencia de otros cuerpos que estaban antes que él.


CULTURAS SOMÁTICAS, CUERPOS DOMESTICADOS

Domesticación que en palabras de Boltansky puede nombrarse como “cultura somática” y que nosotros preferimos enunciar en plural, por razones que vamos a ir poniendo bajo el foco, a través del texto:


Tales "normas de decoro", que definen la manera en que deben cumplirse los actos físicos más corrientes como caminar, vestirse, comer, lavarse y maquillarse y, para algunos, trabajar, la forma correcta en que deben desarrollarse las interacciones físicas con los demás, la distancia que es preciso mantener con un interlocutor, la manera en que debe mirárselo, tocarlo, los gestos que son apropiados en su presencia en función de su sexo o de su edad, según sea un pariente, un amigo, un extraño que pertenezca o no a la misma clase social, según el lugar y la hora del día; y finalmente, sobre todo, la manera correcta de hablar del cuerpo, de su aspecto externo y de las sensaciones físicas que nunca se enuncian explícita y sistemáticamente en forma positiva y sólo se expresan verbalmente en forma negativa e indirecta a través del llamado de atención, la burla, el desdén condescendiente, el desprecio o la indignación moral, constituyen una suerte de código de buenos modales de la relación con su cuerpo, profundamente arraigado y común a todos los miembros de un grupo social determinado. Como este código, ampliamente inconsciente, al igual que los códigos lingüísticos, se expresa a través de sus productos, o sea en la práctica de los códigos cuya aplicación rige, sólo puede ser captado mediante la observación, el análisis y la comparación de las prácticas corporales de los miembros de los distintos grupos sociales” (Boltansky, 1982: 5-6)


Un primer corpus escritural dentro de estas culturas somáticas de lo sensitivo emocional se inclina por estudiar las emociones como formas corporales de ser, elaborando una serie de trayectos entre lo biofísico, lo personal y lo sociocultural, como es el caso de las medicinas Ayurveda, tradicional mexicana y tradicional china, en donde las emociones necesitan ser disciplinadas ya que participan de ciertas normas sociales que indican qué se debe sentir, dónde, cuándo y que tan intensamente. Además, se afirma que estos modos de sensibilidad predisponen maneras del sentir individual humano al tiempo que sintonizan el sentir colectivo; prefiguran corporalidades; sirven para establecer usos y atributos de la cultura y entre las culturas; y tienen la fuerza para construir una sensibilidad compartida de mundo. A propósito de lo dicho, dentro de los marcos explicativos que han recogido los estudios sobre las emociones encontramos el darwinismo, la visión psicoanalítica, el constructivismo social, y el interaccionismo, y se dice que todos ellos han contribuido, en diferente medida, a la comprensión de esta singular experiencia humana que durante el siglo XIX, en el marco de la medicina científica, era considerada síntoma y signo de enfermedad mental y acto disruptivo de la inteligencia. Así mismo ha sido interpretada desde dimensiones reduccionistas biológicas y cognitivas vinculadas con los roles de género o como parte de cuadros clínicos psiquiátricos. Todas las medicinas, basadas en sus respectivas epistemologías, constituyen complejos de saberes y técnicas que regulan y normalizan las expresiones emocionales que distinguen a los miembros de una sociedad. Por eso, al ámbito médico se le reconoce aquí una gran influencia en el disciplinamiento de diversas formas de sensibilidad entre las que podemos citar entre muchas: aquellas ligadas a reacciones inmediatas al ambiente físico y social relacionadas con cambios físicos en el cuerpo o en la cara como la rabia, el miedo, la alegría, la sorpresa, el disgusto, la tristeza, etc.; los estados de ánimo que afectan la percepción de la realidad y la respuesta corporal; los vínculos afectivos como el apego o la aversión hacia alguien o algo, que determinan creencias, afectos, ideologías y visiones de mundo; y, las emociones definidas como morales, entre las que se mencionan el ultraje, la injusticia, la indignación, etc.


