SUCIEDAD, CUERPO Y CIVILIZACIÓN




PRÓLOGO


Hablar no solamente sin pelos en la lengua, sino revolcándonos en la misma mierda de la que formamos parte y que nos constituye resulta el desafío más potente al prologar este texto imperdible. La narrativa, la terminología, las reflexiones, las citas, las referencias y notas, el recurso a bibliografía, fuentes, archivos y el compromiso con Paraguay, Nuestra América y las/os seres humanas/os y con la vida misma en general del mundo in-mundo constituyen una narrativa apasionante y con poder anzuelístico –valga el neologismo– que no sólo atrapa, más bien se deja atrapar para no soltarla nunca jamás. Quien encare la dedicatoria y los epígrafes, ya no se podrá apartar de leer línea a línea y con todo cuidado este enigmático escrito, al mismo tiempo y para nada contradictoriamente, sumamente esclarecedor. No se trata de iconizar a Paraguay, a Nuestra América o a la mierda. Se trata de atreverse a mirarnos de frente, a mirar a nuestro alrededor, a reconocernos y reconocer a las y los demás con toda franqueza y con el deseo intenso de acceder juntos (todas y todos) a la dignidad humana más plena. Para eso resulta menester enfrentar binarismos descalificantes y excluyentes, ninguneos sin otro soporte que el desdén soberbio, petulancias de ‘sabidurías’ dogmatizadas. Se trata de enfrentar, nada menos que desde nuestro Paraguay amado, desde la cotidianidad, los desafíos que hoy nos convocan y proponer modalidades de satisfacer demandas que nos acucian desde hace siglos ya. Justamente porque el autor es capaz de invertir el peligro de la vecindad –por la cual tanto ha sufrido históricamente Paraguay– para volverla una relación de fecundación mutua, de historia correlacionada, de afueras y adentros requeridos de examen cuidadoso y matizado, para no perder de vista detalles, convergencias y divergencias siempre articuladas entre sí. Los cuerpos bárbaros que somos enfrentamos a la pretensiosa civilización sometedora y prepotente desde nuestra suciedad, mierda, lodo, olores, comidas, ritmos, expresiones verbales muy específicas y muy nuestras. Se trata de revalorar y revisar nuestras percepciones, para lograr absorber la riqueza de las mismas, sus matices, sus facetas, sus dimensiones. Toda esta labor se acrecienta, por cierto, cuando tenemos oportunidad de experimentar peripecias en viajes recorriendo otros mundos, justamente aquellos que nos quieren convertir en inmundos o que nos descalifican así desde tiempos inmemoriales.


Las responsabilidades se incrementan, cuando, como se muestra en este libro somos capaces, también, de enfrentarnos a las discriminaciones ‘internas’, a las que se han ‘normalizado’ o ‘naturalizado’ y repetimos inercialmente. Justamente, examinar la formación que hemos recibido en la casa, en la escuela, en la calle, en los medios, en las diversas actividades religiosas, comunitarias, amicales, barriales, etc. nos confirma en esas actitudes y pre-juicios descalificadores y denigrantes de las y los demás, cuando –supuestamente– no cumplen con lo que ‘debería(n)’ ser. Concentrar atención en las tradiciones pedagógicas higienistas constituye la convocatoria de este libro para rehacer nuestra historia hasta en detalles inmediatos y poder comprender de modo más adecuado por qué actuamos como actuamos. Aquí no pude menos que recordar palabras que mi padre repetía y al principio me costaba entender. Decía algo así como: si Lombroso hubiera tenido razón, la policía sería innecesaria. Se refería a que los rasgos fisionómicos delatarían sin lugar a dudas a los delincuentes y, por lo tanto, cada quien podría precaverse con anticipación y eludir todo tipo de agresiones. Por supuesto, la ironía era plena y aquí, José Manuel Silvero insiste en esas dimensiones irónicas, humorísticas y logra mostrar cómo se requiere avanzar de una ética presuntuosamente ‘moralizante’ y totalmente ineficaz a una estética capaz de advertir sensibilidades y valorarlas como parte de los cuerpos que somos. Individualismos, moralismos, dualismos –virtudes (propias) / vicios (siempre ajenos...)– no ayudan en nada a afrontar los desafíos que nos desquician. Perdernos en ‘utopismos’ evasivos, ignorar las dimensiones oligárquicas y transcorporativas ‘globalizantes’ impuestas a nuestras cotidianidades, eludir las dimensiones económicas siempre operantes constituyen, entre otras, metidas de pata muy difíciles de saldar.


El autor nos anima a asumirnos como los sin-vergüenzas que somos y a encarar la construcción de auténticas alternativas, sin quedarnos atrapados en puro bla-, bla- y, menos, en promesas inalcanzadas, las cuales lo único que logran es prolongar tiempos sin logros. Suponemos –y esperamos no equivocarnos– que las siguientes concisas palabras de José Manuel resumen el meollo de este esfuerzo y nos atrevemos a citarlas aquí para dar lugar a la ansiada lectura completa de su valiosísimo esfuerzo, el cual generosamente nos comparte. “Puede que encontremos algún día la respuesta ante la persistencia de este misterioso: ‘no ser siempre todavía’” (p. 147). No perdamos un minuto más. ¡Leamos y manos a la obra!


Horacio Cerutti-Guldberg Cuernavaca, Morelos, México, 10 de noviembre de 2013.



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