Los cuerpos pérfidos: cuerpo imposible y cuerpo comparado. Las muñecas


 

RESULTADO DE INVESTIGACIÓN: El presente trabajo forma parte de un estudio más amplio sobre la historia, las funciones y la evolución de las muñecas

 

Preliminares

Mi especialidad es la literatura comparada, una disciplina moderna pero al mismo tiempo tan antigua como el primer texto escrito y conservado hasta hoy en día. El cuerpo comparado es la única metodología que me puede ayudar a analizar un fenómeno cuerpo lógico. Este término me resulta atractivo, la adjetivización de la disciplina cuerpología (palabra que la RAE todavía no contempla incluir en su diccionario) que compone una nueva palabra usando ―cuerpo‖ y ―lógica‖ y que prefiero entender literalmente: la lógica del cuerpo.


Que, por cierto, está lejos de tener exclusivamente un componente racional. Más bien todo lo contrario.


El presente trabajo ha sido inspirado por Pablo García Calvente y su excelente análisis de los maniquíes. Al principio, los maniquíes no se distinguían mucho de las muñecas, aunque tenían funciones distintas. El universo de las muñecas y la evolución del cuerpo femenino desde el Paleolítico hasta hoy en día constituye un dominio muy interesante.

Mis trabajos sobre el cuerpo en general y el cuerpo de la mujer en particular son enfoques comparatistas, como no podría ser de otra manera, en los que, teóricamente, todo se puede comparar con todo mientras que la argumentación sea impecable y la finalidad sea siempre constructiva. Se pueden comparar fenómenos distintos si la demostración sirve para redefinir o profundizar hechos ya comunes y aceptados. La conclusión de cualquier ejercicio comparatista, sea en el ámbito literario, más allá en un trabajo interdisciplinario, tiene que alcanzar el estatus de axioma antropológico, o psicológico en el caso de la comparación entre dos obras del mismo autor.


En nuestro caso, lo que empezó a ser una curiosidad constructiva sobre la evolución de las muñecas ha resultado ser una preocupante demostración de que el impacto que tiene una muñeca en las manos de una niña para ser una mujer es inimaginable. La imagen propuesta por una muñeca Barbie no tiene nada que ver con lo que antiguamente era la función de la muñeca, sino simplemente un inalcanzable ideal de belleza de plástico, artificial, trucada, sintética, casi industrial.


Debemos analizar la aparición y el éxito de una muñeca en el contexto en el que apareció, porque está íntimamente relacionada con el consumo: «hasta el final del siglo XVIII, los niños eran vistos como pequeños adultos inacabados, que tienen que entrenarse para la vida de mayores»2, así que los mayores ponían a la disposición de los niños herramientas en miniatura para entrenarlos: una niña tenía que asumir ya el papel de madre y ama de casa, el matrimonio era la única especialización, y las apariencias vestimentarias eran una singular modalidad de mostrar la pertenencia a la élite social. Por este motivo las muñecas eran exageradamente manieristas que creaban una moda y una necesidad de demostrar la opulencia en los vestidos. Las muñecas llevan un armario completo de vestidos y accesorios, especialmente decorativos, y eran las de París las que aprovechaban el marketing para promocionar nuevas tendencias en la moda francesa. La ―vida‖ de la muñeca iba a anunciar la vida de la futura mujer. En este contexto aparece la cultura de las casas de muñecas, verdadero arte de la miniatura doméstica y social.


Gracias a estos detalles se puede reconstruir perfectamente la vida íntima de la sociedad europea. A diferencia de las muñecas, las casitas de las muñecas son más una afición para los adultos que para los niños. La saturación de esta costumbre llega a ser en el siglo XX el fenómeno Barbie, exceso de la plenitud de detalles del universo social que acompaña a la muñeca creando de esta manera una ansiosa necesidad de la niña de obtener los objetos de la muñeca: teléfonos móviles, mobiliario, ropa, animales de compañía, y todos tipo de elementos de merchandise. Es verdad que el modelo de Barbie es otro y su función promociona otros tipos de roles: Barbie es en primer lugar una joven (puede ser incluso adolescente) independiente, tiene a job, un coche, su propia casa, tiene hermanos pero no bebés que tenga que criar, tiene un novio y no un marido, estudia y es dueña de su propia vida.

Pero el fenómeno Barbie tuvo otro efecto secundario: aparte de la promoción del consumismo relacionado con la imagen de la muñeca, se generó al mismo tiempo un estándar inalcanzable de belleza artificial, the dream girl next door, que a cualquier niña le gustaría adquirir. Antes de empezar el análisis efectivo, me gustaría destacar la evolución del papel de las muñecas a lo largo de su extensa historia, desde una función mágica hasta la obsesión en pos de una perfección corporal alterada. Lo único que no cambia nunca es la tan estrecha relación entre los niños y sus muñecas, que no son objetos del entorno doméstico de la niñez, sino parejas con identidad propia con las que se comparten secretos, planes, deseos, diversiones, risas y lágrimas. Por eso, la mayoría de las muñecas se quedan en las cajas de recuerdos de cualquier adulto. Así empezó también la costumbre de coleccionar muñecas hasta la iniciativa de los museos de la niñez que coleccionan las llamadas muñecas históricas.


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