Algunas consideraciones sobre la (re) presentación del cuerpo en movimiento.



En nuestra contemporaneidad, marcar los límites precisos entre las fronteras disciplinares artísticas resulta problemático. Vivimos en sociedades altamente complejas, y particularmente en el plano cultural, asistimos a un contexto fuertemente relativizante y sistemáticamente cuestionador de los supuestos antes consensuados en diversas áreas de actividad. Si bien las relaciones entre las manifestaciones artísticas han sido cambiantes históricamente (siendo sus configuraciones y agrupaciones a menudo notablemente distintas a la imagen tradicional que de estas podamos tener en función de las nociones más habituales heredadas del siglo XVIII, cuyos vestigios podrían rastrearse aún en algunos momentos del siglo XX); en la actualidad los territorios fronterizos están siendo impulsados, y son incluso celebrados discursivamente por numerosos artistas contemporáneos en tanto posibilitadores de nuevas vías creativas, entre otros aspectos.


El concepto arte y su clasificación se ha configurado de distintas formas en diferentes contextos históricos. Aquí aludo a la notable variación que supone la categoría arte en la antigua Grecia, por ejemplo, en donde las artes implicaban una producción ejecutada de acuerdo a unas ciertas reglas, y conllevaban una habilidad o destreza en el mismo procedimiento. Allí, eran consideradas arte la escultura, la pintura, pero también lo eran otras actividades que hoy clasificaríamos como oficios extra artísticos (en función de lo previamente mencionado), tales como la albañilería, la carpintería, el tejido, entre otras. Asimismo, por señalar un momento decisivo en este desarrollo, la separación entre oficios (a menudo artesanales) y las (renovadas) bellas artes (pintura, escultura, música, danza, poesía; accesoriamente también estaban incluidas la arquitectura y la elocuencia), fue un legado de larga duración del siglo XVIII. 1


Evidentemente estas demarcaciones no son absolutas, pero no obstante ofrecen la visión general de distintos períodos sobre el fenómeno artístico. A grandes rasgos, en esta historia de agrupamientos y constituciones entre las formas artísticas, podemos considerar otro gran momento ejemplar a raíz del desarrollo de las vanguardias históricas. Uno de los aspectos más salientes del espíritu de las vanguardias artísticas (de las primeras décadas del siglo XX para las artes visuales) fue su interés por identificar lo específico de cada lenguaje artístico, y más allá de las formas de colaboración, en gran medida las vanguardias aportaron elementos de diferenciación entre las artes. En el caso de la danza, éstas y otras búsquedas afines fueron realizadas más adelante, concretamente a partir de las experimentaciones llevadas a cabo principalmente por Merce Cunningham, en colaboración con John Cage a partir de la década de 1950. Lo que interesa aquí por ahora es que en esta etapa, entre varias otras cosas, se “descubren” los elementos esenciales de la danza, de gran influencia de ahí en adelante, a saber: cuerpo, tiempo, espacio y movimiento; así como las particularidades de su médium expresivo. Tomando las continuidades de este paradigma artístico de gran influencia, según el cual la danza como arte implica esencial y básicamente la creación de movimiento corporal, es que a primera vista (y a partir de una lectura que a grandes rasgos retoma estos momentos fundamentales) llama la atención nuevas formas de producción materiales y discursivas de algunas obras de relevancia en el campo de la danza contemporánea actual.


De esta forma, y más allá del momento “modernista” en la danza, se destaca en el presente un intento de algunas voces del campo habitual de la danza de realizar un acercamiento al campo (tradicional) de las artes visuales. 2 En la actualidad, las tendencias de creación europeas en el ámbito de la danza contemporánea, que siguen influyendo directamente las producciones latinoamericanas, impulsan en general una nueva clave de acceso para la producción artística, extensible en buena medida al campo teatral: la enunciación espectacular a través de la creación de imágenes corporales 3, próximas a los códigos de las artes visuales, y ya no tanto en la construcción del cuerpo en movimiento, como lo fuera tradicionalmente para la danza.


Las artes escénicas siempre han considerado que la plástica y demás artes visuales ofrecían aportes sustanciales para la creación escénica. Sin embargo, algunas líneas de la danza y el teatro contemporáneos han radicalizado esa conexión hasta hacerla, en algunos casos, predominante, tanto a través del uso del espacio, de la configuración de la escenografía, vestuario, objetos, del tratamiento del propio cuerpo del artista (generando un cuerpo esencialmente visual), o constituyendo el intertexto de una puesta en escena.



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