EN CUERPOS TRANSFORMADOS




En ocasiones se observan cuerpos que se comportan como el agua y el aceite; es decir, que están cerca pero no entran en contacto, porque el contacto corporal –en cierto modo- genera y crea barreras en una sociedad que ha perdido el entusiasmo para auto-enamorarse y enamorar a los otros.


Hoy más que nunca estamos en una sociedad de los cuerpos físicos sin tiempo; es decir, de la forma corporal con una estética externa, la cual, es potencializada desde los medios de comunicación, que, promulgando la marca, atraviesan y maltrata al cuerpo, robándole su naturalidad y por ende su humanidad cultural.


Entonces, ha muerto el cuerpo hermoso, ese cuerpo que naturalmente se nos muestra, sin perforaciones, sin tatuajes, sin plástico, y sin ataúdes de marca… ese cuerpo que no hace parte de la sociedad globalizada sin tiempo ni un cuerpo doliente y que ansía volver a tener el tiempo merecido, pero ya robado.


El cuerpo, es sospechosamente observado y rechazado; entonces, es de resaltar que ha muerto la poética de vivir un cuerpo lleno de experiencias de verdad, en contraste por un cuerpo, que constantemente se transforma y transfigura en objeto corto-punzante –socialmente- inyectado por los decretos de la cultura del consumo desmedido de cuerpos que son otros cuerpos que esconden al cuerpo…


Parece ser, que el cuerpo natural está en peligro de extinción; pues, se observan cuerpos transformados para no emitir testimonios de lo que viven expresando abiertamente como lenguaje; sin embargo, no hay que perder la esperanza poética de lo que somos como cuerpos observados en sujetos que cantan, bailan, actúan y practican un deporte, éstos cuerpos luchan entre lo artificial y lo natural; es decir, que en quienes canta, se hacen visible existiendo con sus dulces y melodiosas voces, evocan un pregón carente de un cuerpo potencializado en la expresión y simbolización profunda de la letra que se convierte en sonido y se canta.


También quienes bailan corriendo la salsa, haciéndose visibles a través de complejos movimientos a gran velocidad y con cuestionada expresión facial fuerte de interpretación, careciendo de sensaciones y emociones que permitan el dialogo entre cuerpo y música para generar el sentimiento que se desea bailar. Cuerpos que matan su danza en el intento de demostrar que saben hacerlo y lo muestran ante los demás lo difícil de hacerlo para bailar esa existencia que evocamos a diario, cuando lejos de estar conectados estamos ahí observando.


Cuerpos que actúan, sobre pasándose en expresión facial y gestual, por eso esconden la mirada expresiva del rostro, capaz de reafirmar cada palabra, que extraída del guion se hace sentimiento en su enunciación, sin habitar los espacios temporo-emocionales por donde navega el cuerpo protagonista del guion.


Y que pensar de aquellos cuerpos del deporte, que impresionan con el predominio de la fuerza física, por encima del control y dominio para ceder y transformar la acción en un hermoso acto de ejecución, mereciendo las ovaciones por su comprensión del cuerpo en situación con objeto, espacio, tiempo y los otros que le otorgan el rol de campeón.


Entonces, aparecen los danzantes habitando sus cuerpos, -terreno fértil para sembrar patrones de movimientos organizados en el tiempo y el espacio- desde donde se crea poesía, que se extraen desde variadas vivencias dándole forma a como él vive en la vida; expresándose desde sus lugares de enunciación que se sujetan a transformación; es decir, aquellos lugares donde el cuerpo –tímidamente- se deja ver en su totalidad de ser que se reconoce en el mundo. Un cuerpo como unidad de conocimiento, trascendiendo el espacio habido por explorar. Porque la transformación de ese cuerpo se ha potencializado en mayor porcentaje desde su interior para el exterior.


Y aparecen otros cuerpos que piensan y no se piensa, se oponen a creer en los cuerpos danzantes, porque son cuerpos racionales sin tiempo, y que abandonándose en la totalidad del intelectualismo, vetan al que moviéndose piensa construyendo otros mundos donde es posible la letra y la poesía en movimiento.


Cuerpos que establecen un lugar aislado de todos los caminos que conducen al cuerpo a habitarse en un solo lugar desde donde el cuerpo es; entonces, hay quienes se resisten a conocer el cuerpo desde lo que éste exige para ser habitado -atención, escucha, tacto-contacto, vibración y buen color que es lo que se pierde cuando llega el corrosivo intelectualismo.


Ya cansado de la fragmentación que el cuerpo racional hace del cuerpo presente, ese que se piensa como unidad coordinada por acciones y actos de presencia en cualquier contexto con variadas alternativas para danzar la existencia y el reconocimiento de los espacios, soy el cuerpo que se niega a desaparecer por la superficialidad de la moda del momento.


El cuerpo racional evita el cuerpo total, él se evita pensar como una unidad total de conocimiento y entendimiento para amar, desde lo que es, deconstruye su realidad en realidades que aparecen para juzgar y descalificar al que no esté de acuerdo la enunciación de la racionalidad, donde se pierde vivir en la existencia por la moda que incomoda y promueve el consumo desmedido de lo superficialidad de lo que aparentan ser pero no son.


Son cuerpos que sabiendo el camino, se han desviado del dialogo entre cuerpos que son esenciales como “ser uno” conectado con la esencia de su vida con las vidas y con la vida, ellos armonizan el caos y sin pensarlo desvirtúan la dicha y el sosiego que causa moverse libremente en rutas que nos llevan a saber de nosotros con los otros y con la existencia del mundo.


Y Ahora que seguirá haciendo mella en el cuerpo…


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