De otro lado, se habla de juegos de la subjetividad y la intersubjetividad que plantean problemáticas como el suicidio, el alcoholismo, la apatía, la tristeza, la disminución de la potencia de ser, y el aburrimiento, etc., contrario sensu de emociones que llegan a ser determinantes en prácticas sociales como las protestas juveniles, influenciando la motivación para la acción y la participación, y contribuyendo al empoderamiento, pues en el discurso de la acción, poder decidir sobre lo que se hace, permite acoger lo que ese hacer va produciendo en sí mismo y en los otros, y entender la fuerza de la vivencia compartida, de la identidad personal como afecto y afectación del propio sentir y de otros sentires, del pensar con el corazón y del sentir con el pensamiento, del sentir como sentir del otro. Poner este tipo de vivencia en el centro del análisis, dicen Poma y Gravante, “permite estudiar la protesta como espacio de experimentación en el que las personas redefinen su manera de ver el mundo, convirtiendo la lucha en una experiencia emancipadora” (2012:24) que en este caso, tiene en el cuerpo de los jóvenes, el locus a partir del cual ellos construyen marcos interpretativos que dan sentido a su experiencia política.


Otras tendencias en las escrituras sobre la emocionalidad como corporización, estan vinculadas a la vivencia de las danzas populares, una vivencia que además de ser física, es emocional y espiritual y pone en escena una corporalidad histórico cultural rica en elementos ancestrales, como sucede por ejemplo en el quehacer musical de las Comparsas de Lakita, comparsas urbanas del norte de chile, y con el concepto de cuerpo de la cosmovisión y cosmoaudición aymara, cultura de origen de este tipo de agrupaciones. Se dice que en el sincretismo que se pone en juego con estas prácticas populares, se puede dilucidar la existencia de una corporeidad étnica capaz de proyectar un cuerpo integral y hacer lectura de esta significación y delimitación corpóreas. La presencia corporal emotiva en el mundo de la vida parece ser una presencia obvia y en ese sentido, hay voces que quieren hacer ver el valor que podría tener integrar este tipo de sensibilidades en las currícula de las instituciones educativas formales, como formas de conocer que determinan otros modos de ser corporal. Por otro lado, en el ámbito de la identidad somática y la intimidad corporal, se encuentra un estudio que relata las circunstancias de una chica anoréxica que por muchos años se vivió como hombre siendo mujer para lograr la aceptación de su padre, así como la crisis identitaria y emocional que esta suplantación somática acarreó. Se suma al anterior, la exposición del Principio Espacio Interno, una pedagogía de la percepción y el conocimiento del propio cuerpo, basada en el desarrollo de la capacidad de moverse con economía, flexibilidad, fuerza y delicadeza. Este proceso eutónico, dice Rovella, “trata de dar cuenta de cómo hacemos lo que hacemos y cómo nos vamos conociendo en el cuerpo, a través del cuerpo, nombrando cuerpo como espacio de síntesis de sensaciones, sentimientos, registros “anatómicos”, tonos -neuromuscular, neurovegetativo, emocional-, pensamientos, sentidos, contacto, comunicación, vínculos. Desplegando decires del sentir de los cuerpos, lo que de los cuerpos deviene” (2012:1).


La madurez espiritual necesaria para ser reconocido como profeta, también es objeto de interés en este mismo núcleo, y narra el llamado que Dios hace a algunos escogidos para realizar su obra a través de “dar una palabra”, o realizar una profecía dirigida a alguien. Aquel que es depositario de la acción y aquel a quien va dirigida, deben encontrarse desde sus sensibilidades pues lo que se dice debe ser lo que Dios mandó y lo que se manda no puede dejar de entregarse.


