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La carne y los preceptos religiosos cristianos: selección de ritos e interpretación de significados*


En esta investigación me he dedicado concretamente al estudio de los ritos occidentales cristianos del ayuno y la abstinencia, contrarios a la gula y relacionados, desde tiempos lejanos hasta nuestros días, con la purificación corporal y espiritual. La práctica del ayuno y la abstinencia se encuentra documentada en una gran variedad de registros que reflejan ideas muy semejantes, independientemente del tiempo y el espacio en que fueron escritos. Es por ello que cito aquí testimonios como pasajes de la Biblia, tratados de la Edad Media, sermones y reglamentos conventuales novohispanos. El concepto de cuerpo es una construcción en la cual confluyen la fisiología, la memoria, el poder, la cultura y la religión.


La cultura occidental ha mirado con gran desconfianza al cuerpo, porque es heredera de una concepción religiosa que separó radicalmente el cuerpo y el alma desde la remota antigüedad. El dualismo entre cuerpo y alma que marcó la cultura occidental procede del dualismo griego. Platón veía al cuerpo como cárcel del alma, ya que "el cuerpo corruptible abrumaba el alma y la morada terrestre ponía peso al espíritu que meditaba muchas cosas." Pero la limpieza y pureza espiritual se han relacionado, a través del tiempo y el espacio, con la “satanización” de la carne del cerdo. Éste es un acto de “obediencia” que se ejercita, por ejemplo, aún durante la Cuaresma, en la cual la Ley de Gracia de la Iglesia conserva las costumbres dispuestas en el Antiguo Testamento y ordena no ingerir su carne. Como ejemplo, cito un pasaje del Levítico donde:


“1: Habló el Señor a Moisés y a Aarón, diciendo: ... 3: Todo cuadrúpedo que tiene hendida la pezuña en dos partes y rumia, podéis comerle; 7: y el cerdo que, teniendo hendida la uña, no rumia, 8: ... [es] inmundo para vosotros ”.[1]


A pesar de que faltan estudios para profundizar en las razones de tan tajantes prohibiciones, existen asombrosos puntos de coincidencia desde oriente hasta occidente y desde la antigüedad hasta nuestros días, aunque al parecer los orientales suelen ser más rigurosos en el cumplimiento de sus reglas. Al respecto, el antropólogo Marvin Harris[2] habla del contexto en que la vaca se convirtió en el símbolo sagrado de la India, ya que la mayoría del ganado murió a causa de sequías registradas a lo largo de doce años, según el testimonio del antiguo poema épico de Mahabahrata. La carne de vaca se convirtió en tabú, para evitar la “tentación”, porque representaba la “base” del ciclo agrícola (engendraba a los bueyes que tiraban de los arados y colaboraba con ellos en esa función), además de ser un valioso alimento. Pero el cerdo no corrió con la misma “suerte”, se consideró un animal “inútil” porque antes de esa catástrofe sólo había sido un importante nutriente y esta única razón no justificó el elevado costo de su crianza, por lo que fue repudiado y tomado por “abominable”. Ayunar viene del latín ieunare que significa “mortificarse” (dominar las pasiones castigando el cuerpo y refrenando la voluntad) total o parcialmente de comer o beber, por precepto eclesiástico o por devoción, haciendo no más de una comida al día y dejando de ingerir alimento desde las doce de la noche anterior.


La abstinencia consiste, específicamente, en privarse de determinados alimentos o bebidas.[3] Actualmente, la Iglesia cristiana ha reducido el rito solamente a una hora de abstinencia antes de la comunión, además de la del miércoles de ceniza y el viernes santo. El ayuno recuerda a los cristianos su origen impuro, representado en el pecado transgresor de Eva al comer la manzana prohibida, lo que alejó a la humanidad de su primitiva inocencia. Mientras Adán guardó abstinencia, y fue templado en la comida, estuvo en el Paraíso; mas apenas faltó a las leyes de la templanza, él y Eva fueron desterrados de aquél lugar. Narra la Biblia que así empezó una larga cadena de ritos de purificación. Hay abundantes muestras de ello, incluso en el Nuevo Testamento:


“24: ¡Oh qué hombre tan infeliz soy yo! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte o mortífera concupiscencia? 25: Solamente la gracia de Dios por los méritos de Jesucristo, Señor Nuestro. Entre tanto yo mismo vivo sometido por el espíritu a la ley de Dios, y por la carne a la ley del pecado”.[4]


