EJERCICIOS PARA LA ESCRITURA OTRA VEZ*



Esta ponencia performática es la presentación de una pregunta sobre los campos expandidos de la Literatura. Es un experimento y como todo experimento, es riesgoso.


De los ires y venires de estos ejercicios que llevamos desarrollando desde hace pocos meses, sólo presentaremos aquí algunos de los intentos fallidos de algo que, por nuestra cercanía y fascinación por la danza, hemos llamado escritura-contacto. Un intento de una escritura cenestésica, táctil, procesual, cuyo resultado hasta el momento, es el de una sensación.


Se trata de la escritura otra vez.


Vuelvo, volvemos [al lenguaje], después de un viaje largo, con la mirada y el cuerpo diferentes. Nuestros ojos que antes se bastaban en los libros ahora leen otras cosas. Nuestros ojos con gafas de performatividad, buscan constantemente salidas del texto y nuevas formas de entrar en él.

Hemos dejado de tener clara la diferencia entre caminar, actuar, leer, enseñar, disfrazarse, escribir, danzar. Nuestros cuerpos buscan prácticas procesos proyectos que le enseñen lo que significa ser cuerpo. Nuestros cuerpos son giros epistémicos que no quieren más ser postergados. Buscamos cuerpos y diálogos con cuerpos. Buscamos procesos que nos permitan aprender lo que es estar en proceso. Buscamos prácticas honestas, secuencias para expandirnos. Gestos para sentir. Rutas para limpiar la mirada.


Volvemos con humildad. Necesitamos espacio.


¿Quiénes somos?


Juliana. Literata. Cabaretera aficionada. Rubia natural. Crisis de los 40. Después de la pregunta por el cuerpo, la literatura, comienza a fisurarse. ¿Dónde encontrar el cuerpo? ¿en las teorías? ¿en la escritura desde el cuerpo? ¿en el cabaret? ¿en el performance? Sobre todo, después de la danza, nada fue igual. Entendidas desde la experiencia de ser cuerpos, la escritura y la lectura ya no surgen de los lugares acostumbrados ni caben dentro de las formas que hemos aprendido. El cuerpo no es una palabra; no todo es representación.


Eloísa. Bailarina, bailadora, sobre todo biodancera. Tez morena. Geminis. Literata también. Quisiera reivindicar las escrituras de la intimidad, las incompletas, las inconfesables, las imperfectas, las orgánicas. La escrituras que son como secreciones. Después de Jerome Bell, nada fue igual.


Después de la danza, el cuerpo no es una palabra. Después de la danza, el cuerpo no es un concepto. Después de la danza, el cuerpo sólo puede ser una experiencia.


La escritura ahora pulula alrededor de una serie de cosas que todavía no sabemos decir, una colección de preciosas, transparentes, evanescentes cosas que atesoramos profundamente. No sólo no las sabemos decir sin violentarlas con nuestro tacto, sino que no las sabemos contar, pues no corresponden a historias, sino a gestos, pautas, guiños. Y desde que hemos corrido las cortinas del escenario que es el texto, tampoco sabemos dónde terminan: en la página, en una puesta en escena, en el cuerpo del otro.


El texto, definitivamente, es un pretexto. Aquí, dos de nuestros actos fallidos.


¿Por qué será que siempre terminamos al borde de un abismo?


[poner los ejercicios de sonido]


Lado A: A qué hueles?


Lado B: 52 páginas después

*Texto tomado del Archivo Documental “Cuerpos, sociedades e instituciones a partir de la última década del Siglo XX en Colombia”. Mallarino, C. (2011 – 2016). Tesis doctoral. DIE / UPN-Univalle.



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