¿Cuerpo ausente u omnipresente? Demandas y debates en torno al aborto en Argentina y Uruguay


I Introducción*



El cuerpo, es nada más que todo (El alma es un cansancio magnificado, un escape superlativo y radiante).

Susana Thenon, poeta argentina


El debate sobre el aborto en América latina y el Caribe, en los últimos años, ha puesto en juego la sensibilidad política y el accionar del movimiento de mujeres. El cuerpo, punto de encuentro de naturaleza y cultura, está en el centro de la cuestión, al igual que en el conjunto de los derechos sexuales y reproductivos. Este tema, central en la teoría feminista produjo tensiones en diferentes situaciones. En todo caso el cuerpo abstracto y naturalizado ha sido el sostén de la ciencia y la filosofía occidental y enmascara los juegos de poder que se instrumentan para normalizar, codificar y deificar el cuerpo. Así el cuerpo es disciplinado, regulado, sujeto y sujetado por la cultura y no por el orden de la naturaleza y son visibles bajo el control y la vigilancia de las instituciones que los mantienen “normalizados” y disciplinados en el sistema económico y político (Butler, 2006). Esta extensa tradición de la filosofía política ha dejado por fuera el cuerpo, en el entendido que la naturaleza humana es bifronte; animalidad, por un lado, razón por el otro. Si el pacto político se funda en la libre determinación de los sujetos, el cuerpo es desestimado (por su estrecha relación con la naturaleza) del orden político (Fernández Buey, 2000). En ese sentido, las luchas por el aborto invisibilizan el cuerpo de las pasiones y las afectaciones (su zona “animal” por fuera de la razón) en sus planteos y demandas.


II Cuerpo y teoría feminista


Las teorías del sistema sexo-género (Rubin, 1989) evidenciaron la organización estructural de la sociedad. Esta diada se sustentaba en las diferencias naturales que el sexo podría demarcar (por oposición al género construido culturalmente) pero sin cuestionar el binarismo sexual (Pierucci, 1999). Como claramente lo plantea Torras (2007) “hay una jerarquización naturalizada y normativizadora que prescribe los cuerpos, los hace legibles, según unos parámetros que se pretenden biológicos”. Esa jerarquización ubicó a hombres y mujeres (definidos por supuestos atributos naturales) en posiciones diferenciales: varones en el ámbito público, mujeres en el mundo privado. Este espacio reservado a las mujeres se sustenta en el mito de la maternidad, función supuestamente exclusiva de aquellos sujetos clasificados como mujeres a quienes se les confiere el honor, la función y la responsabilidad de la reproducción. En este esquema la heterosexualidad y la reproducción son estatutos naturales e incuestionables. El feminismo de la segunda ola cuestionará esta división sexual, pero sin correrse del sistema binario. La maternidad, ligada por el orden de la naturaleza a las mujeres, no implica necesariamente la función social de la misma; responde a la condición de subordinación de las mujeres. La reproducción alojará importantes debates dentro de la teoría feminista del mismo modo que las condiciones necesarias e inescindibles para su posible ejercicio (Gutiérrez, 2004). Sonia Côrrea y Rosalind Petchesky (1994) sugieren que la demanda por los derechos sexuales y reproductivos requiere condiciones habilitantes para ser ejercidos así como la inescindibilidad de derechos (Rebecca Cook, en Rodriguez 1997). En los países de la región esto implica una lucha política descentrada del sujeto mujer para situarlo en la condición de ciudadano/a (Durand y Gutiérrez, 1999, Avila, 1999). Las luchas por el aborto se inscribieron en las políticas corporales que demandó el movimiento de mujeres a mediados del Siglo XX e implicó recuperar el cuerpo para la toma de decisiones así como la demanda por la autonomía inalienable de las mujeres sobre el propio cuerpo (Barzelatto y Faúndes, 2005).



*Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina / Edlapartemaldita.com.ar - / Universidad de la República, Montevideo, Uruguay / susana.rostagnol@gmail.com


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