En la Edad Media, la Iglesia se encargó de que los fieles pusieran en práctica las disposiciones bíblicas sobre la limpieza espiritual, el sacrificio y la penitencia. Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, en su Suma Teológica, reflexiona que la abstinencia es virtuosa. En el siglo XVI, el Concilio de Trento, en su capítulo que habla de la elección de manjares, de los ayunos y los días de fiesta, exhortó también a la obediencia de aquellas cosas que conducían a la mortificación de la carne. Contrario al ayuno, la gula se juzgó como un acto abominable y un pecado terrible, incluso peor que el de la soberbia. En su Sermón de Cuaresma impreso en Madrid en 1715, el religioso Fray Juan de Jesús María, dijo que la gula hacía que los hombres perdieran el entendimiento y se transformaran en brutos irracionales, como le sucedió a Adán al ser expulsado del paraíso. Esto, apoyándose en la sentencia de Aristóteles de que:


“la naturaleza dispuso, que los vivientes sensitivos gustasen de la comida para que a un

tiempo mismo sientan deleyte, y tormento, gusto y dolor”. ¡Gran decir! Dolor, y gusto, tormento y deleyte, ¿quiere el autor Próvido del Universo, que sintamos al tiempo en que acudimos al sustento precisso de estos cuerpos materiales y terrestres?”.[5]


Para concluir, recordemos que en la sociedad novohispana también a los enfermos se les recomendaba ser sobrios y abstenerse de ingerir alimentos durante unos días para curar y eliminar de su cuerpo las impurezas y malestares adquiridos. Así, se comenta en un texto el caso de:


“una persona grave,... que como viviesse muy enfermo, y no le aprovechassen las medicinas que le aplicavan los Médicos, leyendo como la abstinencia era medicina para el cuerpo, y para el alma, se resolvió a tomarla, y para esto dexó las delicias, y pompas del mundo, y entró en el Orden Cisterciense, adonde con comer templadamente, sano en el alma, y cuerpo juntamente.[6]




[1] Torres Amat, Félix, Ilmo. Sr. (versión castellana), Sagrada Biblia, Pról. Dr. Manuel Larrain Errazurriz, Vicepresidente del C.E.L.A.M, Editorial The Grolier Society Inc.: Nueva York, 1958, (Levít. XI: 1-8).


[2] Harris, Marvin, “El origen de la vaca sagrada”, en: Caníbales y reyes. Los orígenes de las culturas, Alianza: Madrid, 2002, pp. 208-210.


[3] Real Academia Española, Diccionario de la Lengua Española, Tomo I, 22ª edic., Espasa Calpe: Madrid, 2001, pp. 15, 261y 1541.



[4] Torres Amat, Félix, Ilmo. Sr. (versión castellana), Sagrada Biblia... Op. cit..., (Romanos VII: 24, 25).


[5] Juan de Jesús María, (Fr.), del Orden de Descalzos de la Santísima Trinidad, Sermones Doctrinales para las Dominicas y Ferias todas de la Cuaresma. Dedícase al señor Don Carlos de Mencos y Coronado, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Gatimala (sic), Calificador del Santo Oficio de la Inquisición..., Tomo primero, Imprenta de Manuel Román Acosta, de los Herederos de Gabriel de León: Madrid, 1715, pp. 367-68. [Acervo de la Biblioteca José María Lafragua de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla].


[6] Francisco de Iesus María, (R.R.P.M. Fr.), Carmelita Descalzo,... dos [veces] Rector y siempre Lector de Teología, y de Sagrada Escritura de su Colegio de Salamanca, Excelencias de la caridad y de otras muchas virtudes y de la devoción con la Virgen Santísima Nuestra Señora y con su dulcísimo esposo San Iosehp: con motivos y medios para las mismas virtudes y devociones, Imprenta Lucas Pérez: Salamanca, 1680, p. 319. [Acervo de la Biblioteca José María Lafragua de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla].


*Texto tomado del Archivo Documental “Cuerpos, sociedades e instituciones a partir de la última década del Siglo XX en Colombia”. Mallarino, C. (2011 – 2016). Tesis doctoral. DIE / UPN-Univalle.

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