EMOCIONES, CONTROL Y REGULACIÓN SOCIAL

Un segundo corpus textual centra su atención en la relación entre las emociones y las diferentes instancias de construcción, control y regulación corporal. Así, uno de los autores se pregunta por una serie de palabras y expresiones que a su entender, son titulares de todos los diarios: SIDA, desempleo, remedios falsos, aborto, globalización, sexualidad, filas en hospitales, viagra, salud, dolencia, etc., y que pueden, afirma, tanto remitir a aquello concreto que representan, como de cierta manera, constituir el cuerpo, o más precisamente nuestros cuerpos. En este sentido argumenta la existencia de una sociología de los cuerpos-emociones, pues en tanto las maneras del sentir individual se ecualizan con el sentir colectivo, el control corporal, que es así mismo regulación emocional, determina modos culturales de corporización del mundo. Si se piensa en la construcción del cuerpo a través del capital, agrega, la centralidad del disfrute-goce y la crueldad como claves de lectura de las sensibilidades capitalistas, se transforma en una expropiación permanente de la vida y de la fuerza corporal del trabajador.


Algunos examinan el dolor como dispositivo de regulación y control corporal presente en las diferentes culturas a lo largo de la historia, en prácticas como los castigos o los procesos ceremoniales de la purificación, la expiación o la elevación. Más actualmente ha sido medio o pago para recobrar el equilibrio bilógico en prácticas de adquisición de conciencia de la existencia corporal, en donde se le atribuyen funciones como rito de reacomodo que rompe con determinadas incertidumbres grupales e individuales; también como recurso que marca un antes y un después exorcizando un momento o una circunstancia a partir de momentos significativos; como cierre de ciclos; y, como conclusión de experiencias relacionadas con la esfera de lo emocional; entre otras. Una mirada adicional que se hace del dolor se da en el contexto de las llamadas aquí geografías corporales -tatuajes, piercing, escarificaciones, implantes, vestimentas-, que a manera de textos quedan indelebles en la piel de los cuerpos implicándolos en actos rituales en donde las técnicas utilizadas, los diseños, los colores, los sitios corporales -hombros, pecho, espalda, piernas, pubis, ombligo, etc.-, traen consigo una carga simbólica que más allá de su valor decorativo, narran acontecimientos de la vida. En estas prácticas:


(…) el dolor no es una mera reacción anatómica y fisiológica, ni una reacción mecánica del organismo a determinados estímulos, sino que se halla sujeto a diversos factores sociales, culturales, religiosos, simbólicos, individuales e incluso de género. Por tal razón la integración del dolor en la cultura le da sentido y valor a los individuos, esto nos lleva a comprender los motivos por los cuales los sujetos lo ritualizan para otorgarle un soporte simbólico a una parte de sus vidas” (Zárate Zúñiga, 2013:770-771)


A su vez, un estudio que propone huir del miedo, desterrar el enojo, escapar de la tristeza, y caer en brazos de la risa, sugiere, en palabras de Fernández Poncela (2012), mirar la relación entre los chistes como narrativas populares y las reacciones emocionales en momentos de contingencia.


Como puede verse, las voces que se están encargando de mirar el asunto de las emociones y sensibilidades son variadas y abundantes. Algunas de sus temáticas tratan las reflexiones sobre las alteraciones del comportamiento por el consumo de crack y sus posibles efectos nocivos; la medicalización del sufrimiento a partir de psicofármacos y sus implicaciones bio-políticas; la intervención sobre la experiencia sensible de cuerpos individuales y de grandes poblaciones; las políticas alimentarias vinculadas a cuerpos y emociones de niños/as de sectores populares; el emocionar, el cuerpo y la tradición afro brasileña en el ámbito de la Capoeira Angola y sus metamorfosis; la experiencia de la atención plena y su relación con la ansiedad y la depresión en estudiantes universitarios; la apreciación estética y sexual del varón hacia el cuerpo embarazado; y, la configuración de las sensibilidades a partir de los espacios físicos, etc., entre muchas otras.


Mientras podemos averiguar si lo que cambia es el mundo y entonces ajustamos el foco para verlo claramente, o si lo que cambia es la mirada y con ella nuestra percepción corporal; si optamos por ser cuerpos insensibles, calculadores y racionales en oposición a cuerpos dominados por impulsos y emociones; o, mejor aún, si somos cuerpos al mismo tiempo cerebrales y sintientes, será menester seguir indagando ¿de qué modo opera el cuerpo en su universo emocional?


