RESULTADO DE INVESTIGACIÓN: Investigación: “Concierto Polifónico sobre la dramaturgia de la danza” (2010) -Publicada por la Orquesta Filarmónica de Bogotá - Dramaturga y directora de teatro / julireyes2002@yahoo.es

 

Colombia es un país en el que la danza hace parte de la cultura popular y del imaginario colectivo; su utilización está ligada a nuestro carácter y a nuestra forma de relacionarnos. Sin embargo, a pesar de la fuerte presencia que tiene el baile en la idiosincrasia colombiana, el ejercicio dancístico profesional en Colombia es realmente reciente y más aún si hablamos de la llamada danza contemporánea.


A finales de los años setenta, las posibilidades de formación, promoción y creación en danza eran prácticamente inexistentes. Cuarenta años después, los avances son significativos: hay opciones de formación, agrupaciones jóvenes y otras con un trabajo y trayectoria consolidados, apoyos a la creación y a la circulación de las obras, etc., que nos permiten decir que existe un movimiento dancístico en Colombia, que está fortaleciéndose y reflexionando sobre su propio oficio.


Hoy vemos un interés creciente en la indagación sobre diversas técnicas de movimiento, la fusión de la danza con otras disciplinas y la articulación de los distintos elementos que componen la puesta en escena, en la búsqueda de sentido y de estructuración de una pieza. Esta pesquisa ha puesto sobre la mesa nuevas preguntas para la danza y su forma de contar: ¿Se puede hablar realmente de dramaturgia en danza? ¿Puede esta existir en una pieza carente de texto? ¿Alcanza este tejido visual a ser una pieza dramática? ¿Es necesario siempre contar una historia para hablar de dramaturgia? ¿Cómo se estructura una creación coreográfica en términos de dramaturgia?


Durante mucho tiempo, se ha entendido la dramaturgia exclusivamente como la realización de un texto escrito que posteriormente será representado, equiparando entonces el concepto de dramaturgia con el de literatura dramática. Esta manera de concebirla está ligada a la forma como las obras teatrales han podido trascender en el tiempo, gracias a los textos escritos. No así, las artes escénicas –que podrían llamarse también artes efímeras encuentran su sentido en el momento mismo de la representación, en ese encuentro vívido entre el intérprete y el espectador. Pero entonces, si el presente es un condicionante esencial del arte escénico ¿por qué reducir el concepto de dramaturgia exclusivamente al de literatura dramática?


Como bien dice Eugenio Barba, la palabra “texto”, antes que significar un documento hablado, manuscrito o impreso, significa “tejido”. En ese sentido no hay espectáculo sin texto. Añade el autor que, si volvemos al significado básico, al origen primario, la palabra “dramaturgia” viene de “drama” que significa “acción” y de ergon que significa “obra o trabajo”; es decir, que dramaturgia vendría a ser el “trabajo o la obra de las acciones”.


En su Poética, Aristóteles examina la estructura de la tragedia y la comedia en la antigua Grecia y plantea cómo existe una estructura del espectáculo mismo; analiza todos los elementos del texto, la forma como entra el prólogo, los fragmentos del coro, etc., pero termina diciendo que, además del texto, existe el espectáculo mismo, la representación teatral. De esta manera, distingue y realza dos estructuras diferentes: los textos escritos y la forma de representarlos.


Si nos atenemos a la definición de dramaturgia que nos da Barba: “trabajo [u] obra de las acciones”, valdría la pena preguntarnos: ¿hasta qué punto la danza apela a la acción, a pesar de la estilización?, ¿qué diferencia hay entre acción, gesto o movimiento?


Como el mismo Barba señala,


(…) la acción es la unidad más pequeña, como la célula para el cuerpo; es lo que me permite cambiar, transformarme y transformar la percepción que el espectador tiene de mí y lo que cambia debe ser el tono muscular de todo mi cuerpo (1986).[1]



[1] Barba, Eugenio. “Caballo de plata (manual de orientación para coreógrafos)” en Escénica Revista de Teatro, Número extraordinario. México D. F.: Universidad Autónoma de México. (1986)




Tejedores de sentido
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