BIBLIOGRAFÍA
  1. Boltansky, L. (1982) Los usos sociales del cuerpo. Facultad de Sociología, Universidad Veracruzana. México: Colección Márgenes.

  2. Fernández Poncela, A.M. (2012). Huyendo del miedo, desterrando el enojo, escapando de la tristeza, y cayendo en brazos de la risa: los chistes en México en tiempos de la influenza 2009. En: Aimar, L.A. (Ed. Coord.). Cotidianas violencias, padecimientos y resistencias. Revista Latinoamericana de estudios sobre cuerpos, emociones y sociedad RELACES. Año 4, (8). Publicación electrónica. Argentina CIECS / CONICET / UNC, pp. 7-16.

  3. Garay Ariza, G. y Pinzón Castaño, E. (1999). Salud y subjetividad urbana. En: M. Viveros Vigoya y G. Garay Ariza (Coord.). , pp. 54-82. Universidad Nacional de Colombia, CES.

  4. Rovella, A. (2012). El espacio interno personal reencontrado desde la Eutonía: de la clase a la vida cotidiana. En: Citro, S. et al. (Coords.) 1er Encuentro Latinoamericano de Investigadores sobre Cuerpos y Corporalidades en las Culturas. Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, Argentina. Red de Antropología de y desde los cuerpos – Grupo de trabajo 2.

  5. Ruiz, M. (2011). Los cuatro acuerdos. Un libro de sabiduría tolteca. México: Urano.

  6. Tousignant, M. y Tousignant, N. (1999). El cuerpo como objeto político en las sociedades centralizadas: una comparación de la medicina china antigua y la medicina preventiva moderna. En: M. Viveros Vigoya y G. Garay Ariza (Coord.). , pp. 83-94. Universidad Nacional de Colombia, CES.

  7. Poma, A. y Gravante, T. (2013). Emociones, protesta y cambio social. Una propuesta de análisis. En: Aimar, L.A. (Ed. Coord.). (2013, diciembre - 2014, marzo). Cuerpos en juego: acción colectiva, estética y política. Revista Latinoamericana de estudios sobre cuerpos, emociones y sociedad RELACES. Año 5, (13). Publicación electrónica. Argentina CIECS / CONICET / UNC, pp. 21-34.

  8. Zárate Zúñiga, M.I. (2013). La resignificación del dolor a través del cuerpo tatuado. En: Muñiz García, E. & List Reyes, M. (Coords.). VI Congreso Internacional de Ciencias, Artes y Humanidades “El Cuerpo Descifrado” La ciencia y la tecnología en las prácticas corporales – Universidad Autónoma Metropolitana UAM / Escuela Nacional de Antropología e Historia / Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Xochimilco – Memorias – Grupo de trabajo 8, pp. 769-779.


[1] La reflexión que se presenta es resultado de la investigación realizada como tesis doctoral (DIE-UPN/Univalle) titulada: Cuerpos, sociedades e instituciones a partir de la última década del Siglo XX en Colombia. Allí se sistematizaron unas 1200 fuentes documentales datadas en los últimos 20 años y publicadas en congresos y encuentros colombianos y latinoamericanos cuyo tema puntual era el cuerpo. Gracias a esta abundancia escritural se pudieron identificar tendencias escriturales o modos de enunciación respecto de “algo”, en una época en particular; y dispositivos discursivos o saberes agenciados por fuerzas que lo instituyen como “régimen de verdad” y que a la vez necesitan de él para expresarse. Ej.: “los codos no se ponen en la mesa”; “no debemos contradecir a los mayores”; “la homosexualidad es una desviación”; etc.


[2] The Way of the Desert es el programa semanal que presenta el maestro Ruiz en el Co-creator Radio Network http://www.co-creatornetwork.com/hosts/desert/host_bio.htm

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